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María Victoria Moreno-Arribas, investigadora del CIAL.CSIC: «Los microplásticos están en el aire que respiramos»

«Más del 70% de estos residuos permanecen en los suelos», advierte la científica

María Victoria Moreno-Arribas y María Fernández, en el Club LA NUEVA ESPAÑA.

María Victoria Moreno-Arribas y María Fernández, en el Club LA NUEVA ESPAÑA. / Luisma Murias

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María José Iglesias

María José Iglesias

«Los microplásticos están en el mar, pero también en los suelos y en el aire que respiramos». María Victoria Moreno-Arribas, científica del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL-CSIC), habló ayer en el Club de la invasión silenciosa de los micro y nanoplásticos y sus efectos sobre el medio ambiente y la salud. Lo hizo dentro del ciclo divulgativo «Qué sabemos de...», organizado en colaboración con el CSIC.

 La labor de la profesora Moreno-Arribas se centra en estudiar cómo los componentes de los alimentos influyen en el microbioma humano y sus funciones, como destacó en la presentación María Fernández, delegada institucional del CSIC en Asturias. La científica explicó que, aunque los plásticos forman parte de la vida cotidiana desde la década de 1950, la preocupación por los microplásticos esreciente. A comienzos del siglo XXI la comunidad científica empezó a alertar sobre el destino de estos materiales. Un trabajo publicado en lScience reveló que los plásticos no desaparecían del medio ambiente, sino que se fragmentaban progresivamente en partículas cada vez más pequeñas hasta alcanzar tamaños inferiores a cinco milímetros, los denominados microplásticos, e incluso reducirse a dimensiones inferiores a una micra, dando lugar a los nanoplásticos.

La investigadora recordó la existencia de «islas de plástico», como la situada entre California y Hawái, en el Pacífico, cuya extensión se compara con la de media Europa. Existen otras grandes concentraciones similares en el Pacífico norte y sur, el Atlántico norte y el océano Índico. Pero el mar representa solo una parte del problema.

 «Más del 70 % del plástico permanece en los ecosistemas terrestres, especialmente en los suelos, que se han convertido en grandes reservorios de contaminación», señaló.La presencia de microplásticos se ha detectado en especies como el ganado vacuno, con un sistema digestivo que favorece una mayor permanencia de las partículas, facilitando su incorporación a la cadena alimentaria. También advirtió de que estas partículas pueden actuar como vehículos de contaminantes y desplazarlos entre distintos ecosistemas.

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