Laura Baños invita a redescubrir el Bellas Artes de Asturias con la exposición 'Intermedios': "Se trata de que la gente se asombre, que se haga preguntas, que vea esas obras de formas distintas a como lo había hecho hasta ahora"
La conservadora del Museo es, además, la comisaria de la primera muestra organizada bajo la dirección de María López-Fanjul, con una relectura de los fondos de la institución que rompe con las convenciones temporales, de géneros y estilos y que mañana se presenta al público

Laura Baños, a la entrada de la exposición "Intercambios" en el edificio Ampliacion del Bellas Artes de Asturias. / Irma Collín

Laura Baños, conservadora de Arte Contemporáneo del Museo de Bellas Artes de Asturias, es la comisaria de la primera exposición que la institución presenta bajo la dirección de María López-Fanjul. “Intercambios”, que así se presenta, tiene mucho de declaración de intenciones para esta nueva etapa, ha removido la colección, ha sacado obra de los almacenes y muestra obras recientemente incorporadas a la colección. Todo en un tiempo récord, seis meses. Los retratos de Meléndez, Zurbarán o Piñole, los cuadros de Picasso, Sorolla, El Greco, Regoyos o Zurbarán conviven, en buena armonía, con la obra de Navascués, Breza Cecchini, Juan Fernández Álava o Ricardo Villoria. Carteles de cine, mobiliario o piezas de la antigua loza de San Claudio, todo fondos del Museo que se incorporan con naturalidad a la exposición. “Colección y conexión con el mundo actual”, esas son las premisas. Mañana mismo, tras la presentación oficial a la que asistirá la consejera de Cultura, Vanessa Gutiérrez, quedará abierta al público. Laura Baños anticipa las claves para adentrarse en 'Intermedios' y en las muchas y diversas lecturas que hace de la colección del Museo.
El Bellas Artes, bajo una nueva mirada. “‘Intermedios’ busca nuevas lecturas de nuestra colección, que es amplísima. Abarca desde el siglo XIV hasta el XXI, incluso obras del año pasado. Es un museo y tiene una colección generalista. No es una pinacoteca. Hay pintura, pero también escultura, obra gráfica, fotografía, artes aplicadas, mobiliario. Esta exposición parte de ahí, del deseo de presentar con nuevos ojos la colección”. “Son casi 100 obras. Están los grandes maestros y los artistas emergentes, y hay una presencia fundamental de artistas asturianos actuales. Además, hemos querido mostrar los últimos ingresos, los que han ido llegando en los últimos cinco años, fundamentalmente de artistas asturianos, obras que nunca se han visto antes”. “Se trata de que la gente se asombre, que se haga preguntas, que vea esas obras de formas distintas a como lo había hecho hasta ahora".
Un espejo en el que mirarse. “Además de esa revisión de la colección, hay otra idea de base y es la de diálogo: romper con el canon más tradicional. No quiere decir que esta exposición no sea académica y rigurosa, pero rompe con esas ordenaciones más clásicas de épocas, estilos, jerarquías... Plantea un diálogo entre obras de arte antiguo y contemporáneo; entre pintura, escultura; de repente un cartel de cine, artes aplicadas, loza, escultura de pequeño formato, obra gráfica, fotografía... Trata temas y preocupaciones de actualidad, con la idea de que el museo sea un reflejo, el espejo de la sociedad”.
Relatos, no solo obras. “No es una exposición de obras, de artistas, de nombres, sino de relatos, de contar, de hablar de temas. Hay artistas muy relevantes, se ha procurado que estén los más importantes de la colección. Está Goya, está Sorolla, Luis de Morales, El Greco, Picasso... Pero también otros más desconocidos. No buscamos nombres, sino historias y narraciones nuevas. Están Navascués y Solá, con dos obras de formato muy similar, que juegan con la contraposición, dos bustos que se miran el uno al otro, que dan pie a explorar cuestiones de género, la idea del retrato. Se plantea la percepción de la clase social, de la etnia, contraponiendo, por ejemplo, una reina con una mujer gitana, un obrero -de Ricardo Villoria, un ingreso del año pasado que procede de las donaciones de la asociación de Amigos del Museo, maravillosa y que es la primera vez que se expone- y un Zurbarán”.
Una invitación velada. “Si una obra es relevante, si aparece en la guía o en el plano del Museo -por ejemplo, el Picasso-, en vez de ser sustituida por otra en la exposición permanente, hemos creado unas cartelas especiales que explican que la obra está aquí, en ‘Intercambios’, incluida en esta nueva lectura, con otra. Es una manera de proponer a la gente que baje a ver esta exposición. Si solo quieres ver el Picasso, aquí lo tienes, pero, de paso, puedes ver esta nueva propuesta que te hacemos”.
Trabajo intenso y en equipo. “Todas las exposiciones requieren planificación, pero en este caso, ha habido que repasar la colección entera para reflejar con ella el mundo de hoy: globalizado, hiperconectado, superveloz, superproductivo, capitalista… y ver cómo funcionan las obras para tratar esos temas. Para mí, en concreto, ha implicado mucho de ese trabajo. Ha habido también mucho trabajo previo de diseño, del propio montaje, con Miguel y Carmen Santamarina. Trabajo de todos los departamentos, mucha tarea de registro, de restauración, de revisión de obras que hacía tiempo que no se exponían o que nunca se habían expuesto… Que todo estuviera perfecto para exhibir. Mucho trabajo del equipo de montaje y antes de empezar a montar, desde diciembre, porque ha habido muchas reordenaciones en las salas. Ha sido un trabajo de equipo y muy intenso”.
Confrontados con nuestra propia imagen. “La exposición está pensada para verla como tú quieras, incluso sin leer los textos, para que la gente vea lo que le sugiere. La primera parte se llama ‘Espejo’, por lo de mostrar el Museo como un espejo, como reflejo de la realidad. Ahí está la cuestión identitaria, lo que nos define, también cómo nos percibe la sociedad, el concepto de influencia, que nos permite hablar de los influencers... Influencers como El Greco, uno de los maestros antiguos que más ha influido en los contemporáneos, que se muestra entre dos obras claramente inspiradas en él. Y una pared dedicada a los autorretratos, con un espejo de la colección del Museo en el centro, jugando con la percepción de la propia imagen, con cómo nos percibimos, cómo nos afectan las redes sociales, los cánones de belleza, de hábitos de vida… Todo son pretextos para tratar este tipo de asuntos”
Afectos y violencia. “Este espacio alude a la idea del arte como vehículo que representa las emociones, independientemente del contexto y la época en la que han sido creadas las obras. El arte es emoción, da igual la época, la obra, sea del periodo que sea, te está transmitiendo una emoción, conectando con el mundo actual. Este apartado reivindica la reconexión con el contacto físico, la importancia de lo íntimo, de los cuidados… El cartel de Casa Blanca y una imagen de una santa barroca, los rostros son exactamente iguales, representan la misma emoción. Estamos viendo imágenes constantemente de personas, escroleando en Instagram, viendo caras, los emojis, todos los emoticonos, lo mismo. En el centro un grupo de obras sobre el contacto, con representaciones de manos, familias o maternidades, madres y abuelas. Las piedades de Luis de Morales con un cuadro de Fernández Álava, un artista asturiano, joven, más desconocido. Y contactos también violentos, por esa idea de cómo normalizamos la violencia”.
Sostenibilidad integral. “‘Intermedios’ trata la sostenibilidad desde un punto de vista integral, como la capacidad de crear o de dejar para el futuro un mundo más justo. No son solo cuestiones ecológicas, sino asuntos como las desigualdades sociales, la migración, el recuerdo de que todos podemos ser migrantes, con una foto, por ejemplo, de migrantes asturianos en La Habana o con Orlando Pelayo pintando desde el exilio, como migración forzosa por motivos políticos, o una instalación de Francisco Velasco, de su proyecto específico para el Museo, sobre los seres erráticos…”.
La búsqueda de refugio. “Partimos de la idea de museo como refugio, con grupos de obras sobre lo que funciona como refugios para nosotros: el refugio físico, el hogar, la vivienda… Hay un holograma de Dionisio González adquirido cuando el artista hizo su proyecto específico para el Museo, un filandón asturiano, está Aurelio Suárez y su concepto de hogar con esos personajes refugiándose de la intemperie… También el refugio espiritual, con el juego de la Magdalena y el famosísimo Capricho de Goya, sobre los monstruos que produce el sueño de la razón. Se toca la meditación, el mindfulness… La naturaleza como refugio. Y un grupo de obras sobre la responsabilidad que, como sociedad, tenemos de proporcionar refugio a los menores, contra los peligros externos y, especialmente, de la sobreexposición en internet. Son representaciones de niñas en distintas épocas: está Isabel de Borbón, a la que casan con 12 años para ser futura reina; está la niña de Mariano Fortuny, su hija, esa adquisición tan importante, o interpretaciones más actuales, un Carlos Tárdez que nunca se había expuesto, un retrato muy amable de la intimidad, de su hija. Y finalmente, los bodegones, con esa sensación de tiempo detenido, de calma, el sosiego, la tranquilidad frente a la velocidad y a lo despiadado que es a veces el ritmo que llevamos y el mundo que vivimos”.
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