Mar Cabra, periodista, víctima de "burnout": «De nada sirve un Pulitzer ni un gran sueldo, si no estás bien por dentro»
«Whatsapp es el gran agujero negro de la atención de la mayoría de los españoles», asegura la autora de «Vivir a tiempo completo»

Mar Cabra y Fernando Rodríguez, durante su intervención en el Club LA NUEVA ESPAÑA. / Irma Collín
«De nada sirve un premio Pulitzer o un gran sueldo, si no estás bien por dentro». La periodista Mar Cabra, ganadora de uno de esos galardones por su participación en la investigación internacional de los Papeles de Panamá, autora de «Vivir a jornada completa», efectuó ayer en el Club una reflexión sobre el éxito, el agotamiento profesional y la necesidad de recuperar el control de la propia vida en una sociedad hiperconectada.
Mar Cabra, a quien presentó Fernando Rodríguez, fotógrafo de LA NUEVA ESPAÑA y presidente de la Asociación Profesional de Fotoperiodistas, dirigió el equipo de datos y tecnología del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación¡ y lideró un trabajo que tuvo consecuencias globales. «·Aquella investigación hizo que dimitieran importantes personalidades y que se recuperaran millones en impuestos evadidos», señaló. Detrás de aquel éxito profesional se escondía una realidad distinta. «Yo teletrabajaba y creía que toda esa cantidad de estrés no me afectaba», explicó. Durante años vivió instalada en una dinámica de exigencia permanente, convencida de que podía soportar cualquier carga de trabajo. Pero el desgaste fue acumulándose hasta pasar factura. «Demasiado estrés durante mucho tiempo lleva a problemas físicos», advirtió. El cansancio constante, la irritabilidad y la pérdida de ilusión fueron algunas de las primeras señales. «Pensé que se me había acabado la pasión», confesó.
Escuchar las señales
«Después de ganar el Pulitzer decidí poner una pausa y me retiré un año y medio a Almería», relató. También diferenció el agotamiento puntual del síndrome de burnout. «Estar cabreado con tu jefe no es estar quemado», afirmó. Según explicó, existen tres síntomas característicos: agotamiento físico y mental, despersonalización respecto al trabajo y sensación de falta de eficacia. Ella misma los experimentó. «Me costaba ser creativa; las palabras pesaban mucho y tardaban en llegar a la pantalla».
A partir de esa experiencia, Cabra defendió la necesidad de prestar atención a las señales que envía el cuerpo antes de alcanzar situaciones límite. «Tengo una agenda, pero siempre intento pensar en cómo está mi energía», explicó. «Quiero ser una deportista de élite como trabajadora del conocimiento», resumió. Para la periodista, vivimos en una sociedad que exige una conexión constante y que empuja a ignorar las propias necesidades. «Vivimos de cuello para arriba. Y si vives de cuello para arriba te estás perdiendo las señales básicas de nuestra herramienta principal», dijo en referencia al cuerpo.
Frente a una cultura que asocia el éxito exclusivamente a logros profesionales, Cabra reivindicó una visión más personal. «Para mí el éxito no son los logros. El éxito es cuando estoy centrada y conectada conmigo». También se refirió al llamado tecnoestrés, una realidad cada vez más extendida por la irrupción de la inteligencia artificial y la velocidad de los cambios tecnológicos. «Existe un tecnoestrés muy elevado derivado de la implantación de la IA y de la preocupación por no saber utilizar las nuevas herramientas”, explicó. Aunque se declaró una firme defensora de la tecnología, advirtió de los riesgos de un uso descontrolado. «Tenemos que aprender a utilizarla de manera más sana y establecer límites al mundo digital». Como ejemplo citó el canal digital WhatsApp, al que definió como «el gran agujero negro de la atención de la mayoría de los españoles».
Mar Cabra defendió la necesidad de recuperar la atención, la escucha interior y la capacidad de vivir plenamente. Una lección nacida de su propia experiencia
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