Entrevista | Sofía Balbuena Premio "Ribera del Duero" de narrativa breve, presenta su libro "Personaje secundario", el jueves en la Biblioteca de Asturias
Sofía Balbuena, presenta "Personaje secundario" este jueves en Oviedo: "El realismo es mi trinchera; mis personajes no son extraordinarios, me interesaba hablar del tedio, de la tensión diaria, de las dudas que genera la vida"
"El cuento es un formato generoso para contar historias, si no tengo restricciones formales para escribir, me bloqueo"

Sofia Balbuena. / Isabel Wagemann
La argentina Sofía Balbuena (Salto, 1984) presenta este jueves a las 19.30 horas en Oviedo (Biblioteca de Asturias, plaza del Fontán)“Personaje secundario” (Páginas de Espuma), el libro de relatos con el que viene de ganar la última edición del premio de narrativa breve Ribera del Duero. Le acompañará el escritor asturiano Fernando Menéndez.
Usted vive ahora en Madrid, pero este libro se empezó a escribir en Iowa, EEUU.
Sí, por eso, por estar en Iowa, empecé a escribir cuentos. Porque había escrito ya un par de libros y como me quedaba poco tiempo no me quería meter en un proyecto largo. Escribí dos relatos y luego los terminé en España
Había escrito ensayo, novela, pero era su debut en el relato breve.
Sobre todo había escrito no ficción, con formas mutantes: ensayística, no ficción, siempre a partir del hecho autobiográfico. Pero nunca había escrito cuento, era la primera vez con ese soporte.
Pues se le ve muy cómoda en ese formato
Lo que me pasó es que yo soy muy de la restricción formal, siempre pienso mucho la estructura de mis libros, hasta el punto de construir una estructura específica para lo que quiero decir. Esa restricción formal, ceñirme a esas reglas, me ayuda a escribir. Y con el cuento siento que tiene una claridad de formato que la novela no tiene. El cuento, como género, me dio unas condiciones que me permitieron ponerme a trabajar más en el músculo de la imaginación. A mí me hace bien esto de la restricción para escribir, porque si no defino la estructura, me bloqueo, porque todo es inmenso. Es como esas plantas a las que les ponemos guías para que crezcan. En ese sentido, las reglas del cuento y sus convenciones me ayudaron mucho, descansé y trabajé más en las historias, los personajes, la imaginación. Es un formato generoso para contar cosas.
Y lo que cuenta es algo más o menos real. ¿Se identifica con el término realista por más que sea un realismo extrañado, de mucha escisión interna?
Me reconozco en el término realismo, es mi trinchera, lo que me interesa: la vida, la textura de lo real, lo que hace que quiera seguir escribiendo, lo que no me cansa. Los dos primeros cuentos del libro los escribí, no los pensé tanto, y a partir de ahí hubo un chispazo de lo que podía haber detrás. Y después de ver que seguía teniendo impulso, que se parecían y que compartían algunos universos vi lo que se podía armar. Los otros tres los escribí en relación a lo que ya tenía. Había cosas que se repetían: los sujetos autovigilados, las personas en tensión constante que no logran sacar lo que tienen dentro; los espejos en los que el otro te proyecta lo peor de ti.
Habla de las personas, pero son, concretamente, mujeres.
Pero las mujeres son personas. Hay algo del universo de lo feminino que tengo más cerca, que me obsesiona, pero también me parece que tengo que relativizar esto. A veces, cuando reivindico estas problemáticas, parece una manera de bajarles el precio, porque son del conjunto de la población, no solo de las mujeres. Entonces, la mayoría de mis protagonistas son mujeres y hablo de la incapacidad de comunicarse, de cuánta tensión puede soportar una mujer y de cómo seguir funcionando cuando las cosas van mal. Y todo eso me interesaba pero no por ser exclusivo del universo femenino. Llegué a pensar, en el último cuento, en que quizá debería de ser un personaje masculino que soportaba todo este nivel de tensión y ver a dónde me llevaba. Pero después me di cuenta de que yo me podía ocupar de cosas más importantes, porque la historia de la literatura ya se había dedicado a contar a los hombres sometidos a mucha presión.
El título, “Personaje secundario”, no preconfigura una voz femenina, sino una voz al margen del relato principal.
Ursula K. Le Guin decía que la narrativa surge de lo que el hombre contaba cuando volvía a la cueva después de cazar el mamut, pero que no había relato para todo lo que sucedía en la cueva mientras el héroe se iba a cazar. Con muchas comillas, lo normal es que las historias corrientes generen menos relato y que estemos más acostumbradas al relato de la hazaña. Así que lo más político del libro es esa intención de poner la mirada en un lugar menos transitado, en lo secundario, en la gente normal. No son personas extraordinarias y no les pasa nada extraordinario. Me interesaba hablar del tedio, de la tensión que soportamos a diario, de las presiones autoimpuestas, de que nos autovigilamos todo el rato, de silenciarnos, de las dudas que nos genera nuestra propia vida. Y en ese sentido es un realismo costumbrista.
Ha citado a Leslie Jamison, creo que Lorrie Moore tiene también algo que ver con su narrativa. ¿Se identifica con ellas?
De Leslie Jamison dicen que trata de atrapar cierta textura de lo real. Lo que me interesa de ella es, por ejemplo, cómo en el libro en el que cuenta su divorcio decide que para narrar el diámetro del agujero que le dejó tiene que narrar el amor que habían sentido el uno por el otro. Me parece brutal. Con Lorrie Moore me interesa como va más a fondo, como complejiza los personajes y ve sus contradicciones, y el punto inquietante en que se produce lo común.
Sorprende la capacidad para recrear el diálogo. ¿Cómo llega a ese realismo en la oralidad?
Pues escuchando. No es fácil pero, nada es fácil. Todo lo que parece fácil es lo más difícil de hacer. Hay que probarlo y probarlo. Se aprende a escribir leyendo, es la única manera de mejorar y también haciendo las cosas. Entonces, la primera vez que escribí el primer diálogo de “Tsunami” no era así. Vas probando fórmulas, es pura insistencia, no tengo otro método. Es estar atenta, escuchar, capturar… A veces salgo a pasear y escuchar conversaciones.
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