Gabriel Ordás, compositor que estrena su obra «Invisibles» en el teatro Filarmónica: "Por una cuestión de respeto, esperé hasta sentirme preparado para escribir un cuarteto"
«Una vez llegué a América pensaba explotar el minimalismo, pero me di cuenta de la importancia de conocer mi propia cultura»

Gabriel Ordás. / Luisma Murias / LNE
Gabriel Ordás (Oviedo, 1999) es compositor, pianista y violinista español afincado en Nueva York. Comenzó su trayectoria musical a los tres años y a los once estrenó su primera obra para violín y orquesta de cuerdas. Desde entonces, ha desarrollado un catálogo de más de 90 composiciones que han sonado en países como España, Italia, Rumanía y Estados Unidos, interpretadas por agrupaciones de renombre como la Orquesta de RTVE, OSPA, OFIL o Bayona Ensemble. Graduado con honores en el Máster en Composición Clásica en la Manhattan School of Music de Nueva York, atiende a LA NUEVA ESPAÑA para comentar algunos aspectos del próximo estreno de «Invisibles», que tendrá lugar el martes, a las 19.45 horas, en el seno de los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Oviedo.
¿Cómo está siendo la experiencia por Estados Unidos?
Muy bien, llevo 3 años: los dos primeros dedicados al máster y este último ya ha sido un poquito más fuera de lo académico. He tenido la suerte de conocer Nueva York como estudiante y como músico. A nivel de estudio hay muchísimas oportunidades que luego se aplican a lo profesional. En Nueva York la música siempre está sonando: puedo escuchar las obras que escribo y los músicos disponen de muchos eventos, orquestas de estudiantes, grupos de cámara… Hay un sinfín de lugares donde se hace música, desde iglesias hasta galerías de arte. Como además de estudiar composición toco el violín, me llaman muchas veces para estrenar e interpretar obras de compañeros.
A nivel formativo, ¿qué es lo que se lleva de este máster?
Me llevo varias cosas. Como compositor europeo te imaginas un mundo completamente distinto al llegar a América, pero he tenido la suerte de poder estudiar con Reiko Fueting, profesor alemán que lleva más de media vida en América, entonces pude ver en él la trayectoria de un europeo que vive a caballo entre los dos mundos y es muy estimulante observar cómo las dos culturas se fusionan y eso se traslada a mi música. También observo que los profesores están muy activos: los violinistas tienen sus grupos de cámara, tocan en eventos, organizan conciertos, los compositores están estrenando… Todos los profesores están haciendo muchísimas cosas y creo que eso es muy importante porque tienen su profesión muy fresca y se reinventan de manera constante.
¿Cómo se traduce esta formación en su estilo compositivo?
Siempre he tenido muchísimo interés en conocer más de cerca Estados Unidos, lo que me llevó a escuchar música de compositores minimalistas, como Philipp Glass. Una vez llegué a América pensaba dedicarme a explotar ese estilo minimalista, sin embargo, fue en ese momento cuando me di cuenta de la importantcia de conocer mi propia cultura. Cosas que das por hecho y apenas valoras, como el verde de las montañas, no existen en la gran ciudad. También afecta a mi concepción de ver la música, a cuestiones de estética y a observar cómo las personas interactúan entre sí. Todo ello me ha llevado a acercarme más a mis propias raíces.
¿Cómo le llega el encargo por parte de la Sociedad Filarmónica de Oviedo?
Lo llevábamos hablando ya un año y medio. Aunque con 12 ó 13 años había compuesto algún cuarteto, sentía que, realmente, ahora era el momento de escribir uno. He compuesto algún trío (interpretado también en la Filarmónica ovetense) pero nunca me había lanzado al cuarteto de cuerdas porque son palabras mayores; por una cuestión de respeto esperé hasta sentirme preparado. Hablé con Santiago González del Valle (presidente de la Sociedad Filarmónica de Oviedo), le propuse la idea y quedó encantado desde el primer instante. En el momento de decidir cómo íbamos a organizarlo ya conocía a los miembros del «Orange Road Quartet», que son los que finalmente van a interpretarlo en Oviedo. A partir de ahí, ya llegó la composición de la obra como tal.
Aunque no haya sido este caso, ¿encuentra muchas dificultades en trabajar a distancia con músicos y entidades musicales?
Sí, en muchas ocasiones no puedo venir a España para mis estrenos y da mucha rabia. A la hora de trabajar a distancia puedes enviar grabaciones, videollamadas y estar conectado completamente con los músicos. Algo bueno de la música de cámara es, precisamente, que puedes trabajar de tú a tú con los músicos, ya que actúan casi como solistas y puedes dedicarte a perfilar detalladamente cada aspecto de la partitura y lograr unos resultados geniales.
Hable de la génesis de esta obra
La palabra «invisibles» surgió bastante antes de la propia razón de ser de la obra, durante alguna reunión con los músicos del cuarteto. El título y la inspiración vienen por la sensación de soledad que uno siente en una ciudad grande. Unas semanas después, mientras pasaba las Navidades en Asturias, en un viaje de vuelta de Avilés para reparar el violín, estaba inmerso en la audición de grabaciones antiguas de música clásica y, viendo el paisaje, pensé «¿por qué no hacer lo mismo con música asturiana?». Encontré por internet varios registros fonográficos y, para mi sorpresa, descubrí una forma de sonar de la música asturiana que no sentía tan cercana a lo que estaba más acostumbrado a escuchar: formas de ornamentar, relaciones expresivas a nivel interpretativo con el texto, microtonalismo… A partir de ahí me puse a improvisar con el violín, pensando en lo que acababa de escuchar y di con una forma de tocar que nunca había surgido por mi parte, que me llevó a la experimentación de sonidos, direcciones, líneas y gestos que terminarían por ser el núcleo de la pieza como tal.
Con todo este bagaje que has ido atesorando desde tu infancia, cuando enfrentas una composición, ¿la abordas desde un punto de mayor madurez?
Uno nunca sabe si es así o si es autoengaño, pero cada año me siento más maduro. Yo reviso partituras de hace años y soy bastante crítico en ese sentido, así que sí, siento que tengo una mayor perspectiva que me ha ido aportando la vida a través de diferentes experiencias y conocimientos que luego terminan quedando impresos en la partitura.
¿Qué le diría al público de Oviedo para que acuda al concierto de la Sociedad Filarmónica el martes?
(Ríe) Esta es una muy buena pregunta… Les diría, en primer lugar, que existen pocos grupos más indicados para descubrir música contemporánea porque, al fin y al cabo, el «Orange Road Quartet» está estrenando obras continuamente, conocen muy bien el repertorio y son discípulos del «JACK Quartet». En segundo lugar, porque elaboran programas que verdaderamente funcionan con el público. Yo he tenido la suerte de poder verlos en varias ocasiones (la última de ellas en el Lincoln Center) y la verdad es que saben preparar programas que son vistosos y en ellos se puede percibir la emoción del músico y la fuerza de las composiciones. En Oviedo se hace bastante música contemporánea (obviamente no es lo mismo que Nueva York), pero resulta muy interesante ver que, en un programa, salvo en el caso de Janacek, todos los compositores estemos vivos: un japonés, una americana y un ovetense. Creo que es una oportunidad para abrir los oídos a cómo suena el mundo actualmente.
¿Qué compromisos tiene para el futuro?
Volveré esta semana a Nueva York porque tengo unos compromisos y el año que viene estaré a caballo entre un sitio y otro pues seguiré allí con varios proyectos (entre ellos el propio estreno de esta obra en América), encargos y algún que otro estreno que tengo programado en Oviedo pero que de momento no puedo revelar.
Oviedo aspira a ser Capital Europea de la Cultura en 2031, ¿cuáles consideras que son sus fortalezas?
El día que viajaba a Asturias coincidí en Barajas con Steven Isserlis, que venía a clausurar los «Conciertos del Auditorio». Sin duda, Oviedo está muy conectada a nivel musical con las grandes ciudades europeas y mundiales. A partir de ahí, Oviedo y Asturias tienen una marcada defensa por la cultura propia y todas las iniciativas que se están haciendo a favor de esta candidatura me parecen fantásticas; seguro que obtienen su recompensa.
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