El restallu de la sidra desborda Oviedo con más de 11.000 personas en Gascona: "Hay más gente que nunca"
La Preba celebra su edición más multitudinaria con la participación de 17 llagares, 12.000 botellas para repartir y la aspiración de convertirse en Fiesta de Interés Turístico Nacional: "Esto forma parte de la identidad de los asturianos"

VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Juan Plaza
Gascona se despertó este domingo con el restallu del néctar de la manzana y acabó desbordada de asturianía. La calle volvió a quedarse pequeña desde primera hora para una Preba de la Sidra que reunió, según la organización, a unas 11.000 personas, la mayor afluencia registrada en sus 26 ediciones, y que obligó a extender la fiesta hacia Víctor Chávarri. Bajo un sol de justicia, entre gaitas, charangas, vasos en alto y escanciadores sin tregua, 17 llagares asturianos sirvieron la primera sidra de la temporada en una cita con más de 12.000 botellas previstas y 73.000 culetes. Una celebración, de trago en trago, de una cultura sidrera que ya presume de ser Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y que en Gascona aspira ahora a dar otro salto: convertirse en Fiesta de Interés Turístico Nacional.
El Bulevar de la sidra era, a eso de la una de la tarde, un ir y venir de vasos, pañuelos verdes y visitantes buscando sitio entre una multitud que apenas dejaba avanzar. “El año que más gente hay, sin duda”, repetían los escanciadores en las casetas entre botella y botella, mientras los culetes iban cayendo al mismo ritmo que apretaba el calor. La sidra corría por todos los rincones y resultaba difícil encontrar un hueco libre. La cita, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, nació para poner en valor la llegada de la nueva sidra del año y se ha convertido en una de las grandes celebraciones populares de Oviedo y de Asturias.
“Esto ye lo nuestro. No hay nada mejor que un día así, con amigos, sidra y este ambiente”, decía Adrián Losa, que estaba con familiares y amigos y no paraba de levantar el brazo. Se aplicaba en el escanciado con entusiasmo de veterano y precisión, cuanto menos, variable, aunque eso tampoco parecía preocuparle demasiado. “Algún culín va al vaso y otro a la calle, pero lo importante ye participar”, bromeaba mientras a su alrededor todos celebraban cada intento como si fuera perfecto.
Las colas también formaron parte del paisaje. Había que esperar para hacerse con vaso, para acercarse a las casetas de los llagares y, en algunos momentos, hasta para moverse. “Vinimos con paciencia porque ya sabíamos que esto iba a estar a tope. Esto no se disfruta corriendo”, comentaban Daniel Cid y Guillermo Pérez, dos amigos apoyados junto a una farola. “Estamos tomando algo”, decía uno. “Algo no: sidra”, corregía el otro, vaso en mano.
Entre el público había muchos asturianos, pero también bastantes visitantes que aterrizaron en Oviedo casi sin saber que se iban a encontrar con una de las mejores postales posibles de la ciudad. Pilar Revilla e Irene Aparicio, cordobesas, compartían vaso y risas con Ricardo Pérez y Juan Gómez, ambos malagueños. Llegaron el jueves a Oviedo para estudiar el MIR, aunque el arranque de la disciplina académica tenía fecha clara. “Empezamos mañana, que para eso es lunes. Hoy tocaba conocer Asturias como manda la tradición”, explicaban. “Nos habían dicho que aquí la sidra era una cosa seria, pero no imaginábamos este ambientazo”, añadían, encantados con la mezcla de folclore, gastronomía y calle.
Tiempo para el amor
También había historias de amor con acento del sur. El gaditano Miguel Ferrabans está en Asturias porque, según reconocía sin rodeos, lo enamoró Carmen Solís, ovetense. “Primero me enamoró Carmen y luego me enamoró la sidra, por ese orden, que quede claro”, decía entre risas. Eso sí, el calor pudo durante unos minutos con la ortodoxia sidrera. “Había tanta cola que hice una pausa técnica con una cerveza. Pero vuelvo ahora mismo al culín, que no se diga”, apuntaba mientras buscaba hueco de nuevo entre la multitud.
La fiesta tuvo todos los ingredientes: sidra, música, folclore, turistas, vecinos y hosteleros con trabajo a destajo, además de esa sensación de que Oviedo, cuando quiere, sabe echarse a la calle con una naturalidad incontestable. El vaso pasaba de mano en mano, los culines desaparecían antes de perder el aguante y cada brindis encontraba una excusa distinta: por Asturias, por Oviedo, por el verano, por los amigos o, simplemente, porque sí.
El consejero de Hacienda, Guillermo Peláez, uno de los que se sumó a la fiesta, destacó precisamente ese valor cultural de la cita. “La Preba es un evento de primer orden dentro de nuestra cultura sidrera”, afirmó. “Ha acompañado el día, ha sido multitudinario y coincide además con el reconocimiento de la cultura sidrera como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Tenemos que poner en valor lo nuestro”. Peláez subrayó también la presencia de muchos visitantes de fuera de Asturias: “Se veía a mucha gente disfrutando de cómo disfrutamos los asturianos, echando un culín y echándonos a la calle”.
Patrimonio de la Humanidad
El reconocimiento de la Cultura Sidrera Asturiana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un título otorgado por la UNESCO en 2024, sobrevoló toda la jornada. No como un eslogan institucional, sino como una realidad visible en cada esquina: miles de personas reunidas en torno a un gesto tan sencillo y tan identitario como escanciar sidra. En Gascona, ese patrimonio se bebía de un trago.
El concejal de Hostelería y Turismo, Alfredo García Quintana, felicitó a la Asociación de Sidrerías de Gascona por una organización que, a su juicio, “se supera cada año”. “La calle está llena, la gente está disfrutando y se pone en valor la sidra”, señaló. El edil vinculó además la celebración con la candidatura de Oviedo a Capital Europea de la Cultura 2031. “La sidra también es cultura y tiene un papel muy identificativo. Es un producto único, exclusivo y diferencial de cualquier otro destino”, defendió.
Capital Europea de la Cultura
Esa candidatura fue, precisamente, la protagonista del Premio Amigo de Gascona 2026, que recayó en la candidatura de Oviedo Capital Europea de la Cultura 2031 como reconocimiento a la labor de promoción cultural de la ciudad. La distinción reforzó el vínculo entre la cultura sidrera asturiana y el proyecto cultural ovetense, con Gascona como espacio de encuentro, convivencia y difusión de una de las tradiciones más representativas de Asturias. “Este reconocimiento es un apoyo más a una candidatura que representa el esfuerzo compartido de toda una ciudad y de toda Asturias para que Oviedo sea Capital Europea de la Cultura en 2031”, señaló Rodolfo Sánchez, el encargado de recoger el galardón.
Para Pedro Caramés, presidente de la Asociación de Sidrerías de Gascona, la jornada confirmó que la Preba ya es una cita imprescindible. “Con la Preba damos el pistoletazo de salida a todos los eventos sidreros del verano”, explicó. “Ha venido muchísima gente, nos acompañó el tiempo y creo que estamos ante la edición más multitudinaria de todas las celebradas hasta ahora”. Caramés destacó además la calidad de la sidra de este año: “Hay poca producción, según nos dicen los llagareros, pero de muy buena calidad”.
El objetivo, ahora, es mirar más alto. Gascona ya es Fiesta de Interés Turístico Regional, pero la asociación de sidrerías quiere dar el siguiente paso. “Queremos que Gascona sea Fiesta de Interés Turístico Nacional. Esa es la meta”, afirmó Caramés. La repercusión alcanzada por la cultura sidrera asturiana tras el reconocimiento de la UNESCO y la consolidación de la Preba como escaparate gastronómico y festivo empujan en esa dirección.
Mientras tanto, en la calle, la teoría institucional se convertía en práctica popular. Había quien comentaba el aguante de una sidra, quien presumía de haber probado ya varios llagares, quien buscaba sombra con el vaso en alto y quien directamente se dejaba llevar por la música. “Este es el mejor examen antes del MIR: aprender a beber un culín de un trago sin pestañear”, bromeaban Pilar, Irene, Ricardo y Juan antes de brindar por “empezar mañana en serio”.
La Preba volvió a demostrar que la sidra no necesita grandes discursos para convocar a una multitud. Le basta una calle, unos llagares, un vaso y un buen día de sol. Este domingo, Gascona fue una fiesta inmensa, una celebración de Asturias en estado puro y una prueba evidente de que, cuando suena el primer restallu, Oviedo sabe exactamente dónde tiene que estar.
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