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Ángel Antonio Rodríguez: "En Asturias, en cuestión de arte, nos sobra continente y nos falta contenido"

Crítico, gestor cultural e investigador, presenta su libro "La cultura visual del siglo XXI y sus ecos en Asturias", editado por la Fundación Cristina Masaveu, este jueves en el Aula Magna de la Universidad de Oviedo

Ángel Antonio Rodríguez, en Gijón.

Ángel Antonio Rodríguez, en Gijón. / Angel González

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Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Oviedo

Ángel Antonio Rodríguez Martín ejerce la crítica de arte desde hace décadas, gestor cultural -dirige la Semana del Arte Contemporáneo en Asturias Al Norte-, es investigador del departamento de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo, en su tesis doctoral se adentró en el arte visual contemporáneo en Asturias y su evolución desde finales de los 90 y durante lo que va de este siglo. Esa tesis, que presentó en la Universidad de Oviedo en 2022, ha adoptado la forma de un libro, editado por la Fundación María Cristina Masaveu Patterson y titulado, sencillamente, “La cultura visual del siglo XXI y sus ecos en Asturias”. Este jueves, 11 de junio, a las 19.00 horas, se presenta en el Aula Magna de la Universidad de Oviedo, en un acto en el que intervendrá, además del autor, la catedrática Ana María Fernández García, autora del prólogo y directora de la citada tesis doctoral.

¿Cuál era el objeto de la investigación que ahora se concreta en este libro?

Presenté la tesis en 2022 en la Universidad de Oviedo, que es el libro en una versión revisada. Es un estudio de la cultura y el arte visuales de los últimos 30 años, un campo académico relativamente nuevo -en España no hay demasiados estudios sobre él y en Asturias no había nada-, engloba todo lo que tiene que ver con la creación artística y la transmisión de imágenes, con un componente importante social y filosófico.

Parte de las corrientes globales y desde ellas llega a Asturias.

La primera parte analiza el cambio de paradigma estético, muy importante en los últimos años, global y localmente. Internet llegó a Asturias en 1994, creo recordar, y a Asturias está dedicada a la segunda parte del libro, la más densa. Cuenta todos los acontecimientos creativos e institucionales, en relación con esos cambios estéticos que se han producido en las últimas décadas en la cultura visual occidental. Los últimos capítulos están dedicadas al estudio, no de manera exhaustiva sino por su inscripción en esa cultura, de las generaciones activas de artistas, desde mediados de los 90. Hay también una especie de cartografía, de mapa institucional y de recursos del arte contemporáneo en Asturias.

¿La irrupción de las nuevas tecnologías es el motor de ese cambio de paradigma cultural o hay algún factor más a considerar?

Es un cambio de paradigma social, la globalización, y eso, sí, está relacionado con la irrupción de internet, la posibilidad de viajar y de conocer otras culturas, la gran capacidad de enviar información. No es lo mismo trabajar aislado, como hace un siglo, que hacerlo teniendo acceso en directo y diferido a todo lo que se hace, como ahora.

¿Lo local se diluye en un entorno cultural globalizado?

Lo local se transforma. En una región relativamente pequeña como es Asturias, con un interés por la cultura contemporánea limitado, es interesante observar las huellas del arte global; menos interesante es que cada vez nos aislamos más visualmente y todo queda reducido a unas pantallas. El arte hecho para las redes, el netart, tiene sentido que se disfrute así, pero a veces dejamos de ver exposiciones en directo y nos damos por satisfechos viéndolas en las redes, pero el arte está relacionado con el ambiente y la escenográfica.

¿El arte visual asturiano contemporáneo tiene alguna singularidad?

Mi investigación parte de la generación de los nacidos en los años 50, en plena actividad cuando se produce ese cambio de paradigma artístico y que sigue en activo. Es cuando empezamos a hablar de artistas multidisciplinares. Están luego otras generaciones de finales de los 60, 70 o 80, dándose a conocer en el siglo XXI, ya íntegramente multidisciplinares, y, por último, una generación muy joven, los nacidos y renacidos tecnológicos; muchos de ellos nacieron en torno al proyecto de Laboral o aprovecharon las herramientas y los departamentos puestos en marcha en torno a ella. Esa generación más joven comparte una singularidad basada en la identidad del territorio, el paisaje y una tradición previa: Asturias fue una tierra de grandísimos paisajistas y sigue siéndolo.

¿Y la reconversión industrial? ¿También ha tenido su reflejo en el arte asturiano?

Lo tiene. Hay una generación que trabajó mucho la madera y el acero y eso ha cambiado, un cambio derivado de la mejora de los recursos. Eso se ha concretado también en más recursos y en un circuito institucional, con la Muestra de Artes Plásticas de Asturias; la Semana de Arte Contemporáneo de Asturias, AlNorte, que yo dirijo; el Festival Internacional de Cine de Gijón; los festivales de arte visual electrónico, como el LEV…

¿Qué espera de la próxima década para el arte asturiano?

Empecé en esto con 23 años, coincidió con la última década del siglo XX y la gran renovación del arte español y de Asturias, la de la creación de galerías, de los estudios universitarios y las escuelas de Arte, los macroproyectos culturales.... Ahora nos sobra continente y nos falta contenido. Es una obviedad. Lo deseable es que los equipamientos de los que disponemos tengan buen contenido y no se pisen unos a otros. Hacer que funcionen de un modo más coordinado. Hay un exceso de localismo, que es el mal endémico de la sociedad asturiana.

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