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Uno de cada tres escolares sufre somnolencia diurna por falta de sueño: el 19% de los adolescentes asturianos consume hipnosedantes

Cuatro de cada diez menores de entre 8 y 16 años no duermen las horas recomendadas de lunes a viernes

Uno de los momentos de la charla.

Uno de los momentos de la charla. / LNE

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Rosalía Agudín

Rosalía Agudín

Uno de cada tres escolares puede presentar síntomas de somnolencia diurna y cansancio durante el horario lectivo, una situación que dificulta el desarrollo normal de sus tareas y actividades. Así lo advirtieron este miércoles la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y la Alianza por el Sueño, que han organizado una jornada de sensibilización en el colegio Dulce Nombre de Jesús con motivo del trigésimo segundo congreso de la primera entidad, que se celebrará del 11 al 13 de junio en el Palacio de Exposiciones y Congresos.

La iniciativa tiene como objetivo concienciar a los estudiantes sobre la importancia de mantener una buena higiene del sueño desde edades tempranas. Durante el encuentro, el doctor Lorenzo Armenteros, miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la SEMG y de la Alianza por el Sueño, explicó a los alumnos las consecuencias de dormir mal y la influencia de hábitos cada vez más extendidos entre los jóvenes, como el uso excesivo de pantallas, la presión académica, los horarios extracurriculares poco adecuados o los ritmos de vida irregulares.

En España, cuatro de cada diez menores de entre 8 y 16 años no duermen las horas recomendadas de lunes a viernes. La situación se agrava en la adolescencia, etapa en la que más de la mitad de los jóvenes descansa menos de lo aconsejado. Ese déficit se intenta compensar durante el fin de semana, cuando el 48,1% de la población infantil duerme más horas de las recomendadas, un fenómeno conocido como “jet lag escolar”.

“Dormir bien se ha convertido en un reto diario para muchos niños y jóvenes”, señaló el doctor Armenteros, quien advirtió de que los menores con peor calidad y duración del sueño presentan también mayor sedentarismo, peor salud cardiometabólica, peor forma física y más conductas antisociales.

La falta de descanso tiene consecuencias que pueden ir más allá del rendimiento escolar. Según los datos expuestos por la SEMG y la Alianza por el Sueño, la prevalencia del insomnio se sitúa en torno al 30% en niños menores de cinco años y alcanza el 38,5% entre los adolescentes. Los expertos recuerdan que el sueño insuficiente o de mala calidad se relaciona con alteraciones cardiovasculares, endocrinas, metabólicas, inmunes, neurodegenerativas y de salud mental.

Uno de los principales factores de riesgo es el mal uso de la tecnología. En Asturias, el 16,1% de los estudiantes de entre 14 y 18 años presenta un posible uso compulsivo de Internet, con una media cercana a las cinco horas diarias de navegación por diversión entre semana. Además, el 16,5% de los adolescentes escolarizados en esa franja de edad realiza un uso problemático de las redes sociales, lo que puede interferir en el sueño, el rendimiento académico y las relaciones familiares.

La preocupación se extiende también al consumo de sustancias para conciliar el sueño. El 19% de los adolescentes asturianos de entre 14 y 18 años ha consumido hipnosedantes alguna vez, y el 9,9% ha ingerido psicofármacos sin prescripción médica. Armenteros alertó de que estas prácticas pueden alterar el descanso, aumentar el riesgo de dependencia o adicción y afectar al comportamiento juvenil, con más episodios de estrés, ansiedad, agresividad e inestabilidad emocional.

Durante la jornada, los estudiantes conocieron también la Pirámide del Sueño, una guía educativa elaborada por la SEMG y la Alianza por el Sueño que reúne hábitos saludables para mejorar el descanso. Entre las recomendaciones figuran mantener horarios regulares para levantarse, controlar la exposición a la luz solar y artificial, reducir el ruido antes de dormir y practicar ejercicios de relajación al final del día.

“Fomentar hábitos de sueño saludables desde edades tempranas contribuye de manera decisiva al desarrollo neurocognitivo, emocional, físico y mental de los niños y adolescentes”, destacó el doctor Armenteros. El especialista insistió en que dormir las horas adecuadas y mantener rutinas regulares favorece el aprendizaje, la memoria, la regulación emocional y el bienestar general, por lo que reclamó la implicación conjunta de familias, educadores y profesionales sanitarios.

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