Elisa Beni estará este viernes, 12 de junio, en el Club LA NUEVA ESPAÑA
Elisa Beni: "A Sánchez le quitaba el sueño gobernar con Pablo Iglesias, y a Feijoo se lo quita hacerlo con Vox"
"Las redes sociales, que al principio nos apasionaron a los periodistas, fueron una cosa y ahora, evidentemente, son un elemento de disfunción dirigido"

Elisa Beni. / Lne
La periodista y escritora Elisa Beni Uzabal (Logroño, 1964), una de las voces más reconocidas del periodismo judicial y político español, visita este viernes el Club LA NUEVA ESPAÑA, para hablar de su nuevo ensayo (La Esfera de los libros), "Como matan a mordiscos nuestra democracia". Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra y con una trayectoria de casi cuatro décadas en los medios de comunicación, Beni se convirtió con apenas 23 años en la directora de periódico más joven de España al ponerse al frente de El Faro de Ceuta. Analista incisiva de la actualidad política e institucional, mantiene además un vínculo familiar con Asturias: una de sus bisabuelas era natural de Niembro, en Llanes, localidad que estos días aprovechará para conocer mejor y reencontrarse con parte de sus raíces familiares. Beni plantea una reflexión crítica sobre el deterioro democrático en España, un proceso que, a su juicio, no se produce de forma repentina, sino mediante pequeños "mordiscos" que van debilitando los contrapesos institucionales. La colonización partidista de organismos públicos, la erosión de la separación de poderes, la polarización política o el papel de los medios y las redes sociales son algunos de los asuntos que aborda en una obra que invita al debate y a la discrepancia informada. En esta entrevista Elisa Beni alerta sobre los riesgos que afronta la democracia española, la salud de las instituciones y la responsabilidad que corresponde tanto a los gobernantes como a los ciudadanos en la defensa de un sistema democrático que, advierte, nunca debe darse por garantizado.
-Usted sostiene que la democracia no suele morir de un golpe, sino "a mordiscos". ¿Cuál es hoy, en España, el mordisco más preocupante: la colonización partidista de las instituciones, la polarización social o la degradación del debate público?
-Mi libro intenta realizar un análisis del deterioro democrático en nuestro país siguiendo los síntomas que los politólogos Levinsnky y Ziblatt identificaron en la democracia norteamericana y otras. En ese sentido establezco un periodo temporal de deterioro democrático español que sería más evidente desde principios del siglo XXI, con un punto de inflexión a partir de 2011, que se agudiza profundamente en las legislaturas de Pedro Sánchez. Para ello analizo y ejemplifico la forma en la que "a mordiscos" los diversos gobiernos han intentado poner a los árbitros del sistema de su parte, han abrazado la incontinencia institucional, han neutralizado a los intermediarios democráticos y han usado y abusado de las llamadas tácticas constitucionales duras. En todos esos procesos se produce deterioro institucional que es lo más preocupante de todo y lo que vamos viendo que avanzaba a pasos agigantados. La polarización y la degradación del debate público no son sino resultados de la acción de un poder que no quiere tener contrapesos y que actúa de forma populista..
-Ha defendido reiteradamente la separación de poderes. ¿Los principales partidos españoles respetan realmente ese principio cuando están en el Gobierno, o solo lo reivindican cuando están en la oposición?
-No es que la defienda yo, es que sin separación de poderes no puede darse la democracia. La formulación primigénia que Montesquieu hace de este principio dice exactamente: "Pour qu'on ne puisse abuser du pouvoir, il faut que, par la disposition des choses, le pouvoir arrête le pouvoir" o sea, "para que no se pueda abusar del poder, es preciso que las cosas sean dispuestas de modo que el poder pare al poder". Por lo tanto si los poderes no se contrarrestan entre sí y si el Tercer Poder -le non pouvoir, como él le llamo- es colonizado para que no ejerza su misión de control del Ejecutivo, que también debería poder ser controlado por el Legislativo, entonces se produce un abuso de poder. En realidad es el poder Ejecutivo, el Gobierno, el más susceptible de cometer estos abusos y de expandirse, como los gases nobles, hasta ocupar todo el espacio de poder posible, inclusive los que no le corresponden. Esa tendencia es general en todo el que llega a gobernar, ahora bien, la contención institucional, la comprensión del mecanismo democrático, la ética de la gobernanza y el estricto cumplimiento de la Constitución y de las leyes son las que diferencian al poder peligroso del que sólo es aprovechado.
-Como analista judicial, ¿considera que la confianza ciudadana en la Justicia está siendo erosionada más por las interferencias políticas o por los propios errores y corporativismos del sistema judicial?
-Permítame que dude del planteamiento. No creo que la ciudadanía esté dejando de confiar en la Justicia. De facto, los ciudadanos siguen sometiendo los asuntos más importantes de su vida a los tribunales y cada vez hay más litigios. En caso de desconfianza real, lo lógico es que estos disminuyeran ya que ¿quién arriesga su dinero a la solución de algo en lo que no confía? Otra cosa son los pleitos penales en los que se ven envueltos miembros de partidos o cargos políticos de estos. En estos casos existe una intencionalidad evidente por parte de los sometidos a control de escapar de las consecuencias políticas de este, al menos ante la opinión pública y el electorado. Ha sucedido en varias etapas, ya desde la época de Felipe González, y no ha hecho sino agravarse y lo cuento en el libro con todo detalle. Eso sólo habla de la resistencia de los gobernantes a pagar las consecuencias de su descontrol y su abuso. Los errores judiciales puede producirse y hay que denunciarlos pero, la verdad, son pocos. Y tampoco es cierto que los jueces actúen por corporativismo; de hecho cuando los conoces de cerca te das cuenta de que entre ellos hay los mismos resquemores, celos o manías que en cualquier otro colectivo profesional cerrado, incluidos los periodistas. La confianza ciudadana se intenta resquebrajar de forma interesada, con la difusión de mensajes, informaciones, análisis y sospechas no siempre reales y casi siempre elaboradas a partir de la idea del hooligan de fútbol -mi equipo y el contrario- que es muy fácil de asumir. En realidad, conocer los recovecos del mundo judicial, analizar sus actuaciones, detectar lo anómalo, explicar lo desconocido pero común, precisa de un conocimiento técnico y de una pericia que necesita años de aprendizaje y experiencia. Sin embargo, decir este juez es de los otros y hace cosas raras contra los míos es tan sencillo que resultaría infantil si no fuera malintencionado y peligrosos.
-En una época en la que cada bloque político acusa al otro de amenazar la democracia, ¿cómo distinguir una crítica legítima de una verdadera deriva democrática? ¿Qué indicadores deberían alertarnos?
-La deriva democrática está determinada por los bloques de síntomas que cite antes y que analizo en el libro. En muchos casos es necesario conocer a fondo los mecanismos del estado democrático para poder apreciar cuando están siendo manipulados o, directamente, gripados o destrozados. En la situación actual yo aprecio un discurso electoralista y de justificación claro -que viene la ultraderecha que acabará con la democracia- que podría incluso compartir: Vox es un problema para nuestro sistema en un sentido como Podemos lo fue en otro ya que ambos quieren romper el marco de la Constitución del 78 hacia dos extremos opuestos. Eso nos dejaría dos grandes partidos de Estado y sistémicos. Eso al actual Psoe no le basta y, por eso, intenta englobar de forma artificial, ficticia y hasta marrullera al PP en ese peligro democrático. El Partido Popular no sólo no es un peligro democrático sino que es indispensable para la democracia, como lo es un Psoe que no se salga de madre ni responda exclusivamente a un cesarismo inmoral. Así que puede haber un riesgo en los partidos populistas y extremistas, qué duda cabe, al propio Sánchez le quitaba el sueño gobernar con Pablo Iglesias, y a Feijoo se lo quita hacerlo con Vox. Es la sabiduría del electorado la que debe ser capaz de superar esta situación que convierte las alianzas en chantajes, como de facto sucede también con los nacionalistas.
-¿Qué responsabilidad tiene el periodismo en esta crisis democrática?
-Los periodistas son intermediarios democráticos entre el ciudadano y su derecho a la información. El periodismo tiene la obligación ética y el deber democrático de ejercer el control público del poder. Eso incluye desde el mal funcionamiento institucional, las corruptelas o la gran corrupción. No se si el periodismo o periodistas concretos han asumido que lo suyo no es la independencia o la objetividad frente al poder sino el activismo para mantenerlo o imponerlo. Eso no es periodismo.
-Usted se define como una voz independiente. ¿Es hoy más difícil mantener la independencia intelectual que hace veinte años? ¿Existe una presión creciente para alinearse con uno de los dos grandes bloques ideológicos?
-Llevo ejerciendo el periodismo casi cuarenta años. Obviamente siempre existe una tensión entre el poder y los que intentan ejercer de control de sus actividades. La presión económica sobre los medios de comunicación, las líneas editoriales emanadas de organizaciones o partidos que incluso podían ser de su propiedad, son una constante en el periodismo históricamente y a todos se nos ha preparado para resistirlas. Ética y valentía siempre han sido una exigencia del periodista. Pero usted me pregunta por la independencia intelectual y eso, eso es lo último que debería abandonar cualquier ser humano, sea periodista o no. El que no es independiente en su pensamiento no es un ser humano libre, es un esclavo.
-Las redes sociales han democratizado la expresión, pero también han amplificado la desinformación y el insulto. ¿Son una herramienta de fortalecimiento democrático o se han convertido en uno de los principales factores de deterioro institucional?
-Las redes sociales, fundamentalmente Twitter, comenzaron siendo un experimento que nos apasionó a los periodistas porque era como era un teletipo inmediato y una conexión fácil con profesionales de todos los campos. Luego, los mismos periodistas nos empeñamos en que todo el mundo se hiciera una cuenta. Los programas de televisión, la radio, los periódicos comenzaron a popularizar el etiquetado para conseguir retroalimentación de lo que hacíamos. Así que todo el mundo se hizo una cuenta y, al comprobarlo, los políticos, los partidos y las instituciones, también. En ese momento se pretendieron equiparar las voces del experto, de la personalidad y del ciudadano pero también del bocazas, el cuñado, el borracho de bar o el bot pagado. Eso pervierte el espacio público porque, hasta ese momento, para ser escuchado por las masas necesitaba haber acreditado los méritos para ser escuchado. Ahora ni siquiera sabemos si a veces escuchamos a idiotas o a máquinas. El anonimato, además, provoca disfunciones claras entre las personalidades acreditadas y el resto. Las redes fueron una cosa y ahora, evidentemente, son un elemento de disfunción dirigido.
-Después de escribir este libro, ¿es más optimista o más pesimista sobre la capacidad de la democracia española para defenderse de esos "mordiscos" que usted describe?
-El libro es una constatación de lo que ha sucedido y está sucediendo para uso de una ciudadanía que no siempre tiene el tiempo o la oportunidad de tener un análisis completo a mano. Mi esperanza radica sobre todo en la ciudadanía y en su deseo, que coincide con el mío, de seguir viviendo en una democracia sana que nos costó mucho tiempo construir, y que deseamos dejar a las generaciones siguientes y a las venideras.
-¿Qué institución española está hoy más debilitada de lo que estaba hace diez años?
-Todas. Ninguna se ha librado del embate.
-¿Alguna idea de su libro con la que espera que discrepe una parte importante de sus lectores?
-Eso lo tendrán que decir los lectores. Pero discrepar con información es un ejercicio democrático que sólo puede alegrarnos. Discrepar por obediencia es borreguismo.
-Tiene una bisabuela asturiana…¿Qué relación mantiene con esta región?
-Desgraciadamente, poca. Hacía mucho tiempo que no venía y en esta ocasión voy a visitar su lugar de origen: Niembro. Hay algunas cosas que les debo, como ser alta y delgada como ellas -al menos hasta el embate de la edad que es irremediable-. Sé que eran tres hermanas con nombres bien visigodos -Gertrudis (la abuela Trudes), Guillermina y Belarmina (las tías Mina)-. Todas se fueron a Bilbao y casaron con vascos. En algún orden que no tengo muy claro me apellido Cué y se que mi madre pasó unas fiestas estupendas en Llanes con su abuela cuando tenía 18 años de las que conservo unas fotos suyas espectaculares vestida de asturiana. También tengo un sobrino que toca excepcionalmente bien la gaita, siempre con traje asturiano. Esto es un reencuentro.
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