Revestimientos en piedra y "la acción de la vegetación", claves para integrar la senda del prerrománico de Oviedo en el entorno
«Ahora choca, pero quedará bien», dicen fuentes de las obras en las que ya se cubre con roca la pasarela de hormigón junto a Lillo

Operarios colocando piedra este jueves en la estructura de hormigón del puente de la nueva senda.
El Naranco aguarda el desenlace de una cirugía estética de casi 400.000 euros cuyo avance atrae las miradas de visitantes y ovetenses asiduos. La Consejería de Cultura acelera los trabajos de la senda peatonal entre Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo con cierto desconcierto entre los viandantes que ven estos días los alrededores de los monumentos patas arriba y con un gran nuevo vial de hormigón. Una estampa que, sin embargo, fuentes próximas al proyecto ejecutado por la empresa Arposa 60 consideran «temporal», pues la fase decisiva de las obras incluyen la colocación de muretes y un revestimiento de piedras que junto a la «acción de la vegetación» integrará la actuación, considerada indispensable para mejorar la seguridad, vial en el entorno monumental. «Ahora igual choca, pero quedará bien», aseguran sobre la actuación que se desarrolla coinciendo con el 40 aniversario de un Prerrománico Patrimonio Mundial de la Unesco.
Lo que hoy se percibe como una gran mancha de hormigón sobre el arroyo que discurre bajo San Miguel de Lillo es, aseguran, la crisálida de una infraestructura que mudará su piel. El proyecto básico y de ejecución, diseñado para una integración total bajo la firma de Román Villasana, prevé el revestimiento de los muros y el puente con placas de piedra natural, combinando calizas, granitos o pizarras según la zona. No habrá rastro del gris industrial; en su lugar, aparecerán sillares para recuperar el pretil original, devolviendo al paisaje su fisonomía histórica. Las fuentes consultadas admiten y hasta entienden cierto desconcierto ciudadano ante el estado actual de las obras, pero son tajantes: «Es normal que ahora impresione, está en plena operación».

Recreación de cómo quedará el entorno de San Miguel de Lillo tras las obras. / P. A.
La pericia técnica se oculta tras lo obvio. El suelo del trazado peatonal lucirá un pavimento sólido de adoquines y baldosas de piedra natural. El aseguramiento del talud, crítico junto a Lillo, ha requerido una meticulosa contención con mallas de retención para frenar el ímpetu de la montaña, una labor de ingeniería invisible que garantiza la estabilidad del terreno. Además, el camino contará con una red de evacuación pluvial enterrada para evitar erosiones por lluvia y un sistema de iluminación artificial diseñado para realzar los perfiles monumentales sin agredir la oscuridad del monte.
La seguridad de los peatones, prioridad absoluta para Cultura, se materializará en barandillas y rejas de protección en los puntos de mayor desnivel, ancladas con precisión milimétrica a los elementos resistentes. Todo se desarrolla bajo un seguimiento arqueológico que vigila cada movimiento de tierra, como si la propia historia exigiera un salvoconducto para dejar pasar la modernidad sin borrar las huellas del siglo noveno. El objetivo es que, antes de que el sol de agosto atraiga a las multitudes, el hormigón haya desaparecido por completo bajo la nobleza de esta piedra asturiana.
Esta actuación no es solo funcional; sino qu busca dignificar el entorno de los monumentos justo cuatro décadas después de que el Prerrománico ingresara en el selecto club del Patrimonio Mundial de la Unesco. La senda, garantizan sus promotores, supondrá la mejor conexión posible para los 210 metros que separan las dos joyas prerrománicas del Naranco. Los técnicos vaticinan un resultado final que transformará la experiencia del viajero, permitiéndole caminar desde el Palacio de Ramiro I hasta San Miguel de Lillo con total seguridad. El «esqueleto» de hormigón que estos días impresionan a los viandantes ya comenzó ayer mismo a mutar con la colocación de las primeras piedras de recubrimiento por parte de los operarios. El veredicto final se conocerá bien entrado el verano, cuando está previsto culminar las obras.
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