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C. D. Dickerson III, historiador del Arte: "El arte español sigue siendo poco conocido en Estados Unidos, Velázquez es la excepción”

El decano del Centro de Estudios Avanzados en Arte Visuales de la de la Galería Nacional de Artes de Washington es el nuevo invitado, el 17 de junio, al ciclo de conferencias "Asturias global" del Museo de Bellas Artes de Asturias

C. D. Dickerson III

C. D. Dickerson III

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Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Oviedo

C. D. Dickerson III era el comisario y jefe de Escultura y Artes Decorativas de la Galería Nacional de Arte de Washington; hace unas semanas fue nombrado decano del Centro de Estudios Avanzados en Arte Visuales del museo. El 17 de junio dará una conferencia en el ciclo “Asturias global”, organizado por el Museo de Bellas Artes de Asturias en colaboración con la Cámara de Comercio de Oviedo. Será a las 19.00 horas y el acceso es libre, hasta completar el aforo.

Acaba de asumir el cargo de decano del Centro de Estudios Avanzados en Artes Visuales de la National Gallery de Washington. ¿Cómo afronta esta nueva etapa y cuáles son sus principales objetivos?

Solo llevo tres semanas en mi nuevo puesto. Hay muchos aspectos de la vida como conservador que echaré de menos -sobre todo la búsqueda de grandes adquisiciones-, pero me di cuenta de que el Centro me ofrecía la oportunidad de volver a dedicarme a ese tipo de proyectos de investigación ambiciosos, que fueron los que me atrajeron al campo de la Historia del Arte en un principio. Una de las prioridades es pensar en cómo el Centro puede impulsar nuevas formas de investigación en toda la National Gallery, lo que supondrá establecer nuevas condiciones que fomenten la colaboración entre conservadores, restauradores, becarios, etc. También quiero replantearme la situación de nuestros becarios predoctorales y cómo el Centro puede prepararlos mejor para el futuro.

Desde su experiencia, ¿qué líneas de investigación cree que dominarán el estudio de la Historia del Arte durante la próxima década?

Me interesa la IA como herramienta para la investigación en Historia del Arte. No se trata de una tendencia de investigación en sí misma, pero creo que tiene el potencial de abrir nuevas e importantes vías de comprensión. Reflexiono mucho sobre cómo puede cambiar la forma en que llevamos a cabo la investigación archivística, por ejemplo. La IA también conlleva el espectro de tener que cuestionar constantemente qué es real, lo que, en mi opinión, supone un llamamiento a volver a situar el objeto en el centro de todas las formas de investigación en Historia del Arte. En consecuencia, espero que una de las tendencias que se viene gestando desde hace tiempo sea un renovado interés por la historia técnica del arte.

Usted ha contribuido a dar mayor visibilidad en Estados Unidos a artistas españoles como Alonso Berruguete y Luisa Roldán. ¿Cómo recibe el público norteamericano estas manifestaciones artísticas? ¿Qué aspectos despiertan mayor interés?

El arte español sigue siendo poco conocido en comparación con el francés y el italiano, al menos en lo que respecta al periodo de la Edad Moderna; Velázquez es la excepción. Cuando el público estadounidense tiene la oportunidad de conocer mejor el arte español la experiencia resulta siempre una especie de revelación y despierta un gran entusiasmo. Es más, tenemos la suerte de contar con una numerosa población hispana en Estados Unidos, lo que garantiza que las exposiciones de artistas españoles sean acogidas con especial entusiasmo.

¿Compite hoy el arte histórico con las nuevas formas de entretenimiento digital o puede dialogar con ellas?

Miro a mis hijos y no puedo evitar pensar que el entretenimiento digital los atrae en tantas direcciones diferentes que es imposible que les interese ir a un museo de arte. Sin embargo, de alguna manera, uno de mis hijos ha decidido estudiar Arquitectura y ha encontrado la forma de apreciar las artes visuales a pesar de todo el «ruido» digital que le rodea. Creo que la clave está en comprender que los medios digitales pueden servir como una herramienta valiosa para apreciar el arte. En la National Gallery hemos construido un gran estudio de producción centrado en la creación de contenidos digitales, y ha tenido mucho éxito.

En una sociedad cada vez más digital e hiperconectada, ¿cómo puede despertarse el interés de los jóvenes por obras y creadores de hace más de cinco siglos?

Voy a poner un ejemplo de lo que estamos haciendo en la National Gallery. Nuestra conservadora de escultura europea renacentista y barroca, Alison Luchs, que lleva más de cuarenta años trabajando aquí, ha iniciado una serie de publicaciones en redes sociales en las que aparece hablando de obras de arte en lenguaje coloquial propio de la Generación Z. Se ha convertido en toda una sensación en las redes sociales y, por los comentarios de los espectadores, sabemos que está ayudando a las generaciones más jóvenes a ver el arte desde una nueva perspectiva, haciendo que el Renacimiento vuelva a estar de moda.

¿Quedan todavía grandes artistas, escuelas o episodios del arte europeo -y en particular del español- por descubrir o reivindicar ante el público estadounidense?

El Renacimiento español sigue siendo poco conocido, y creo que también se podría sacar mucho partido al arte medieval, sobre todo si se sitúa en un contexto global. Los vínculos entre España y la América Latina colonial también merecen un mayor análisis, ya que el público estadounidense no los conoce en profundidad.

¿Qué papel desempeña hoy el coleccionismo privado en la conservación y difusión del patrimonio artístico? ¿Cómo debe relacionarse con museos e instituciones públicas?

Colaboro constantemente con coleccionistas privados, que son fundamentales para la labor que realizamos en los museos. Pensemos en la National Gallery, que es, en esencia, una colección de colecciones privadas -como explicaré en mi conferencia-. Nos esforzamos por acudir a ferias de arte con los coleccionistas y asesorarles en sus compras, al tiempo que les informamos de nuestras necesidades con la esperanza de que realicen adquisiciones que posteriormente se conviertan en donaciones al museo. Los mejores coleccionistas privados también son generosos a la hora de prestar obras de sus colecciones para exposiciones. Sí, preferiría que todas las grandes obras de arte que salen al mercado fueran adquiridas por los museos, pero la realidad es que no siempre hay fondos, por lo que debemos aceptar que los coleccionistas privados son los custodios temporales de estas obras. 

¿Qué puede aportar un museo de ámbito regional, como el Museo de Bellas Artes de Asturias, a la investigación, promoción y difusión del arte en el contexto internacional?

Un museo regional puede marcar una gran diferencia a la hora de promover las artes de una cultura o un lugar concretos. Mi exposición sobre Alonso Berruguete es un ejemplo de ello, ya que dependió por completo de los préstamos del Museo de la Escultura de Valladolid -sí, un museo nacional, pero con una ubicación y un alcance más regionales-. Sin esos préstamos, nunca habría sido posible contar la historia de Berruguete en Estados Unidos, y Valladolid, a su vez, se benefició de toda la atención que recibió durante la exposición. Los museos regionales suelen albergar algunas de las mayores riquezas artísticas desconocidas que existen, por lo que es importante que colaboren con socios para impulsar la mayor difusión de sus colecciones.

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