Negocios de siempre
La joyería de Oviedo que nació de un relojero gallego hace 80 años y se afianzó en Uría
La Perla, una saga familiar que va por la cuarta generación: «Intentamos cumplir siempre, si no la fidelidad desaparece», sostienen José Antonio y Lucía Castro

J.A. / Foto: Fernando Rodríguez
Fue antes taller de relojería en la calle Campoamor que la joyería que se ha hecho fuerte en la calle Uría «gracias a la fidelidad de nuestros clientes», según describen José Antonio Castro y su hija Lucía, tercera y cuarta generación de un negocio familiar del que salieron otras ramas que ya forman parte de la historia comercial del Oviedo del siglo XX. Más de ochenta años dieron de si algún susto, en forma de atraco con butrón de por medio, pero La Perla sigue adelante con «la emoción de ser la referencia para muchos jóvenes que trabajan fuera de Asturias y vienen a encargarnos algo tan personal como sus anillos de pedida». La fórmula, revelan padre e hija, está «en los diseños y colecciones propias, en oro y diamantes».
La saga nació con Antonio Castro, un joven de Ponteareas (Pontevedra) que llegó a Asturias en la Guerra Civil. «Estaba en la banda de música del Ejército», cuenta su nieto. Finalizado el conflicto decidió establecerse con su mujer y sus cuatro hijos, dos mujeres y dos varones en Oviedo. «Vio un posible negocio en Asturias porque aquí en aquellos años había mucha más capacidad económica que en Galicia», añade José Antonio Castro. «Empezó abriendo un taller de relojería pequeñísimo en la calla Campoamor, a Uría vino en 1950, tenemos documentación de obras de reforma de ese año», detalla José Antonio Castro, de cuando «Oviedo tenía una impronta y una personalidad en el comercio impresionante, como Coruña, Santander o San Sebastián; en cambio ahora casi todas las ciudades se uniformizaron, con las mismas cadenas».

Manuel González, esposo de Aurelia Castro, la segunda generación de La Perla, en el taller de relojes. / C. F. C.
La diversidad del comercio era enorme y las distintas ramas que salieron del maestro relojero Antonio Castro son la prueba elocuente de aquella meca para emprendedores. «Toda la familia tuvo tiendas de ropa, de zapatos…». Algunos de los establecimientos, ya lejanos en el tiempo, todavía resuenan en la memoria comercial de la ciudad: «Zapatos Carlo, la tienda de ropa Ventos, el bazar Boreal. Todos fueron de hijos de Antonio Castro», recuerdan al unísono José Antonio y su hija Lucía Castro.
El relevo de la segunda generación de La Perla correspondió a Aurelia Castro. «Mi madre tenía mucho amor a la familia porque aunque estudió Filosofía y Letras fue la que siguió con la joyería», explica su hijo, al que también le tocaría asumir muy joven la gestión de La Perla, después de que su madre enfermara y falleciera joven, con apenas 50 años. «Con 21 años ya estaba llevando el negocio, primero estuve un tiempo de aprendizaje y a partir de ahí mi padre estaba en la relojería, pero nunca quiso meterse en la parte de gestión empresarial», abunda José Antonio Castro. Su hija , la cuarta generación, llegó a la gerencia de La Perla apenas unos meses antes de la pandemia, a caballo entre 2019 y 2020. «Estudié Economía y empecé en la joyería justo con 25 años, la pandemia del covid fue un momento complicado, pero puede más la ilusión de seguir con la tradición de un negocio familiar, que tiene un nombre en Oviedo y que atrae a clientes de tantos años atrás», destaca Lucía Castro.
La cercanía de la joyería a la estación ferroviaria del Norte y estar en el pasillo de todos los que entraban y salían de Oviedo en tren suponía otro de los reclamos para atraer a un clientela fiel, la base de todo negocio que perdura de generación en generación, a través de décadas diferentes, con modas y hábitos de consumo también muy distintos.

Una multitud, ante el escaparate de La Perla,en la calle Uría, durante un desfile del Día de América en Asturias. / C. F. C.
¿Cuál es el secreto, la fórmula para mantenerse ochenta años después al pie del cañón? «Nosotros hacemos colecciones propias y fabricamos nuestras joyas. Estamos centrados sobre todo en oro, diamantes y piedras preciosas», destaca Lucía Castro. «Tenemos una colección, Genesis, que se vende muy bien», añade. Su padre matiza que «si algo tiene la joyería, son los diseños que perduran en el tiempo.Por ejemplo, un solitario que se vendió hace veinte años, se vende ahora y se venderá dentro de otros veinte. La joyería de diseño puro es muy exclusiva y tiene piezas que son un clásico. Pocas personas hoy en día van a hacer una pedida de su futura mujer con una pieza muy complicada», comenta José Antonio Castro, «aunque estamos atentos para renovar. Nos gusta ir a ferias como la de Vicenza, en Italia, más que a comprar para ver por dónde van los nuevos diseños».

Joyas en el escaparate de La Perla. / Fernando Rodríguez
Su hija, Lucía, apunta una de las sensaciones más gratas que surgen al otro lado del mostrador de La Perla: «Contamos con una clientela muy fiel. Por ejemplo cuando te cuentan que ya venía aquí su abuelo y ahora los nietos siguen como clientes. Es muy emocionante ver a generaciones distintas de familias que siguen comprando nuestras joyas», asegura. «Como», apostilla su padre, «cuando de repente viene gente joven, que ha emigrado a trabajar, sobre todo en Madrid, que es el punto neurálgico de la juventud asturiana fuera, y vuelven a La Perla para hacer un encargo tan especial como un anillo de pedida o para un enlace».

José Antonio Castro con su hija Lucía, tercera y cuarta generación de la joyería de la calle Uría. / Fernando Rodríguez
Tantos años de historia dan para anécdotas que guardan con celo en La Perla, «por discreción», y también para algún que otro susto. Como el butrón que se encontraron cuando la disposición de la tienda de Uría era otra, hace ya cincuenta años. «Eran otros tiempos, entonces se dejaban las joyas en el escaparate. Fue una banda del este, que se llevó piezas por cuarenta millones de pesetas de la época (240.000 euros). Nunca aparecieron, lo primero que hicieron fue fundirlas», cuentan los Castro que prefieren quedarse «con la ilusión y el agradecimiento hacia nuestros clientes, que nos han acompañado todo este tiempo. Y nosotros intentamos cumplir siempre porque si no la fidelidad desaparece».
Suscríbete para seguir leyendo
- Un rayo destroza la chimenea de un edificio de Oviedo y obliga a los bomberos a acordonar la acera por la caída de cascotes
- Revolución en el TUA de Oviedo: una nueva línea (P) unirá Ciudad Naranco y La Manjoya cada media hora
- Un ataque vandálico obliga a cerrar una piscina pública de Oviedo en plena temporada estival
- Están contentos, pero preocupados por la familia', dice la defensa de los padres que tuvieron a sus hijos confinados en un chalé de Oviedo tras ser absueltos por maltrato psicológico
- Expectación con los conciertos de San Mateo: uno de los grandes reclamos del programa agota entradas para su actuación en Oviedo
- La casa de Oviedo en la que tres menores permanecieron confinados cuatro años fue desvalijada cuando los padres estaban presos
- Residentes en la zona rural de Oviedo podrán requerir por teléfono o internet que un autobús los recoja en casa
- El lugar favorito de los paseantes de Oviedo ve la luz: 'Seguro que ahora viene mucha más gente