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“Pavarotti murió en mis manos”: la tristeza de un portero de Oviedo que rescató al pavo real atropellado en el centro de la ciudad

Wilmer Esquivel enterró al ave tras esperar durante horas a que alguien acudiera a hacerse cargo del animal: "Se hizo amigo de todo el mundo y nosotros estábamos encantados con él"

La emotiva historia de Pavarotti, el pavo que murió atropellado por un coche en Oviedo: "Nadie vino a ayudarnos murió en mis manos"

Amor Domínguez

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Rosalía Agudín

Rosalía Agudín

El pavo real, que durante el último año se había convertido en una presencia habitual en la avenida de Galicia, murió el miércoles tras ser atropellado por un vehículo. El animal, al que los vecinos de la comunidad Miñor llamaban cariñosamente “Pavarotti”, fue recogido malherido por Wilmer Esquivel, portero de la conocida comunidad "Miñor" y lo sostuvo en brazos hasta que falleció. “Me avisaron al mediodía del accidente. Lo recogí y estaba muy despierto, pero tenía las patas fracturadas”, relata. Al principio, los vecinos creían que podía tratarse de una contusión y que el animal podría recuperarse. Sin embargo, acabó muriendo poco después. “Lo hizo en mis manos”, cuenta con tristeza.

Tras el fallecimiento, Esquivel asegura que esperó durante toda la tarde a que alguien acudiera a recoger el cuerpo del animal. Puso en alerta a la Guardia Civil, el Seprona, el 112 y la Policía Local. “No vino nadie por él”, afirma. Finalmente, decidió llevárselo a su casa para enterrarlo. “Era un ejemplar maravilloso. Me pareció un animal precioso, que nos dio muchas alegrías. No quería que acabara tirado a la basura”, señala.

La muerte de “Pavarotti” ha causado un profundo pesar entre los vecinos. Hace un año que el polluelo empezó a aparecer por esta comunidad de vecinos. "No había visto un pavo tan cerca y fuera del Campo de San Francisco. Dimos aviso a los servicios de emergencia y nos dieron que no había problema, que Oviedo era prácticamente su patio". En los últimos meses, relata Esquivel, el animal había comenzado a moverse con más confianza por los alrededores de la comunidad. Cruzaba la avenida de Galicia y se acercaba a la zona de Buenavista. Esa costumbre preocupaba a los vecinos. “Teníamos temor porque cruzaba la calle”, explica.

El ave e pasó a formar parte de la vida cotidiana de la comunidad. “Nos enamoramos del bendito pavo, porque era muy guapo y muy manso”, cuenta el portero. “Se hizo amigo de todo el mundo y nosotros estábamos encantados. Era como tener un pavo de mascota”.

Durante el invierno y la primavera, los vecinos le dejaban agua y comida. También era habitual verlo junto a las viviendas, incluso en pisos altos. “Iba a los cuartos o quintos pisos y se subía a las ventanas. La gente salía y le daba algo de comer”, relata Esquivel. Con el tiempo, el pavo real llegó a responder al nombre de “Pavarotti”. Para Wilmer Esquivel, el animal no era solo un pavo real que se había acostumbrado al barrio, sino un miembro más de la comunidad. “Era una belleza de animal y lo estábamos cuidando”, concluye.

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