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Último adiós al periodista Orlando Sanz: "Era una persona insobornable; un hombre que quería el bien para Oviedo y sin partidismos de ninguna clase"

Familiares y amigos acuden a capilla del tanatorio El Salvador para despedir al veterano cronista que, coinciden, fue «todo un referente»

Orlando Sanz en la calle que le hace homenaje.

Orlando Sanz en la calle que le hace homenaje. / NACHO OREJAS / LNE

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Rosalía Agudín

Rosalía Agudín

Las crónicas de Orlando Sanz eran una clase magistral de periodismo. Sus críticas a la falta de abastecimiento de agua, que la ciudad sufrió hasta no hace tanto, provocaron que el ministerio de Rafael Calvo Ortega se pusiese las pilas con el embalse de Los Alfilorios. Y el agua acabó llegando. Dicen los que le trataban y leían que no se casaba con nadie. «Era una persona insobornable; un hombre que quería el bien para su ciudad, sin partidismos de ninguna clase». Así lo definió el fotógrafo Santiago García minutos antes de que la capilla del tanatorio de El Salvador acogiese el acto de despedida a este carbayón de 92 años, fallecido el viernes a medianoche en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Desarrolló la mayor parte de su extensa carrera en LA NUEVA ESPAÑA. Entró sustituyendo a Diego Carcedo en la sección de Oviedo y durante dos décadas cautivó a los lectores tras formarse en la Escuela de Periodismo de Madrid. También pasó por otras cabeceras como «La Hoja del Lunes», «Asturias Semanal», «La Voz de Asturias» y «El Comercio». Además, fue director de «El Correo de Asturias» entre 1987 y 1989.

Sanz cubrió todas las ramas de la actualidad municipal y era un apasionado del Real Oviedo. «Era un magnífico periodista. Todo un referente, con el que tuve la suerte de compartir muchas cosas. Nos veíamos todos los días en el Ayuntamiento cubriendo plenos, comisiones informativas, ruedas de prensa y todo lo que pasase por la casa consistorial carbayona, así como sus derivaciones políticas y sociales», recuerda el periodista David Serna. «Él ya era veterano en LA NUEVA ESPAÑA y yo un pipiolo yogurín», concreta. De igual forma, resalta que era «un buen compañero, una buena persona, muy serio y riguroso; era un maestro».

A sus crónicas vuelve cada cierto tiempo Ceferino Vallina, expresidente de la Asociación de la Prensa de Oviedo (APO). «Son una lección de periodismo magistral que permiten conocer Oviedo y Asturias». Sanz también fue de gran ayuda porque fue presidente de esta entidad y vicepresidente de la de Gijón. «Su opinión fue muy importante. Siempre defendía a los profesionales y, si la asociación existe, en buena parte es gracias a él». Además, se involucró en los procesos para lograr convenios y acuerdos, y cuando «me veía, me preguntaba qué tal estaba todo».

Un gran legado dejó en la Confederación Hidrográfica del Norte. Durante ocho años, entre 1990 y 1998 —año de su jubilación—, fue jefe del gabinete de prensa. «Orlando Sanz era una persona digna de ser querida por Oviedo y tiene una calle a su nombre entre Las Campas y La Florida», recordó el fotógrafo Santiago García. También resaltó que casi hasta el último día de su vida estuvo pendiente de la actualidad informativa de la capital asturiana y seguía analizando cada una de las propuestas.«Era un gran periodista, defensor a ultranza de Oviedo y del Real Oviedo; era una excelente persona», subrayó Maxi Alberto Rodríguez, una de las voces más conocidas de Radio Nacional de España en Asturias.

El acto de celebración de la palabra estuvo presidido por el vicario parroquial de San Pablo de la Argañosa, Dimas Fernández, quien resaltó que la fe cristiana dice que «algo tan tajante y duro como es la muerte» no supone una última despedida. «El cuerpo muere, pero el alma sigue viviendo y todo lo que podemos hacer es rezar por ellos».

El acto de despedida de Orlando Sanz, que siempre había reclamado contención para cuando llegase el momento, cumplió con la voluntad del periodista, aunque resultó inevitable que se citasen muchos de quienes fueron sus compañeros, como José Manuel Vaquero, consejero de Prensa Ibérica, grupo editor de este diario,Melchor Fernádez, exdirector de LA NUEVA ESAPAÑA, Juan de Lillo o Alberto Menéndez. Acudió además la decada del Colegio de Periodistas y presidenta de la asociación de la prensa, Bárbara Alonso. La representación municipal estuvo encabezada por el concejal de Seguridad Ciudadana, José Ramón Prado, y el portavoz socialista, Carlos Fernández Llaneza. Este último destacó que era una «gran persona y magnífico periodista, con quien aún hace pocos días tuve la oportunidad de conversar unos minutos».

El Real Oviedo estuvo representado por su vicepresidente, Manuel Paredes, y el responsable de Relaciones Institucionales, César Martín Villar. Otro amigo que quiso darle el último adiós fue el arquitecto Javier Calzadilla. También la Sociedad Protectora de La Balesquida, a través de su presidente, José Antonio Alonso, quiso rendirle un homenaje. «Sanz era ovetense de nacimiento y periodista de vocación. Oviedo pierde una de esas voces que ayudaron a contar su día a día, sus cambios y su memoria colectiva durante décadas».

Orlando Sanz pertenece desde hace tiempo a la memoria de la capital asturiana. Su despedida deja tristeza, pero también gratitud. Porque quienes lo trataron no solo recuerdan al periodista riguroso, al cronista incómodo cuando hacía falta y al oviedista apasionado, sino al hombre cabal que entendió el periodismo como un servicio público. En esa calle que lleva su nombre, y en cada lectura de sus crónicas, seguirá latiendo una voz capaz de explicar la ciudad sin dejar nunca de quererla hasta el final.

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