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Sólo ocho familias mantienen viva la práctica de la trashumancia a los pastos leoneses de Torrestío, plasmada ahora en un libro

«Los vaqueros pasaban el puerto Ventana con esquís de madera, ayudados por las vacas , que avanzaban a fuerza de pan», explica Teresa Rodríguez, coordinadora de la publicación

De izquierda a derecha, Pablo León, Isabel Méndez, Celso Peyroux, Jaime Izquierdo,Teresa Rodríguez, Honorino Alonso  y Marisa Pola.

De izquierda a derecha, Pablo León, Isabel Méndez, Celso Peyroux, Jaime Izquierdo,Teresa Rodríguez, Honorino Alonso y Marisa Pola. / Mario Canteli

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María José Iglesias

María José Iglesias

Sólo ocho familias mantienen viva la práctica de la alzada vaquera, desde el centro de Asturias a los pastos de Torrestío, en León. «No lo hacen por dinero, sino por compromiso con una herencia cultural que se niega a desaparecer». Lo explicó ayer en el Club Teresa Rodríguez, coordinadora del libro «La Alzada de Torrestío, donde humanos y ganado dejaron huella», que compartió mesa con Marisa Pola, presidenta de la Asociación Vaqueros de Alzada de Torrestío; el geólogo y escritor Jaime Izquierdo; la alcaldesa de Las Regueras, Isabel Méndez; y el escritor y cronista oficial de Teverga, Celso Peyroux. Entre los asistentes se encontraban también Pablo León Gasalla, director general de Cultura y Patrimonio del Principado, y Honorino Alonso, el gaitero de Torrestío, que amenizó el encuentro con el acordeón

Marisa Pola resumió el espíritu del proyecto: «Llevamos en el corazón esta historia porque todos somos descendientes de vaqueros». Una idea que refrendó Rodríguez, feliz por la publicación de una obra que recopila testimonios, de quienes protagonizaron una de las tradiciones más singulares del noroeste peninsular: la trashumancia de los vaqueros entre las marinas asturianas y los pastos de Torrestío.

Los "vaqueros" eran los "indios"

El libro constituye un esfuerzo por preservar la memoria de unas familias que cada primavera emprendían un viaje de dos o tres días hacia los pastos de Torrestío. Allí permanecían hasta la llegada de las primeras nieves otoñales. Jaime Izquierdo reivindicó el valor de esta memoria campesina y su capacidad para ofrecer respuestas a desafíos actuales. «En Asturias los vaqueros eran los indios», afirmó, en referencia al histórico menosprecio que sufrieron estas comunidades. Para el autor, la memoria histórica no solo pertenece a las personas, sino también a los paisajes que ellas construyeron. «Nuestros antepasados no escribieron libros; sus ideas quedaron plasmadas en el territorio», señaló. A su juicio, recuperar esos conocimientos es fundamental para afrontar la gestión del medio rural o la convivencia con la fauna salvaje.

La alcaldesa de Las Regueras destacó el papel de Teresa Rodríguez en la recuperación de esta tradición. Tras su jubilación, comenzó a recoger los testimonios de los últimos vaqueros de alzada y a impulsar la recreación anual de las rutas, iniciada en 2014. Méndez subrayó la importancia de que la trashumancia sea reconocida como patrimonio cultural. Teresa Rodríguez evocó las duras condiciones de aquellas travesías, especialmente el paso por el puerto de Ventana cuando las familias utilizaban esquís de madera para avanzar sobre la nieve, con las vacas que avanzaban a fuerza de pan.. La pérdida de un animal significaba una auténtica tragedia económica. Celso Peyrouyx destacó su especial relación con Torrestío, desde joven, cuando tocaba la guitarra y un buen día hizo un paréntesis en los estudios y se fue a trabaja en las minas de hierro cercanas a Torrestío: «Fueron tiempos difíciles, por eso a Torrestío lo llevo en el corazón», aseguró. n

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