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La tasa Barbón

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Alfredo García Quintana

Alfredo García Quintana

Las declaraciones del PSOE de Oviedo sobre la denominada tasa turística son un nuevo ejercicio de oportunismo político y de absoluta falta de memoria.

Conviene recordar que fue durante el gobierno socialista cuando Oviedo perdió el liderazgo turístico que históricamente había ostentado en Asturias. Fueron años de ausencia de proyecto, de falta de ambición y de una preocupante irrelevancia en el panorama turístico regional. La ciudad dejó de ser la referencia que siempre había sido y perdió la capitalidad turística de Asturias por la incapacidad de quienes hoy pretenden dar lecciones desde la oposición.

Afortunadamente, esa situación ha cambiado. Gracias al trabajo desarrollado en los últimos años por el gobierno de Alfredo Canteli, Oviedo ha recuperado el protagonismo turístico que nunca debió perder. Los datos oficiales del INE, los récords de visitantes y pernoctaciones, el crecimiento del turismo congresual, el posicionamiento de la ciudad como Origen del Camino y el reconocimiento nacional e internacional de nuestra oferta turística acreditan una realidad incontestable: Oviedo vuelve a ser la capital turística de Asturias, el principal motor del turismo regional y destino de referencia en el norte de España.

Resulta por ello especialmente llamativo que el PSOE pretenda actuar como portavoz de una medida impulsada por el Gobierno de Adrián Barbón que ni siquiera ha sido capaz de justificar adecuadamente. La llamada “tasa turística”, o más correctamente la “Tasa Barbón”, nace marcada por la improvisación, la falta de consenso y una alarmante debilidad técnica.

El propio estudio de impacto normativo que acompaña al anteproyecto resulta claramente insuficiente y no aporta una justificación rigurosa que respalde la implantación de un nuevo impuesto turístico en Asturias. No existe una evaluación sólida de sus efectos sobre la competitividad del destino, sobre la actividad económica ni sobre el empleo que genera el sector. Se pretende imponer una nueva carga fiscal sin acreditar previamente ni su necesidad, ni su eficacia, ni los beneficios concretos que aportaría.

Pero hay algo todavía más grave: el Gobierno de Adrián Barbón afirma haber dialogado con los ayuntamientos asturianos y haber escuchado a las administraciones locales. Sin embargo, el Ayuntamiento de Oviedo, capital del Principado y principal motor turístico de Asturias, no ha sido consultado en ningún momento del desarrollo del proyecto. Ni siquiera han tenido la consideración institucional de trasladar formalmente el anteproyecto a los ayuntamientos durante el periodo de alegaciones. Resulta difícil hablar de diálogo, participación o consenso cuando se ignora deliberadamente a la ciudad que lidera el turismo asturiano.

Y la realidad es que el rechazo a la Tasa Barbón es cada vez más amplio. Ayuntamientos turísticos tan relevantes como Oviedo, Gijón, Llanes o Ribadesella han solicitado la retirada del anteproyecto y han manifestado públicamente su oposición a la propuesta. Y resulta significativo que el Ayuntamiento de Villaviciosa, gobernado por el PSOE, haya anunciado que consultará al sector turístico antes de tomar una decisión y que defienda una aplicación conjunta en los municipios de la Mancomunidad. Un reconocimiento implícito de dos evidencias: que no existe consenso y que la Tasa Barbón puede generar agravios competitivos entre ayuntamientos vecinos.

A ello se suma el rechazo unánime de las principales organizaciones empresariales y turísticas de Asturias: Otea, FADE y las Cámaras de Comercio. Es decir, quienes conocen el sector, generan empleo, atraen visitantes y sostienen la actividad económica no respaldan esta iniciativa.

Estamos ante una nueva muestra de la forma de gobernar del Ejecutivo regional: diseñan un impuesto desde un despacho, impulsan una ley por exigencia de sus socios de Podemos para garantizar la estabilidad parlamentaria y, una vez generado el problema, intentan trasladar a los ayuntamientos el coste político de su aplicación. El Principado legisla, genera la polémica y evita asumir las consecuencias de sus propias decisiones.

Quizá antes de exigir a Oviedo que se pronuncie sobre cómo gastar una recaudación hipotética, el grupo municipal del PSOE debería explicar por qué respalda un impuesto mal diseñado, mal justificado y rechazado por buena parte de los ayuntamientos turísticos de Asturias y por la totalidad de las organizaciones representativas del sector.

Y también debería explicar cómo es posible que quienes protagonizaron la peor etapa turística de la historia reciente de Oviedo pretendan ahora presentarse como referentes en política turística.

Los ovetenses saben perfectamente quién hizo perder a esta ciudad su liderazgo turístico y quién ha trabajado para recuperarlo.

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