Marc Miralta se pega una juerga flamenca en Oviedo
El baterista celebra en el Campoamor los 25 años de «New York Flamenco Reunion» con una formación de lujo y noventa minutos de jazz sin concesiones

El concierto de Vetusta Jazz, anoche, en el Campoamor. / Mario Canteli / LNE
Á. F.
El baterista Marc Miralta entusiasmó ayer al público que llenó el Teatro Campoamor, donde, dentro del ciclo Vetusta Jazz, ofreció el primer concierto de la gira conmemorativa del 25.º aniversario de su legendario álbum «New York Flamenco Reunion».
El propio Miralta se mostró emocionado al recordar la efeméride durante su primera intervención ante el público. Felicitó a los asistentes ovetenses y también a sus compañeros de viaje por inaugurar una celebración que recorrerá varias ciudades de España y Europa. «Lo vamos a tocar de arriba abajo», afirmó entre aplausos. El disco revisita estándares de Thelonious Monk y Charlie Parker, entre otros genios del jazz, trasladados con brillantez al lenguaje flamenco.
El concierto alternó momentos de delicadeza sublime, como la exquisita versión de «Bésame mucho», que parecía acariciar al público, con otros de vibrante intensidad flamenca, rozando el jaleo y convertidos en una invitación abierta a la fiesta y al baile.
El extraordinario elenco reunido por Miralta propició una generosa sucesión de solos y diálogos musicales que despertaron una y otra vez los aplausos espontáneos de los asistentes. Era de esperar la elegancia y el virtuosismo de Perico Sambeat, socio histórico de Miralta y único integrante de la formación original presente en esta gira. Fueron igualmente memorables las intervenciones de Shai Maestro, invitado de excepción para la velada y considerado uno de los grandes talentos de su generación. Un auténtico privilegio para el público ovetense.
Siempre protagonista, Miralta ejerció de líder indiscutible del proyecto, destilando energía y alegría desde la batería. Magníficamente secundado por la exuberante percusión de Bandolero, viejo conocido de Vetusta Jazz, que también supo crear espacios de intimidad con su cajón flamenco, llegando por momentos a marcar el pulso de los latidos del Campoamor. Sorprendente, valiente y melódico se mostró asimismo el jovencísimo Miquel Álvarez al contrabajo.
Noventa minutos de jazz de altísima escuela. Una noche que pasó como un soplo fresco en plena ola de calor y que deja un recuerdo imborrable en la aún joven pero ya entusiasta historia jazzística de Oviedo.
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