Oviedo despide, en una iglesia a rebosar, a José Luis Alonso Tuñón, el cura "que sabía escuchar" y "llevaba todos los nombres en el corazón"
Cientos de fieles despiden al párroco, fallecido de forma inesperada el pasado lunes, en un emotivo funeral oficiado por el arzobispo de Oviedo

Decenas de sacerdotes y el Arzobispo junto al féretro durante el funeral. . En el círculo, José Luis Alonso Tuñón en una imagen de archivo. / LNE
La despedida de José Luis Alonso Tuñón, Donjo para los feligreses más cercanos, desbordó este miércoles la iglesia de San Isidoro el Real. Más de dos horas de exequias junto al féretro precedieron a un funeral multitudinario presidido por el arzobispo, Jesús Sanz Montes, que definió al sacerdote como un hombre que «sabía escuchar», una «persona elegante y educada» y un «queridísimo hermano». Entre lágrimas y abanicos, los fieles arroparon por última vez al párroco que durante 29 años estuvo al frente del templo. Al final, cuando el coche fúnebre esperaba ya ante la portada de la iglesia, una gaita puso música al adiós y el «Asturias, patria querida» sonó como un abrazo colectivo.
El féretro llegó a las diez de la mañana. La decisión permitió a muchos que no habían podido acudir al tanatorio de Los Arenales encontraran tiempo para despedirse. Durante más de dos horas, el templo recibió un incesante goteo de amigos, familiares, sacerdotes y feligreses. Muchos se detenían unos segundos en silencio. Otros apoyaban una mano sobre el banco antes de persignarse. Algunos no lograban contener las lágrimas.

La iglesia de San Isidoro abarrotada durante el funeral. / Fernando Rodríguez
El calor añadió una imagen poderosa a la mañana. Con más de treinta grados en el exterior y alrededor de medio centenar de cursas presentes, San Isidoro era un mar de abanicos. Una multitud llenó por completo la nave central. En muchos rostros resultaba imposible distinguir dónde terminaba el sudor y dónde comenzaban las lágrimas. Todos miraban hacia el mismo lugar: el féretro colocado delante del altar, junto a la imagen de La Dolorosa que tanto veneró, cubierto por uno de los emblemas de la parroquia a la que Alonso Tuñón llegó en 1997 y que acabó siendo su casa.
Hubo numerosos vecinos de Pola de Siero, primer destino pastoral del sacerdote, y una amplia representación del equipo de gobierno local integrada por Mario Arias, Conchita Méndez, Leticia González, José Ramón Prado, José Ramón Pando, María Velasco, David Álvarez, Daniel Tarrio y Charo Suárez. También estuvieron los ediles socialistas Carlos Fernández Llaneza y Juan Álvarez, así como Alejandra González (Vox). Desde el altar, el Arzobispo agradeció su asistencia y pidió que trasladaran su gratitud al Alcalde por las condolencias que le envió tras conocer el fallecimiento.
La entrada de Jesús Sanz Montes estuvo acompañada por uno de los momentos más conmovedores de la jornada. La Escolanía de San Isidoro recibió al prelado entonando a pulmón «Hacia ti morada santa». Después llegaron otros clásicos litúrgicos interpretados por las voces del coro y el órgano de Nacho Yagüe. Elisa García, directora de la escolanía y organista habitual de la parroquia, explicó antes de la ceremonia que el repertorio respondía a los gustos del sacerdote. «Son más o menos las piezas que siempre nos pedía», señaló.
Las referencias a la melomanía del párroco acaparaban los corrillos. «Amaba la música. Yo creo que tenía Radio Clásica puesta las veinticuatro horas», recordó García. También evocó al sacerdote cantor que tantos conocieron. «Tenía un vozarrón de bajo impresionante. Le gustaba mucho cantar», afirmó. Y añadió otra de las claves de su personalidad: «Era una persona conciliadora, muy inteligente y de gran formación humanista».
En la homilía, Jesús Sanz Montes trazó un retrato cercano del fallecido. Recordó que «la parroquia de San Isidoro el Real» estaba «llena de gente para pronunciar un último adiós» a «un hombre que prestó sus labios para trasladar la palabra deDios». También subrayó que fue un sacerdote que acompañó «las lágrimas y las risas de la gente que la Iglesia pone en sus manos».
Luis Manuel Alonso, hermano mayor de la cofradía del Santo Entierro, leyó al final un comunicado conjunto de la parroquia. «Nos despedimos con los ojos terrenos llenos de lágrimas, pero con la esperanza puesta de un hasta pronto», proclamó. Y remató con una frase que emocionó al templo abarrotado: «Hasta pronto Donjo, nos vemos».
Minutos después, cuando el féretro cruzó por última vez las puertas de San Isidoro hacia el coche fúnebre para el traslado de los restos a su Proaza natal, la gaita de Olaya Cueva rompió el silencio. «Él me enseñó a tocar la gaita. Yo solo tocaba la travesera y él me metió esta afición. Quise hacerle este homenaje», explicó entre lágrimas la intérprete, nieta de una prima del fallecido, que tocó con más pasión que nunca el «Asturias, patria querida», arrancando un fuerte aplauso del templo abarrotado en la mañana de un miércoles para brindar un último homenaje al cura que San Isidoro nunca olvidará.
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