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"Depresión Sonora" se sube mañana al escenario del Vesu en Oviedo: "Yo encantado de gustarle a Pedro Sánchez, más con el altavoz que tiene; no seré yo quien se queje"

"Los festivales son como ir a un catering a picotear un poco de cada y, al final, te quedas con lo que más te gusta"

Marcos Crespo, "Depresión sonora".

Marcos Crespo, "Depresión sonora". / DS

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Marcos Crespo (Vallecas, 1997), la mente detrás del fenómeno musical "Depresión Sonora", reconoce que, aunque su ascenso parezca fulgurante desde fuera, para él ha sido un proceso "progresivo". El artista del post-punk y del lo-fi ha pasado de componer en soledad a liderar una banda de varios músicos y destaca que su sonido busca ser un reflejo "literal y literario" de lo que el propio nombre de su proyecto sugiere; también el juego de palabras acústico. Crespo advierte sobre la saturación digital de su generación, señalando que a menudo la gente vive "encerrada en Internet", lo que casa con el título de su último disco, "Los Perros No Entienden Internet (...Y Yo no Entiendo de Sentimientos)". "Ellos viven superagusto sin tantas preocupaciones como las que tenemos nosotros, que no son reales, porque solo están dentro de ti", sentencia el músico, que fue recomendado recientemente por el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, y que llega a la capital asturiana este sábado para actuar en el Festival Vesu; será a las 20.35 horas cuando se suba al escenario Vibra Mahou del Espacio FMC, en el Campillín.

¿Cómo definiría usted "Depresión Sonora" para alguien que aún no se haya sumergido en su universo?

Yo soy un chaval de Vallecas, bueno, ya no soy tan chaval. Con "Depresión Sonora" intenté que el nombre del proyecto fuera bastante literal y literario al principio, que representara bien el sonido. Es música que suena rápida, pero apagada y oscura. Creo que lo interesante de esto es escucharlo y descubrirlo más que intentar definirlo porque a veces es complicado. Me pareció un nombre divertido, es un juego de palabras que viene del nivel de presión sonora de un altavoz y me cuadraba muy bien con todo el concepto.

Este sábado toca usted en el festival Vesu de Oviedo. ¿Se siente igual de cómodo en este formato que en el ambiente de las salas?

Nada que ver. Son mundos opuestos. A mí me gustan muchísimo las salas. O sea, las salas son cien por cien mi lugar nativo en el que al final tienes al cien por cien de las personas que hay ahí que son tu público, se saben las canciones. Es un espacio quizás más íntimo, más cercano en el que uno puede dar conciertos largos donde explayarse y contar mejor la historia. Los festivales están guais también, yo los veo como ir a un cóctel, a un catering a picotear un poco de cada y al final te quedas con lo que más te gusta.

¿Cambia el repertorio un festival?

El propio formato lo requiere. En una sala me dicen "toca lo que quieras", tú organizas tus horarios. En un festival tienes un slot (hueco) y al final sí, recortas bastante los sets. Te vas quedando, depende a dónde vayas y a la hora a la que toques, con unas canciones u otras que creo que pueden cuadrar mejor con el momento. El festival es mucho más accesible y lógico para escuchar cuatro conciertos en un día, pero a veces es un poco más caótico y más agobiante. Los festivales son donde acabas cansado.

Su último disco se titula "Los Perros No Entienden Internet". ¿Qué mensaje encierra?

Quise hacer una metáfora un poco desarrollada. Tengo a mi perro que ya tiene quince años y le he visto siempre muy tranquilo y muy a gusto mientras yo he vivido muchas épocas de estar muy agobiado y muy estresado y quizás encerrado en Internet o en situaciones que no corresponden al mundo real, al mundo tangible. Los perros viven superagusto porque no tienen un montón de preocupaciones que no son reales, que podrías no tenerlas perfectamente porque solo están dentro de ti. Es un ejercicio de conectar con la realidad y de desconexión de tanta tecnología y de tanto dogma que hay a veces. Nuestra generación lo está viviendo muy intensamente y hace falta conectar con la emocionalidad real, cara a cara y física.

Recientemente, el presidente Pedro Sánchez le recomendó en redes sociales. ¿Cómo recibió usted ese apoyo público?

Sí. Yo encantado si le gusta la música que hago. Ya era conocedor de que le gustaba "Depresión Sonora", me había llegado por otros lados que le llegó un disco nuestro en algún momento. Y guay, encantado la verdad y más con el altavoz que tiene, no seré yo quien se queje.

Seis años después de sus primeras grabaciones, ¿ve usted un cambio claro en su música?

Ha habido una evolución muy marcada pero muy progresiva. Quizás este disco ha sido como el más producido hi-fi, más desarrollado de alguna manera y con una producción mucho más extensa. Pero no creo que sea una cuesta arriba sino un viaje. Quizás mañana saco algo que suena mucho más lo-fi y mucho más minimalista que lo primero. El ascenso ha sido rápido pero progresivo, no me he saltado ningún paso nunca. He empezado en las salas más pequeñas y ahora poco a poco hemos ido subiendo. Hay mucho trabajo todos los días detrás.

Usted tiene un éxito notable en Latinoamérica. ¿Qué diferencias nota cuando toca allí respecto al público español?

El primer año, en la pandemia, lo viví todo a través de la pantalla y las interacciones venían sobre todo de México y Latinoamérica. Cuando viajamos allí ya hicimos varias salas y llenas. El público es mucho más intenso que el de aquí, es cultural allí. Viven la vida de una manera mucho más intensa y viven la música muy dentro. Allí no hay tantas apariencias como en España, que se ven en muchos festivales por querer ser o ir al evento de turno por postureo. Allí quien te sigue se sabe todas tus letras de memoria y va a ir siempre a verte. Es otra manera de consumir. No son fans de todo, pero cuando algo les gusta lo viven muy intensamente.

¿Qué huella espera dejar en los que se acerquen al Vesu?

Espero que se lleven algo, no sé si bueno o malo pero que se lleven algo. Que no sea la sensación que de vez en cuando queda en los festivales de que has pasado por allí como el que pasa a saludar. Que lo vean atentamente y se lleven una impresión que marque de alguna manera, no que sea ir allí a darte un paseo y ver qué sucede y al final no llevarte nada.

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