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El comandante Pina, jefe de Relaciones Institucionales de la Delegación de Defensa, se jubila: "Me retiro con la profunda satisfacción del deber cumplido"

"El mayor patrimonio de mi carrera no son los galones, sino con quienes compartí el camino"

El comandante Jesús María Pina.

El comandante Jesús María Pina.

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Casi 45 años de servicio avalan la trayectoria de un militar que ha visto la transformación Fuerzas Armadas españolas desde la transición hasta hoy. Conocido por su carácter cercano, el hasta ahora Jefe de Reclutamiento y Relaciones Institucionales de la Delegación de Defensa en Asturias, el comandante Jesús María Pina (Avilés, 1961) se retira con "la satisfacción del deber cumplido" y llevándose un patrimonio que no va en galones, sino "en las personas con las que compartí el camino".

Si piensa en el día que decidió ser milita, ¿qué le viene?

No soy de familia militar. Me empezó a gustar con 17 años. El hermano de un amigo estaba en Zaragoza y me hablaba de sus andanzas por la Academia. No fue un flechazo, fue una decisión meditada y cuatro compañeros de COU del Colegio Loyola nos presentamos juntos.

¿El ejército ha cambiado mucho desde que ingresó?

Sí. Ingresé en 1981 y teníamos unos medios de formación buenos, aunque el Ejército en muchos aspectos estaba envejecido. Con Felipe González comenzó una modernización muy importante. Hoy día contamos con unas Fuerzas Armadas muy profesionales, adaptadas a los retos actuales, sin perder la esencia.

¿Y usted?

De aquel joven queda el hombre que cumplió su palabra y los valores que me inculcaron. Y me ha acompañado hasta el último minuto la ilusión por hacer mi trabajo con un sentido profundo. Los años te da experiencia y madurez, pero nunca debe quitarte la pasión. Me retiro con la mayor recompensa para un soldado, lo que siempre decimos en la milicia: la profunda y tranquila satisfacción del deber cumplido.

Está muy ligado a Trubia.

Mi vínculo con Trubia es total. A mi abuelo paterno, talaverano, le llamó un comandante destinado a la Fábrica de Armas de Armas con el que trabajó cuando aún era capitán, y se casó aquí. Mis padres se casaron en Trubia y, aunque vivíamos en Avilés, gran parte de mi infancia, de la que tengo recuerdos enormemente felices, la pasé allí.

¿Qué fue lo más difícil en sus primeros años de servicio?

El primer golpe fue el fallecimiento en la academia de tres compañeros por la explosión de una granada de fusil. Tenía 19 años, fue duro. En Lérida había temperaturas bajo cero durante todo el invierno y muchas horas de clase, instrucción y adiestramiento.

¿Cómo fue su tránsito hasta la Delegación en Asturias?

Primero pasé por Villanubla; era un curso de Artillería Antiaérea con material americano. Posteriormente estuve en un polvorín en Cuadros (León). Luego en el RACA 11, en Fuencarral (Madrid), para posteriormente marchar al RACA 63 en San Andrés de Rabanedo (León) como teniente. Al ascender a capitán pasé al Cuartel General del Mando de Artillería de Campaña, hasta que en 2011 recalé aquí como comandante.

De ellos, ¿cuál considera que fue su "prueba de fuego", el que más le marcó?

Mi destino con un capitán asturiano, el luego coronel Ricardo Duyos Gutiérrez, moldeó parte de mi personalidad. Después he aprendido mucho de mandos y subordinados; en el Ejército nunca se deja de aprender.

La Delegación de Defensa en Asturias impone. ¿Cómo es la relación con la sociedad desde allí?

Tiene mucha presencia y cuando llegas por primera vez te das cuenta del peso institucional. Es casi como entrar en un museo. Está lleno de bustos, tapices y cuadros que reflejan la historia propia y regional. Respecto a la sociedad, una relación muy positiva, con una gran integración. El cariño y el respaldo es absoluto y lo agradecemos. El mejor ejemplo es cuando recibimos visitas de grupos o durante la Noche Blanca de Oviedo. Todos los jueves abrimos las puertas de par en par para dar a conocer los tesoros que alberga el edificio.

Ha sido el Jefe de Reclutamiento y de Relaciones Institucionales. ¿Cómo son esos puestos?

El primero, de gran responsabilidad, somos el primer contacto con los que quieren formar parte de las Fuerzas Armadas y tiene una dimensión humana enorme. Al sentarte con un joven que está decidiendo su futuro, no solo explicas una salida profesional o unos requisitos, le abres a una forma de vida que, a mí, me lo ha dado todo y es una satisfacción. Sobre Relaciones institucionales, ha sido una actividad muy enriquecedora que nos acerca a la sociedad con un objetivo muy claro: dar a conocer quiénes y cómo somos y qué hacemos.

Fue enlace con las instituciones civiles y muy conocido por su cercanía y amabilidad.

Va en la forma de ser, pero tengo mi carácter y también me encabrono. En nuestra profesión la disciplina y el rigor son fundamentales, pero eso no está reñido con ser accesible, respetuoso y empático. Eso sí, soy una persona directa y de reacciones rápidas cuando se requiere. Luego, la confianza es la base de todo. Factor clave para funcionar bien con todas las entidades es nuestra neutralidad; no tenemos ideología política, lo que permite colaborar con las instituciones con transparencia independientemente del signo político que gobierne.

Tras 45 años, ¿cómo se siente uno al quitarse el uniforme?

Estoy contento, aunque no es fácil asimilar el cambio después de casi medio siglo vistiendo el uniforme, pero afronto esta nueva etapa con ilusión y ganas de hacer aquello para lo que no tenía el tiempo. Ahora la prioridad absoluta es la familia y seré su fichaje a tiempo completo. Toca estar con mi mujer, un apoyo fundamental que siempre entendió las exigencias de la profesión, y con mis hijos, que valoran mi profesión y eso me llena de orgullo; también cuidar de mis padres, que todavía viven y espero que por mucho. Además, soy una persona activa y quiero mantener la forma con mis aficiones de siempre, como el pádel y al running.

¿Qué le diría a quien le releva?

Que disfrute del destino, es una plaza extraordinaria. El capitán de corbeta Juan Carlos Pastor es un grandísimo profesional y muy buen amigo mío. Conozco de primera mano su trayectoria: grandísima experiencia, enorme capacidad de trabajo y perfil institucional impecable. Lo hará incluso mejor que yo. Le dejo el testigo con la absoluta tranquilidad de que queda en las mejores manos. Le deseo el mayor de los éxitos.

¿Qué le enorgullece más de su trayectoria?

De haber servido a España con lealtad, disciplina y compromiso inquebrantable. El mayor patrimonio no son los galones, sino lo aprendido de las personas con las que he tenido el honor de compartir camino. Orgullo muy especial por mi labor en la Delegación, impulsando el ingreso de las nuevas generaciones. Es una satisfacción enorme ir a un centro educativo, a una feria o a un foro de empleo y ver el relevo al compartir tiempo con los oficiales o soldados jóvenes tan preparados y ejemplares y comprobar que el futuro de nuestras Fuerzas Armadas está asegurado. Doy las gracias de corazón a todos los que forman parta de la Delegación. Ha sido un orgullo y un privilegio trabajar con vosotros. Especial recuerdo a quienes dejaron huella en mi trayectoria en la Delegación y ya no se entre nosotros: mi primer coronel, Baldomero Argüelles; para el teniente Jaime, los funcionarios Isaac y María Teresa y para los reservistas voluntarios Constantino Muñiz, Francisco Fanego y Marcos Testera. Su profesionalidad y su calidad humana siempre me acompañarán.

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