"Cuando faltan la cultura, la empatía y los valores, ocurren las guerras"
"Como soy un viejo judío estoy convencido de que el diálogo, lo intercultural, en lo musical y en lo humano, es lo necesario"

Yuri Nasushkin. / Irma Collín

Yuri Nasushkin (Kiev, Ucrania, 1953) llega del ensayo con el "Ensemble Ars Mundi" con una energía muy parecida, posiblemente, a la que desplegaba los días previos al 21 de junio de 2009, Día Europeo de la Música y fecha en la que la orquesta de cámara en la que sigue como director artístico debutó en el Auditorio Príncipe Felipe. Han pasado 18 años desde su formación y hoy tocarán en la Colegiata de San Juan Bautista de Gijón a las 19.00 horas con un programa que repetirán el martes a las 19.45 horas en Oviedo, despidiendo la temporada de los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. Pero la historia de Yuri Nasushkin en Asturias empieza mucho antes.
¿Cuándo llegó aquí?
Estoy aquí desde el 3 de noviembre de 1990. Llegué como miembro del grupo de profesores que acompañaba a la orquesta Los Virtuosos de Moscú. Llegamos por la invitación de la familia real española, a través de la Fundación Príncipe de Asturias capitaneada por Plácido Arango y con el gran contacto de Graciano García. Teníamos un contrato y cuando ese contrato se acabó yo seguí haciendo cosas, tanto como profesor del conservatorio de Asturias como haciendo proyectos en diferentes países, algunos no tan cercanos como Corea del Sur, Venezuela o Ucrania.
Su patria, allí nació.
En Kiev, en 1953, de varias generaciones de nacidos allí. Más profundo, imposible.
¿Familia de músicos?
No, he sido el único. Otros miembros tenían otros dones artísticos, pero el único músico profesional he sido yo, desde los seis años.
¿De dónde nació esa vocación?
Viendo que tenía ciertas cualidades, mis padres decidieron llevarme con profesionales. Durante 12 años estudié en un centro integrado en Kiev, enseñanza general y música. Hice dos años de conservatorio superior en Kiev y durante cuatro años, entre 1973 y 1977, hice mi primer postgraduado de violín en la Academia Gnesin de Moscú. Después en España cursaría otro en dirección de orquesta, muchos años después. He de decir que me formé con los mejores profesores y gracias a los grandes logros educativos de mi país, con un sistema de enseñanza musical que en su momento fue el mejor del mundo.
¿A qué se dedicaban sus padres?
Mi padre fue ingeniero de irrigación, fue un alto cargo del Ministerio de Agricultura de Ucrania. Y mi madre fue médico, ginecóloga.
¿Tiene hermanos?
Tenía dos hermanos mayores, pero ya no están con nosotros.
¿Su esposa?
Lidia Stratulat, gran pianista que aparte de ser catedrática de conservatorio superior de Moldavia, durante 16 años ha trabajado en el Real Conservatorio Superior de Madrid.
¿Cómo se conocieron?
En Moscú. Ella estaba cursando el postgraduado en el Conservatorio Tchaikovsky cuando yo fui a la Academia Gnesin y desde 1975 me aguanta. Llevamos 51 años juntos sobreviviendo a todo lo bueno y todo lo malo que hay en la vida. Hemos tenido dificultades, somos profesionales y cuando me incluyeron gracias a mi maestro, Vladímir Spivakov, en Los virtuosos de Moscú empezamos una nueva vida en España. Pero 13 años antes había sido profesor en Moldavia, solista de la Filarmónica Moldava, primer violinista del cuarteto de la Televisión de Moldavia y concertino de la Sinfónica de la Ópera de Moldavia.
Llega a Asturias con una carrera ya formada
Y con centenares de alumnos por el mundo. No empezamos de cero aquí. Otra cosa es que a partir de este momento surgieron más cosas.
¿Cómo recuerda ahora aquel cambio, dejar la Europa del Este y empezar en Asturias?
¡Uggggh! (se lamenta) El cambio fue muy fuerte y doloroso, porque se había hundido un país grande como la URSS y al pasar aquí había que acostumbrarse a otras culturas, a otros idiomas, a otra mentalidad, otro chip, otra relación alumno-profesor, profesor-alumno, otro sistema de dar clases y otros valores.
Pero se aclimató bien
Invitaron a Los Virtuosos y a seis profesores. De los profesores, ninguno de ellos se ha quedado después de 38 años. Unos eran mucho mayores que yo, otros solo mayores. Cuando se terminó el contrato de tres años tuvimos la suerte de empezar a crear algo importante en el Conservatorio Superior Eduardo Martínez Torner. El centro empezó a ser una referencia, sobre todo en la cuerda, en música de cámara… Después, fue en un concierto con las orquestas del conservatorio, en 1997, en presencia de Don Felipe, todavía príncipe, cuando las autoridades decidieron crear la Joven Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Yo he sido el fundador y hemos aguantado once años. Luego me tocó hacer muchísimas cosas. Junto a mi esposa, hemos compuesto un archivo personal de toda esta trayectoria y lo hemos dejado recientemente, treinta carpetas grandes, en el archivo de la Biblioteca de Asturias, en el Fontán. Al verlo me parecía mentira la cantidad de cosas que hemos hecho.
¿Qué idea tenía de Asturias y de España antes de venir aquí?
Mi gran conocimiento del español en aquellos momentos era el "No pasarán" y el "Bésame mucho". Y ahora puedo decir que manejo un conocimiento de España y Asturias mejor que algunos españoles. De todas formas, en nuestra cultura exsoviética sabíamos más de España y la literatura en español a través de las traducciones. Desde Borges hasta Valle-Inclán o Garcia Lorca. La cultura humanística en nuestro país era muy importante. La curiosidad por el saber era lo que correspondía a los mejores ciudadanos de la antigua URSS, pertenecemos a esa generación y puedo decir que gracias a esa cultura pude dar lo que he dado en España. Gracias a lo que aprendí de mis maestros y a la "intelligentsia", a los físicos, químicos, médicos, arquitectos, o mineros. Todos sabían más de música que yo. Cuando aparecían nuevos libros incluso algunos prohibidos íbamos buscando su conocimiento.
¿Y cómo fue su aterrizaje con la realidad española y asturiana?
Como en cualquier sitio, tuve la suerte de conocer a los mejores asturianos de Asturias. Por mi actividad y la de mi mujer es como una selección natural. Todo lo superfluo quedaba aparte y nos tocaban y nos siguen tocando las mejores personas. Pero esto sucede con cualquier pueblo, todos tienen sus pros y sus contras. Lo importante es la cultura del diálogo, lo intercultural, en lo musical y en lo humano. Y como soy un viejo judío estoy absolutamente convencido de que eso es lo necesario.
Volvamos a "Ars Mundi". Funda el Ensemble cuando acaba la Joven Orquesta. ¿Por qué?
Nuestro dios es la música de cámara, es una necesidad espiritual, es la joya de la cultura mundial en la que las personalidades más grandes del mundo de la música entregan sus obras. Es un diálogo entre uno y uno mismo, entre dios y el diablo. Cada uno de nosotros tiene que elegir a quién rezar, si a la esperanza o la desesperanza. Mi filosofía, una de ellas, es la de los estoicos de Séneca, de Marco Aurelio, de Epicteto. Se trata de percibir el mundo a través del saber. Y la orquesta, el violín, el piano, el cuarteto, las clases… La técnica no es el objetivo sino el medio, y a través de la música de cámara tanto yo como Lidia estamos convencidos de que nos salvan ciertas personas: Bach o Mozart. Igual que Cervantes o Velázquez en el arte. O Schubert. No sabemos hasta qué punto ellos sufrieron, pero sus obras nos salvan. Y si no se valora esto, por culpa de una grandísima falta de cultura, de empatía y de valores, entonces ocurren las guerras. Estoy absolutamente convencido de esto.
Entiendo que sobre esas mismas ideas construyó el "Ensemble Ars Mundi"
Creo que fue Goethe el que dijo que tu patria es tu trabajo y tu grupo de amigos. Con esa idea quisimos crear una orquesta de cámara. Y lo hicimos no solo con gente de aquí. Ahora hay gente de Galicia, Madrid, Cataluña, Cartagena, Zamora, León. Pero lo importante no es la orquesta en sí, esto no funciona con la batuta y el servicio militar, la cosa surge desde dentro.
Tiene 73 años ¿cómo se relaciona con los músicos jóvenes de esta orquesta?
Son diferentes comparados con las generaciones anteriores. Yo estoy orgulloso de que teniendo tantas dificultades laborales, vitales, económicas, no hayan perdido el interés en hacer algo juntos. Aquí no hay ninguna obligación. Mañana tocamos y dentro de un tiempo, no. Pero estamos todos locos de la misma enfermedad. No quiero parecer un viejo que está criticando a los jóvenes, yo los entiendo. La vida de un músico es ahora bastante más difícil que hace 18 años. Por muchas razones, porque el mundo en general va un poco al revés en el sentido de que en muchísimas más ocasiones el mal vence al bien.
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