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Negocios de siempre

Casa Pepito va por la tercera generación de una saga que abrió la tienda en 1913 tras arrancar con un puesto de madreñas en la plaza

El emblemático local, ubicado en Trubia, ya cuenta con una presencia de más de un siglo de venta de ropa y calzado

Pepito García, con la placa del Ayuntamiento, que acredita a su tienda como uno de los negocios históricos del concejo de Oviedo.

Pepito García, con la placa del Ayuntamiento, que acredita a su tienda como uno de los negocios históricos del concejo de Oviedo.

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Trubia

Casa Pepito es toda una institución en Trubia, no en vano ha vestido y calzado a generaciones enteras después de que el fundador, José García Fernández abriera la primera tienda en lo que antes era la calle del Vasco, hoy Suárez Inclán, en el mismo lugar donde permanece ahora con el tercer Pepito García de una saga que se hizo emprendedora hace más de un siglo.

Todo empezó en la plaza de abastos de Trubia, donde José García tenía un puesto allá por 1910 que trabajaba a fondo todo lo relacionado con la madreña, el principal calzado de la época allá por 1910. "Tenía todo tipo de madreñas, gomas y puntas y era cuando la gente bajaba de los pueblos caminando por esos caminos sin asfalto", cuenta Pepito García de unos tiempos que conoció por boca de los pioneros de su familia. Era cuando Trubia ya tenía su Fábrica de Armas a todo rendimiento.

Hasta tal punto llegaba el trasiego que cuando la gente coincidía en las calles de la villa cañonera, el claqueteo de cientos de madreñas era toda una banda sonora de lo más ruidosa, sobre todo cuando esa coincidencia se daba a las seis de la mañana, para entrar al tajo. Así que el primer Pepito García vio el negocio que suponía reponer madreñas, clavos y puntas. Tanta fue la demanda que de aquel puesto en la plaza de abastos trubieca pasó al local en la calle del Vasco, desde donde el iniciador de la saga surtió de madreñas no solo a Trubia y los pueblos de los alrededores, sino incluso a gran parte de las cuencas mineras.

Casa Pepito incorporó luego la venta de comestibles a granel. "Hasta se cortaba el bacalao con una cuchilla", revela el tercer José García al frente de la tienda centenaria de Trubia, que en los años cincuenta contó con el complemento de Almacenes García, especializado en la venta de telas , algodón y ropa de cama, como colchas y mantas que vendía también por "toda Asturias", de cuando los colchones de lana se vareaban "todos los años".

El escaparate de la tienda trubieca.

El escaparate de la tienda trubieca. / C. P.

Al principio de la década de los sesenta hubo relevo en el negocio y fue su padre quien tomó las riendas, con el abuelo fundador ya mayor. Eran los tiempos de las medias de lana y de cristal y en Casa Pepito se cogían los puntos para arreglar las carreras de las medias. "Todavía tengo la máquina de coger puntos a las medias, que se utilizó hasta 1985", apunta el actual titular de un negocio que comenzó a frecuentar desde bien pequeño, junto a su hermano, Jesús. Ambos de pequeños echaban una mano siempre que su padre, Pepito García "El Cloyo", o su madre Felicitas Vicente se lo pedían.

De compras a Cataluña

En aquellos años el matrimonio cogía su Seat 1500 para ir hasta Cataluña, donde compraban textil y confección en las fábricas de Mataró, Badalona. "La mercancía llegaba en tren quince días después y de la estación de Oviedo nos la traía La Carretona, una mujer con varios empleados a su cargo, que era el Seur de la época, que al entrar en la estación de Trubia gritaban, por ejemplo, ‘cinco paquetes para Pepito’ y los tiraban en el andén. Teníamos que estar allí para recogerlos". El padre murió en 1969 y su esposa, Felicitas, tiró del negocio y sacó adelante a los dos hijos. El mayor, Pepito García Vicente, se incorporó ya de forma estable a la tienda en 1977. Y ahí sigue, al otro lado del mostrador junto a su mujer, Bene, "ofreciendo moda y calzado de calidad, siempre que es posible fabricados en España". Y para mantenerse al pie del cañón Pepito hace una petición clara, que comparte buena parte del gremio: "Los comerciantes de Trubia somos tan capaces de mantener actividad que solo nos hacen falta dos señales de tráfico que prohíban aparcar más de dos horas frente a la calle General Cubillo para que puedan parar los vecinos que vienen al médico o a los comercios. La gente lo pide a voces porque todos los estacionamientos del centro de Trubia quedan ocupados todo el día, desde el inicio de la jornada laboral" .

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