Llaneza, una revolución que no terminó de ser
El último candidato del PSOE quemó muy pronto el impulso de cambio con el que nació su proyecto y no acabó de mostrarse cómodo en la vida política

Carlos Fernández Llaneza. / EUROPA PRESS
Hace cuatro años, cuando nació la candidatura de Carlos Llaneza, su nombre vino de la mano de la preocupación intelectual y medioambiental por la ciudad. Era un hombre de letras al que le dolía Oviedo y llegaba en el fin de ciclo de la etapa de Wenceslao López, primer alcalde socialista de este siglo en la ciudad, pero quemado en el gobierno tripartito y en los cuatro años de oposición en el primer mandato de Canteli. En ese contexto, Llaneza era un cambio y prometía una ilusión en la AMSO. Cuatro años más tarde, su repentina renuncia a repetir como candidato parece el final amargo de una revolución que no acabó de serlo, y con su protagonista en un papel entre Quijote y Bartleby, entre el sueño romántico y un terco rechazo la subordinación.
Muchos creyeron encontrar al principio en Llaneza otro tipo de candidato, con la potencia de la transformación que puede estar detrás de esos dos personajes literarios, pero sin el reverso amargo que los acompaña. Quizá fueron las expectativas lo que ahogaron su proyecto, pero desde el inicio mismo de la campaña electoral Carlos Fernández Llaneza empezó a sufrir o, al menos, a aparentarlo, cierto incomodo con las formas y los condicionantes del mundo de la política local.
En ese lugar tan desapacible, este erudito de la historia local no lo tuvo fácil. Hay que recordar que perdió la primera votación de las primarias ante el candidato de Wenceslao, el hoy diputado regional Ricardo Fernández. Y que solo la alianza y la integración de cara a la segunda vuelta de la tercera candidata, Natalia Sánchez Santa Bárbara, le acabó dando una victoria muy estrecha, de solo siete votos.
En la vida como líder de la oposición en el Ayuntamiento de Oviedo hubo altibajos. Pese al pasado común en el Centro Asturiano, no logró establecer una relación sana con el alcalde, Alfredo Canteli. La oposición dentro de un clima de cordialidad, un poco a la manera ensayada por Gaspar Llamazares, fue imposible. Los choques fueron constantes desde el principio, por las dos partes, y el carácter político de Carlos Fernández Llaneza se fue agriando con el paso del mandato.
Queda ahora la duda de esta última renuncia. Pese a que insiste en que nunca confirmó que se presentaba, sí lo había ido dejando entrever, y una nueva actitud pública y actividad en redes confirmaba que estaba iniciando la carrera. Los motivos personales que le han llevado a no concurrir a las primarias solo él los sabe. Desde fuera, y conocidos los repetidos choques que tuvo con la FSA, parece que la proliferación de candidatos no ha ayudado a acabar de ilusionarle.
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