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Opinión

Resiliencia ucraniana

Profunda interpretación de "Ars Mundi" y "Cuorum" bajo la batuta del maestro Nasushkin

Enriquecimiento cultural y cambio de perspectivas. Esos fueron los preceptos con los que el violinista ucraniano Yuri Nasushkin, director musical de la velada, abrió el concierto. Dejando claras las intenciones tanto interpretativas como personales, el programa abordó un repertorio con claros tintes eslavos, a excepción de la obra del compositor austríaco Franz Schubert.

Iniciando el concierto con la pieza "La Muerte y la Doncella", la orquesta supo transmitir la esencia que el maestro Schubert le inculcó al componerla: repleta de giros rítmicos y efectos armónicos, supo transmitir la esencia de la muerte misma. La obra, originalmente compuesta para cuarteto pero ingeniosamente adaptada para orquesta de cuerdas por Gustav Mahler, contó con una buena ejecución de los diálogos entre las distintas voces, sabiendo la joven orquesta profundizar en el sentimiento de pesar de la obra, y sobre todo, en el de la aceptación dramática del destino, con un tono musicalmente oscuro pero bien afinado y ampliamente expresivo.

Continuaba con la "Rapsodia de los Cárpatos" de Myroslav Skoryk, compuesta originariamente en 1959 para clarinete y piano — aunque ampliamente interpretada en su adaptación al violín y piano, como la escuchada en esta ocasión —. La pieza nos deja ver una vez más la clara complicidad existente entre la pianista Lydia Stratulat y Nasushkin. Interpretada íntegramente de memoria por el maestro, logró traspasar los corazones de todos los asistentes por la profundidad y emotividad de su ejecución. Es una obra íntima pero al mismo tiempo poderosa, resiliente, y sobre todo llena de un folklore caleidoscópico.

Cerraba el concierto una nueva interpretación de la obra "Ucrania. Episodios Nacionales", del compositor asturiano Guillermo Martínez, con la incorporación de los cuatro solistas, del coro Cuorum y de la parte de percusión en la orquesta. Esta obra de estilo poliestilista fue estrenada en Kiev tras la invasión por Rusia de la península de Crimea en 2015, siendo en palabras del director "una situación tremendamente actual, lamentablemente". Sonoridad sobrecogedora, un coro muy bien gestionado y proyectado — fruto del buen trabajo de Pablo Pérez Gayo como director coral —, y multitud de referencias al folklore y cultura del país, nos volvió a dejar clara la potencia compositiva del maestro Martínez, quien supo incluir de forma muy acertada la alternancia entre el horror de la guerra y los pasajes más etéreos y efectistas, vinculados a la inocencia de las víctimas. La ejecución de la pieza cumplió con sus expectativas, logrando el maestro Nasushkin sacar lo mejor de cada intérprete bajo su estilo directivo propio.

Este concierto se representó también días antes en la Colegiata de San Juan Bautista, en Gijón, coincidiendo en su resultado cualitativo, siendo al igual que en Oviedo muy aplaudido por el público allí presente. Como bis, la agrupación ofreció una íntima interpretación de la pieza "En la iglesia", del álbum para la juventud de Tchaikovski.

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