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Oviedo rinde tributo a los tortos: "Es una comida muy nuestra que combina con todos los productos", dicen los comensales

Los restaurantes y las sidrerías de la ciudad se llena de clientes para disfrutar de las jornadas en honor a uno de los platos con más asturianía

Por la izquierda, Montse Quintana y Javier Muñoz.

Por la izquierda, Montse Quintana y Javier Muñoz. / F. V.

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Félix Vallina

Félix Vallina

Con el termómetro rondando los treinta grados en Oviedo, las terrazas y comedores de los establecimientos participantes en las Jornadas de los Tortos volvieron a llenarse de clientes dispuestos a rendirse a uno de los bocados más representativos de la gastronomía asturiana. Porque si hay un producto capaz de abrirse paso en cualquier estación del año, ese es el torto: sencillo en apariencia, versátil en la mesa y capaz de acompañar desde un picadillo hasta un buen Cabrales, pasando por chosco, jamón ibérico o cualquier ingrediente que la imaginación permita. Las jornadas continuarán hasta el domingo día 12 de junio.

En El Fartuquín, Mary Fernández López, integrante del Club de Guisanderas de Asturias, no dejó de sacar platos durante toda la jornada. Para ella, el éxito de esta receta tiene una explicación muy sencilla: «En Oviedo siempre se comieron muchos tortos. Es un producto que combina prácticamente con todo». La cocinera, que trabaja habitualmente con cocina sin gluten, ha adaptado la elaboración tradicional para mantener intacto el sabor y la textura. «Como no puedo añadir harina de trigo, utilizo harina de maíz refinada. Lo importante es trabajar muy bien la masa y dejarla reposar, como mínimo, una hora», explica mientras recuerda que detrás de un buen torto siempre hay paciencia además de buena materia prima.

En torno a las mesas se repetía la misma escena: platos llenos de tortos y conversaciones sobre cuál es el mejor acompañamiento. Algunos apuestan por el clásico picadillo; otros, por quesos asturianos o embutidos. «Es una comida muy nuestra y siempre merece la pena volver a ella», sostiene Carmen López, que ayer compartió mesa con la familia. Con ella estaba el polaco Pol Norbert, su madre, Ausencia Garduño, y su hermano, Jesús López. «Me gusta toda la comida asturiana y los tortos no son una excepción», señala Pol Norbert después de dar buena cuenta de la ración.

En otro punto del Oviedo Antiguo, en La Puerta de Cimadevilla, el ritmo no era más bajo. Diego Betancourt también tenía la cocina en plena ebullición preparando tortos para los clientes que se acercaron a disfrutar de las jornadas. Cada cocinero imprime su sello personal y el suyo pasa por buscar un punto extra de textura. «Nos gusta incorporar harina de arroz para conseguir que el torto quede un poco más crujiente, sin perder su esencia», explica Betancourt, que combina los tortos con guacamole y bonito, que está en temporada.

Entre quienes se estrenaban con este plato estaban Montse Quintana y Jaime Muñoz, llegados desde Santander para pasar unos días en la capital asturiana. Nunca habían probado los tortos y la experiencia no pudo ser más positiva. «Nos han sorprendido muchísimo. Están buenísimos, pero saben todavía mejor acompañados de la sidra y de la buena gente que hay en Asturias», resumían después de apurar un culete.

Las Jornadas de los Tortos demuestran, un año más, que la cocina tradicional sigue despertando el mismo entusiasmo de siempre. Ni las altas temperaturas lograron restar protagonismo a un producto que forma parte de la identidad gastronómica asturiana y que continúa reuniendo alrededor de la mesa tanto a quienes crecieron con él como a quienes lo descubren por primera vez. Porque, al final, pocas recetas representan tan bien la capacidad de la cocina asturiana para convertir unos ingredientes humildes en un motivo perfecto para celebrar.

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