El bosque urbano de la entrada de Oviedo echa raíces después de dos años: "Las zonas verdes hacen ciudad"
Vecinos y usuarios destacan el cambio del entorno del Palacio de los Deportes y de la nueva rotonda de Santullano: «Esto hace ciudad»

Giovanni Silva con sus nietas India y Cayetana González en el entorno del Palacio de los Deportes. / Mario Canteli / LNE
Hace dos años, cuando los cerca de 400 árboles plantados junto al Palacio de los Deportes apenas se levantaban del suelo, el paisajista ovetense José Valdeón pedía tiempo. Aseguraba que el bosque urbano concebido para acompañar la remodelación de la rotonda de Santullano alcanzaría su verdadero esplendor tras un par de brotaciones. Ese tiempo ha pasado y, aunque robles, abedules, cerezos japoneses y castaños de Indias aún tienen margen para seguir creciendo, el entorno ya ha cambiado por completo. La sombra empieza a ganarle terreno al asfalto, los arbustos cubren los macizos y la nueva plaza se ha convertido en un punto de encuentro para vecinos y visitantes.
Una mañana cualquiera, como la de este domingo, basta para comprobarlo. Familias con niños, personas mayores descansando en los bancos, corredores y paseantes cruzan un espacio que hace apenas unos años era, sobre todo, un lugar de paso entre el tráfico. Giovanni Silva lo conoce bien. Vive desde hace tres décadas junto al Palacio de los Deportes y este sábado disfrutaba de la plaza acompañado por sus nietas, India y Cayetana González. «El cambio ha sido enorme. Antes era una zona de paso y ahora ves gente a todas horas. Viene gente de muchos barrios de Oviedo porque apetece pasear, sentarse un rato o venir con los niños. Da gusto ver el ambiente que se ha creado», comenta.
Esa sensación de haber ganado ciudad es una idea que se repite entre quienes frecuentan la zona. Francisco Vico reconoce que la transformación ha dado un aire completamente distinto al entorno. «Ha quedado un sitio muy agradable y mucho más acogedor. Estas zonas verdes hacen que Oviedo sea más amable y que la gente las disfrute», señala. Aunque introduce un matiz: «También creo que, al mismo tiempo que se hacen inversiones como esta, las administraciones deberían destinar más recursos a problemas tan importantes como el acceso a la vivienda».
Joaquín Solís pone el foco en otra de las consecuencias de la actuación: la conexión entre barrios. «Durante muchos años esta parte de la ciudad parecía quedar un poco apartada. Ahora se integra mucho mejor con el resto de Oviedo y eso también se nota en la cantidad de gente que pasa por aquí. Siempre que se crean espacios verdes, la ciudad sale ganando», afirma.
Ese era precisamente uno de los objetivos del proyecto concebido por José Valdeón. El paisajista explica que la actuación nació como el complemento paisajístico de una gran intervención de infraestructura urbana: la remodelación viaria de la rotonda de Santullano. La idea consistía en aprovechar esa transformación para crear un espacio verde con personalidad propia, donde el arbolado tuviera mucho más protagonismo que el césped y combinara un valor estético con una clara función ambiental.
El diseño mantiene la estructura planteada desde el principio. En el interior de la gran plaza, las distintas especies arbóreas se ordenan de manera más regular, mientras que en los márgenes aparecen agrupadas en pequeños bosquetes que rompen la linealidad y generan una imagen más natural. Esa alternancia, unida a los macizos de arbustos y herbáceas que emergen entre el pavimento, buscaba crear un paisaje contemporáneo capaz de acompañar la infraestructura sin renunciar a la biodiversidad. «Creo que se ha conseguido», dice Valdeón.
Dos años después, Valdeón considera que la evolución del conjunto está siendo positiva. El desarrollo tanto de los árboles como de la vegetación «es bastante bueno», favorecido por un sistema de riego por goteo que ha permitido un crecimiento constante. No obstante, reconoce que observa con preocupación los episodios de calor cada vez más intensos que vive Asturias y confía en que las temperaturas excepcionalmente altas registradas este verano no terminen afectando a unas especies que todavía continúan asentándose.
Más allá de su valor ornamental, el bosque urbano sigue respondiendo a la filosofía con la que fue concebido. La abundancia de masa arbórea contribuye a capturar dióxido de carbono, retener partículas en suspensión procedentes del tráfico y suavizar las temperaturas en un entorno fuertemente urbanizado. Una apuesta por un urbanismo más sostenible que, dos años después de su inauguración, empieza a apreciarse también desde el punto de vista cotidiano.
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