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José María, Isabel, José Agustín y Belén, cuatro "güelicanguros" que recorren varios kilómetros para cuidar de sus nietos en Asturias: "Lo haríamos todos los días si fuese necesario"

"Hoy nuestros hijos lo tienen más difícil que nosotros porque trabajan mucho", aseguran las dos parejas de abuelos

Belén Sainz y José Agustín Sánchez, con sus nietos, Loreto y Santiago Bermejo, en el Campo San Francisco de Oviedo

Belén Sainz y José Agustín Sánchez, con sus nietos, Loreto y Santiago Bermejo, en el Campo San Francisco de Oviedo / Miki López

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Félix Vallina

Félix Vallina

José María Puente e Isabel Rodríguez, por un lado, y Belén Sainz y José Agustín Sánchez, son "güelicanguros" viajeros. Abuelos que recorren todos los días varios kilómetros para cuidar a sus nietos y ayudar así a sus hijos, que como pasa, en la mayoría de casos en Asturias, trabajan.

José María Puente e Isabel Rodríguez conocen bien esos viajes de ida y vuelta. Viven en Avilés, pero una o dos veces por semana cogen el autobús hasta Oviedo para recoger a su nieto Ramón Puente, de casi tres años, a la salida de la guardería. Después toca merienda, parque y juegos hasta que sus padres terminan la jornada.

El trayecto de vuelta no empieza hasta bien entrada la tarde. "Venimos en el Alsa y volvemos cuando llega su madre", resume Isabel Rodríguez. En unos días la familia crecerá con la llegada de una nueva nieta, Manuela, por lo que la ayuda de los abuelos será todavía más importante.

Para ellos no supone una obligación. "Estoy encantada y lo haría todos los días si fuese necesario", dice la abuela con naturalidad. Aunque reconocen que el ritmo ya no es el mismo que hace unos años, aseguran que mientras puedan seguirán desplazándose desde Avilés para echar una mano.

Ambos creen que hoy en día resulta mucho más complicado criar a los hijos sin ese respaldo familiar. "Lo tienen más difícil que nosotros porque trabajan mucho", resume Isabel Rodríguez, convencida de que la conciliación obliga a muchas familias a apoyarse en los abuelos para poder llegar a todo.

Desde Llanes a Oviedo

La ayuda no siempre responde únicamente al trabajo. Belén Sainz y José Agustín Sánchez han recorrido estos días el camino entre Llanes y Oviedo para acompañar a su hija, embarazada, y a su yerno, que se recupera de un accidente de moto. Con ellos están sus nietos, Loreto Bermejo, que cumple seis años, y su hermano Santiago, de dos años y medio.

Aunque los niños y sus padres viven habitualmente en Madrid y durante el resto del año apenas pueden verse, estos días los abuelos se han convertido en un apoyo imprescindible. "Nos llamaron por teléfono y vinimos porque nos necesitaban. Estos días tienen consultas médicas en Oviedo y hay que echar un cable, es lo que hacen todos los abuelos", cuenta Sánchez.

Cuando las obligaciones desaparecen, el plan cambia por completo. Playa, piscina, parque y paseos por Llanes ocupan las jornadas con Loreto y Santiago, a los que normalmente solo pueden disfrutar durante las vacaciones. "Para nosotros es una alegría enorme, así que no nos quejamos", admite José Agustín.

Belén Sainz cree que, más allá de su caso, el papel de los abuelos sigue siendo decisivo para muchas familias. "El que no tiene la familia cerca lo tiene complicado", afirma. Sus hijos consiguen organizarse en Madrid gracias a que tienen horarios compatibles, el colegio y la guardería, pero sabe que no todos tienen esa suerte.

Porque, ya sea para facilitar la conciliación diaria o para responder cuando surgen los imprevistos, los abuelos continúan siendo ese apoyo silencioso al que muchas familias recurren cuando más lo necesitan.

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