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Resignación ante los nuevos retrasos en el barrio más deteriorado de Oviedo: "Esto parece el Bronx o Hiroshima"

«No hay rastro de máquinas», lamentan los vecinos, que ven incumplida la promesa regional de retomar los derribos a inicios del verano

Aspecto el antiguo Hospital General.

Aspecto el antiguo Hospital General. / L. B.

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Lucas Blanco

Lucas Blanco

Sandra Álvarez lleva años viendo cómo el viejo HUCA se consume poco a poco, pero reconoce que todavía le cuesta asumir que, más de una década después del traslado del hospital a La Cadellada, el corazón de El Cristo siga convertido en una inmensa ruina. «Podría decir que esto es el Bronx, pero en realidad se parece más a Hiroshima», lamenta mientras señala el Hospital General, la antigua Silicosis y el edificio de Maternidad, donde nacieron miles de asturianos y que hoy presentan un aspecto completamente desvalijado. Su sensación es compartida por muchos vecinos, que vuelven a expresar su indignación después de que el Principado incumpla, al menos de momento, el compromiso adquirido hace apenas dos meses de reanudar las demoliciones «a comienzos del verano». A 8 de julio, casi tres semanas después del inicio oficial de la estación, no hay rastro de maquinaria ni novedades sobre unos trabajos paralizados desde hace justo un año.

El retraso reabre una herida que nunca terminó de cerrarse en el barrio. La Consejería de Hacienda anunció el pasado 3 de mayo que el calendario se adelantaba gracias a la previsión de trasladar el Centro Comunitario de Sangre y Tejidos al Centro Tecnológico de Llanera durante el mes de octubre. Esa mudanza permitiría compatibilizar durante al menos dos meses la actividad del centro con el avance de las demoliciones, situando el reinicio de las obras entre la primera y la segunda semana de julio. Sin embargo, los días pasan y el paisaje continúa exactamente igual que hace meses.

«No hay ninguna novedad. Pasamos por aquí todos los días y no se mueve absolutamente nada. Ni una máquinas, ni operarios, ni señales de que vaya a empezar nada», resume Nacio González, portavoz de la plataforma SOS Viejo HUCA. El colectivo lleva años denunciando el deterioro del recinto y considera que el nuevo retraso alimenta todavía más la sensación de abandono. «Aquí ya no hay nada que sacar. Es cierto que sigue vallado para dificultar el acceso, pero ya no queda nada de valor dentro. Lo único que hubo fue un derribo popular, el de la gente llevándose todo lo que podía. Eso demuestra una dejadez enorme. Había bienes públicos que eran de todos y nadie se preocupó por protegerlos ni por obtener una rentabilidad económica de ellos antes de que desaparecieran», critica.

Los vecinos coinciden en que la inseguridad que durante años marcó el complejo ha desaparecido, aunque por un motivo poco alentador. «Lo bueno es que ahora ya no entran ladrones porque no queda absolutamente nada que robar», ironiza González mientras recuerda que ventanas, barandillas, instalaciones metálicas o cableado desaparecieron hace tiempo en una sucesión de asaltos que aceleró el deterioro de unos edificios destinados a convertirse en el gran proyecto de transformación urbana de la zona oeste de Oviedo.

Decepción

La decepción también se percibe entre quienes atraviesan a diario el recinto. Malena Domínguez, vecina de Buenavista, asegura que la imagen del complejo provoca ya una mezcla de resignación y enfado. «Cada vez que paso se me cae el alma a los pies, pero a los que no paran de incumplir promesas ni se les mueven las cejas», afirma. Después de tantos anuncios incumplidos, confiesa haber perdido la confianza en cualquier calendario. «Si no hicieron nada en diez años, difícilmente lo van a hacer ahora. Nos han acostumbrado a convivir con esta ruina en una de las mejores zonas de Oviedo, lamenta.

Para los más jóvenes, el viejo HUCA ya ni siquiera forma parte de la memoria colectiva como hospital. Es simplemente un enorme conjunto de edificios vacíos. «La verdad es que ya ni me acuerdo de cómo era cuando estaba abierto», comenta un vecino de 19 años de la zona de Fuertes Acevedo mientras cruza junto al recinto. Toda una generación ha crecido viendo las fachadas sin ventanas, estructuras metálicas colgando, cubiertas destrozadas y edificios convertidos en esqueletos de hormigón.

La ausencia de noticias resulta todavía más llamativa porque la propia Administración había defendido hace apenas unas semanas que el nuevo calendario permitía ganar tiempo a una actuación considerada estratégica para desbloquear el futuro del ámbito. El traslado del Centro de Sangre y Tejidos en octubre hacía viable que la empresa adjudicataria, Hercal, conviviese durante aproximadamente dos meses con el servicio todavía operativo antes de completar definitivamente la demolición de esa zona. Esa reorganización adelantaba unas obras que inicialmente se situaban entre agosto y octubre, pero que el Principado aseguró después que comenzarían «a principios del verano».

Mientras tanto, el resto del proyecto sigue avanzando únicamente sobre el papel. El plan especial que definirá el futuro urbanístico de los más de 230.000 metros cuadrados del viejo complejo continúa su tramitación y deberá ordenar la llegada de nuevas facultades universitarias, vivienda protegida y espacios públicos. Sin embargo, para los vecinos el primer paso sigue siendo exactamente el mismo que hace años: retirar los edificios abandonados y poner fin a una imagen de degradación que consideran impropia de una de las principales entradas a la ciudad.

A la espera de que el Principado explique qué ha ocurrido con los plazos comprometidos, en El Cristo vuelve a instalarse la sensación de que el reloj corre mucho más despacio que las promesas. Y cada jornada que pasa sin movimiento detrás de las vallas alimenta la impresión de que el gran agujero urbanístico de Oviedo seguirá, al menos por ahora, exactamente donde estaba.

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