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Yolanda Pardo, biógrafa de Maruja Mallo: "La pintora, íntima de Lorca, Buñuel y Dalí", fue una de las grandes representantes del surrealismo

"Es necesario devolver la voz a una creadora eclipsada por los nombres masculinos de la Generación del 27", asegura la escritora avilesina, que destacó la vinculación de Mallo con la ciudad

El director de cine Emilio Barrachina, Yolanda Pardo y Sara Montoya, ayer en el Club.

El director de cine Emilio Barrachina, Yolanda Pardo y Sara Montoya, ayer en el Club. / Fernando Rodríguez

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María José Iglesias

María José Iglesias

"Maruja Mallo no fue simplemente una representante del surrealismo, sino una de sus grandes impulsoras". Así lo dijo ayer en el Club LA NUEVA ESPAÑA la escritora avilesina Yolanda Pardo, autora de una biografía novelada dedicada a la pintora, íntima amiga de Lorca, Buñuel y Dalí, que pasó su infancia en Avilés. Acompañada por la ex boxeadora Sara Montoya, Pardo desgranó la trayectoria de una mujer "cuya obra solo puede entenderse si se conoce la intensidad de su vida".

"Es necesario devolver la voz a una creadora eclipsada por los nombres masculinos de la Generación del 27. Ella era una más del grupo de Buñuel, Lorca o Dalí, aunque nunca se la nombra", lamentó. La novela, editada por Ediciones de la Torre, escrita en primera persona y sustentada en una exhaustiva documentación, acerca al lector a una Maruja Mallo vitalista, irreverente y adelantada a su tiempo. Pardo destacó el papel de la familia de la pintora, nacida como Ana María Gómez González en Viveiro en 1902, que alentó su vocación en una época en la que el destino de las mujeres se limitaba a casarse . "Sus padres le dijeron que estudiara lo que quisiera", destacó. Aquella libertad marcó a una joven que observaba el mundo con curiosidad y comenzó dibujando las mujeres que aparecían en las revistas de su tía. Mallo vivió en Avilés entre 1913 y 1922 y en la ciudad. inició su formación artística, además de entablar amistad con el pintor avilesino Luis Bayón, antes de trasladarse a Madrid para convertirse en la primera mujer en ingresar en la Escuela de Bellas Artes.

Rafael Alberti, el amor de su vida

En las tertulias de la época, conoció a figuras como Ortega y Gasset o Pablo Neruda. "Entraba en todas partes porque se consideraba una más", explicó Pardo. La escritora repasó el salto internacional de la artista. En París, André Breton quedó fascinado por su obra y la incorporó a su círculo, donde trató con Picasso y Paul Éluard. La intensa vida sentimental de la artista estivo marcada por su relación con Rafael Alberti, "el amor de su vida", según la autora, y su exilio en Argentina tras la Guerra Civil, adonde llegó gracias a la ayuda de Gabriela Mistral. En el pais austral desarrolló una brillante carrera antes de regresar definitivamente a España en 1975, coincidiendo con la muerte de Franco. "Nunca dejó de reinventarse y encontró un inesperado reconocimiento durante la Movida madrileña. Los jóvenes se la rifaban para salir", relató Pardo.

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