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 La historiadora del arte Yayoi Kawamura, Hija Adoptiva de Oviedo: "Seguiré siendo la ovetense que la ciudad merece"

La japonesa destacó la "nobleza" de la ciudad donde lleva cuarenta años de arraigo y expresó su mejor deseo para conseguir la Capitalidad Cultural de 2031

Yayoi Kawamura.

Yayoi Kawamura. / Luisma Murias

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"Un ejemplo de dedicación, esfuerzo y entrega", valores con los que ha contribuido al "desarrollo cultural y científico de la capital" y a su proyección internacional. Esos son los méritos expuestos para nombrar hija adoptiva de la ciudad a la historiadora del arte y profesora de la Universidad de Oviedo Yayoi Kawamura. Tras recibir el título, la japonesa reafirmó su compromiso con su ciudad de acogida: "Intentaré seguir siendo la ciudadana ovetense que Oviedo se merece".

La vinculación de Kawamura con la capital asturiana se remonta a 1977. "Ni por asomo imaginé que se me otorgaría este título cuando visité por primera vez esta ciudad; me percaté entonces de que era una ciudad esforzada, con su propio orgullo y nobleza", recordó. Tras casi medio siglo residiendo en la urbe, la definió como "hermosa, noble y con gran peso histórico", además del cultural al expresar su mejor deseo para la consecución de la Capitalidad Cultural de 2031.

Su arraigo en la ciudad es tan académico como personal. Kawamura se formó como historiadora del arte en las aulas ovetenses y alcanzó el doctorado bajo la dirección del profesor Germán Ramallo, paso previo a una dilatada carrera docente en la Universidad de Oviedo que ha compaginado con su vida familiar. "Gran parte de mi vida está íntimamente unida a Oviedo; aquí me casé con mi marido, Javier, y aquí nacieron mis hijos, Key y Maki", relató emocionada al repasar una biografía que, aunque no olvida sus raíces niponas en Osaka, está indisolublemente ligada al tejido social e intelectual de la capital asturiana donde ha ejercido su "pasión y profesión".

La nueva Hija Adoptiva profundizó en el carácter de una urbe que siente como propia, definiéndola como una ciudad "abierta, inclusiva, dinámica y a su vez serena" que sabe mirar más allá de los Pirineos. Para la investigadora, la esencia de la capital radica en su memoria colectiva y en esa identidad compartida que se respira en sus calles. "Ser ovetense es pertenecer a esta ciudad y sentir una más que milenaria historia que gravita en ella y forja la nobleza de sus ciudadanos", señaló con gratitud, calificando de "inmenso honor y tantísima fortuna" el reconocimiento oficial de una adopción que ha marcado su trayectoria vital.

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