Oviedo reconoce los méritos deportivos, sociales y económicos con sus máximas distinciones: "Hoy estamos aquí para daros las gracias"
El Real Oviedo, Yayoi Kawamura, el Padre Valdés, Ramiro Fernández, Adolfo Rivas, Pepe Rionda y el Colegio de Agentes Comerciales de Asturias reciben las máximas distinciones de la ciudad
Por la izquierda, Adolfo Rivas, Ramiro Fernández, Pepe Rionda, Emilio Fernández Corral, Alfredo Canteli, Manuel Paredes, César Martín, Padre Valdés y Yayoi Kawamura esta mañana en el Auditorio. / Luisma Murias
Hay ceremonias que sirven para repartir medallas y otras que acaban retratando una ciudad. La de este viernes al mediodía, en la sala de cámara del Auditorio, perteneció a las segundas. Oviedo se reconoció en la educación y promoción del hockey del Padre Valdés, en la cultura de Yayoi Kawamura, en el compromiso social de Adolfo Rivas, en la humanidad de Ramiro Fernández, en el balonmnano de José «Pepe» Rionda, en el siglo de historia del Colegio Oficial de Agentes Comerciales y en el sentimiento compartido que representa el centenario Real Oviedo. «Hoy no estamos inaugurando ninguna obra ni presentando ningún proyecto. Hoy estamos aquí para dar las gracias», resumió el Alcalde, Alfredo Canteli, en una ceremonia que comenzó con un minuto de silencio por las víctimas de los incendios de Almería y terminó con toda la sala en pie escuchando el himno de Asturias interpretado por la Banda de Gaitas «Ciudad de Oviedo». Entre ambos momentos apenas pasó una hora, suficiente para que desfilaran la emoción, la memoria, la gratitud y una idea repetida, con distintas palabras, por casi todos los homenajeados: nada se construye en solitario.
Ante un público repleto de autoridades, Canteli fue hilando la ceremonia con pequeñas semblanzas cargadas de cercanía. Más que enumerar currículos, buscó explicar por qué cada uno de los galardonados forma ya parte de la «historia sentimental» de Oviedo. «La grandeza de esta ciudad no solo reside en lo que se ve a simple vista. Reside en el trabajo, el talento, el esfuerzo y el compromiso de quienes entienden la vida como una oportunidad de aportar algo positivo a la comunidad», afirmó .
El primero en recibir el abrazo institucional fue el Padre Valdés. José Luis Álvarez Valdés, que llegó a Oviedo en 1963 y acabó convirtiéndose en maestro de generaciones enteras desde el Colegio Santo Domingo y las pistas de hockey sobre patines, volvió a demostrar que la sencillez suele necesitar pocas palabras. Recordó cómo fue aquí donde descubrió su vocación educativa y deportiva. «En Oviedo me volqué en la enseñanza y en el deporte», resumió, evocando aquellos equipos que llegaron a ser campeones de Asturias y de España y de los que salieron internacionales. Agradeció la distinción con humildad . «No sé si tengo méritos para ello», dijo en medio de un tan sencillo como tierno discurso..
Emoción
Si alguien rompió el protocolo fue la emoción. Yayoi Kawamura que tuvo que esforzarse para contenerla. La historiadora del arte japonesa confesó que nunca imaginó, cuando llegó a Oviedo por primera vez en 1977, que algún día sería Hija Adoptiva. «Me siento profundamente honrada», alcanzó a decir antes de reivindicar una ciudad «abierta, inclusiva, dinámica, que mira más allá de Pajares y más allá de los Pirineos».
Ramiro Fernández llevó al atril el discurso más literario de la mañana. El histórico peluquero y psicoesteta comenzó ofreciendo «esta emoción serena» que no necesita levantar la voz para hacerse notar. Agradeció a los ovetenses que le hubieran abierto «la puerta de vuestra ciudad y, lo que es más importante, la de vuestro corazón», y dejó una imagen que resumía toda una vida entre su Aller natal y la capital: la de «un arbolín» que echó sus primeras raíces en el valle del río Negro y encontró en Oviedo la tierra donde crecer definitivamente. Hubo recuerdos para sus padres, para la minería, para la silicosis que marcó a su familia y para su salón de peluquería «convertido durante décadas en lugar de conversación, escucha y compañía».
El momento más reivindicativo llegó de la mano de Adolfo Rivas. El director de la Fundación Vinjoy recibió el título de Hijo Adoptivo insistiendo desde el primer momento en que aquel reconocimiento «nos abraza» porque pertenece a muchas más personas que a él mismo. Después defendió que el trabajo social no puede ocupar un lugar decorativo y terminó comprometiéndose públicamente a mantener su vocación de ayudar a los demás.
La humildad volvió a ocupar el atril con José «Pepe» Rionda. El histórico impulsor del Balonmano Base Oviedo esquivó cualquier protagonismo para repartir el mérito entre entrenadores, jugadores, familias y voluntarios. «Yo represento a un grupo de personas», explicó antes de agradecer al Ayuntamiento que se hubiera acordado «de una persona humilde». Toda una declaración de principios para quien lleva más de tres décadas construyendo balonmano desde la base.
Las Medallas de Oro sirvieron para reconocer dos instituciones centenarias que representan maneras distintas de entender la ciudad. El Colegio Oficial de Agentes Comerciales recibió el galardón coincidiendo con sus cien años de historia. Su presidente, Emilio Fernández Corral, quiso compartir el reconocimiento con quienes le precedieron: «Entre todos hemos construido el camino que nos ha permitido alcanzar este centenario».
Homenaje azul
Y quedó para el final el Real Oviedo, al que el propio Canteli reservó el cierre de sus intervenciones porque, dijo, hablar del club «trasciende lo deportivo». Recordó aquellos años en los que la supervivencia de la entidad dependió de la movilización de toda una ciudad y definió aquel episodio como «una lección cívica». En nombre del club recogió la medalla el vicepresidente, Manuel Paredes, que devolvió el homenaje a quienes nunca dejaron de creer. «Los auténticos merecedores de esta Medalla de Oro son nuestros aficionados», afirmó antes de cerrar con un inevitable «¡Hala Oviedo siempre!».
La ceremonia estaba pensada para que nadie superara los tres minutos de intervención, aunque el cronómetro acabó siendo más flexible con unos que con otros. Hubo discursos breves, otros inevitablemente más largos y alguna emoción que obligó a hacer pequeñas pausas. Pero el ritmo nunca se perdió. Tampoco el sentido del acto.
Porque más allá de los nombres propios, de las medallas y de los diplomas, la mañana acabó dejando la sensación de que la ciudad aprovechó la ocasión para reconocerse en unos valores que Alfredo Canteli fue repitiendo casi como un inventario de «lo mejor de Oviedo»: la educación, cultura, solidaridad, deporte, esfuerzo y compromiso.
Baño social para los homenajeados
La sala de cámara del Auditorio registró este viernes una de esas entradas que convierten un acto institucional en una gran cita social. Apenas quedaban butacas libres para asistir a la entrega de los títulos de Hijo Adoptivo y las Medallas de Oro y Plata de la ciudad, en una cita que reunió a buena parte de la vida política, judicial, eclesiástica, militar, cultural y deportiva, además de familiares y amigos de los homenajeados.
Entre las autoridades presentes destacaron el consejero de Hacienda, Guillermo Peláez; la vicepresidenta de la Junta General del Principado, Celia Fernández; el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes; el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA), Jesús María Chamorro; el secretario general de la Delegación de Defensa en Asturias, Ismael Pérez Cobo; y el subteniente de la Delegación de Defensa, Antonio Trobajo Suárez.
Tampoco faltó la cronista oficial de Oviedo, Carmen Ruiz-Tilve, ni el presidente del PP de Asturias, Álvaro Queipo, acompañado por los diputados regionales Luis Venta y José Agustín Cuervas-Mons. La Corporación municipal acudió prácticamente al completo, con los portavoces Mario Arias (PP), Carlos Fernández Llaneza (PSOE), Gaspar Llamazares (IU) y Sonsoles Peralta (Vox), además de numerosos concejales de todos los grupos. Entre los asistentes también se encontraba el director general de Mayores y precandidato socialista a la Alcaldía de Oviedo, Enrique Rodríguez Nuño.
El alcalde, Alfredo Canteli, fue de los primeros en llegar al Auditorio. Con varios minutos de antelación recorrió el vestíbulo saludando uno por uno a los asistentes, repartiendo apretones de manos y abrazos, como los que intercambió con Guillermo Peláez o con el Padre Valdés, uno de los grandes protagonistas de la jornada, que acaparó buena parte de los saludos y las felicitaciones en los prolegómenos de la ceremonia.
Si el patio de butacas estuvo lleno de autoridades, también lo estuvo de emociones familiares. Ramiro Fernández dedicó unas palabras a su hermana Maruja, de 96 años, presente entre el público, al recordar que sus padres «estarían orgullosos» del reconocimiento. Adolfo Rivas recibió el calor de una amplia representación de la Fundación Vinjoy, con trabajadores y usuarios desplazados para acompañarle, además de su madre. «Cuando supo el nombre del título me dijo que no lo aceptara, porque estando ella no tenía que adoptarme nadie», bromeó entre las risas del auditorio. También tuvo palabras de cariño para su esposa, Marisa, a la que definió como su «musa».
Entre el público pudo verse asimismo a Miguel Ángel de Dios, Cofrade Mayor del Desarme, el artista Manuel García Linares o el periodista y consejero de Prensa Ibérica José Manuel Vaquero.
El acto comenzó, como terminó, con todo el público en pie. Primero para guardar un respetuoso minuto de silencio por las víctimas de los incendios de Almería y, una hora después, para escuchar el himno de Asturias interpretado por la Banda de Gaitas «Ciudad de Oviedo». Después llegó un cóctel ofrecido por el Ayuntamiento que prolongó los saludos y las felicitaciones.
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