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De Rialto para el mundo: la famosa confitería recupera la pasión por las postales con envíos a los cinco continentes

«El respaldo ha sido brutal», celebran en la confitería tras concluir una iniciativa que animó a clientes a enviar mil postales

Santiago González sonríe con su postal.

Santiago González sonríe con su postal. / Rialto

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Alba G. Villanueva

«Más de 1.000 postales enviadas en apenas dos meses, destinos que llegaron desde Oviedo hasta Estados Unidos, Australia, Sudamérica y el Sudeste Asiático, y un objetivo cumplido: recuperar entre los más jóvenes la costumbre de escribir y enviar correspondencia. Con ese balance, la confitería Rialto pone el broche final a la iniciativa con la que ha conmemorado su centenario, una propuesta que superó todas las expectativas de la empresa. «La sorpresa fue que la gente no solo empezó a enviar postales a Oviedo, Asturias o España, hay muchas que iban a países del Sudeste Asiático, Sudamérica, Australia y muchísimas a Estados Unidos», explica Francisco Gayoso, gerente de Rialto. «El objetivo era que la gente joven, volviera a enviar postales y supiera cómo escribirlas», añade.

Francisco Gayoso, gerente de Rialto, con las postales.

Francisco Gayoso, gerente de Rialto, con las postales. / Rialto

La iniciativa nacióde Beatriz Suárez-Ontañón, artista que se encarga del escaparatismo de las tiendas de la confitería. «La idea nos la propuso Beatriz Suárez-Ontañón. Nos enamoró desde el principio, era muy sencilla y nos encajaba porque no tenía un fin comercial, que era lo que queríamos», afirma Gayoso.

Lola Van de Pol muestra el diseño de esa semana.

Lola Van de Pol muestra el diseño de esa semana. / Rialto

Contó con la participación desinteresada de artistas asturianos e internacionales como Edgar Plans, Hugo Fontela, Carmen Figaredo, Olga Capdevila, Miguel Galano, Pilar Gutiérrez, Cordelia Pickford y el estudio artístico Special Thanks Studio. «Nos sorprendió la ilusión con la que cogieron el proyecto», confiesa el gerente. Una vez reunieron los diez diseños, cada martes pusieron una postal a disposición de los clientes del salón de té, junto con un sello especial, un bolígrafo y una explicación de cómo rellenarla. Después, quienes participaban podían depositarla en el buzón de la entrada o enviarla por su cuenta.

La respuesta del público desbordó las previsiones. «El respaldo de los clientes fue brutal. Nosotros ofrecíamos un sello nacional y hubo que pedir para enviar al extranjero», recuerda Gayoso. Las postales terminaron viajando por medio mundo. Una de ellas llegó a Cecilia Fisher, residente en Frankfurt (Alemania) y gran aficionada a las Moscovitas, que compartió con su familia la emoción al recibirla. Otras cruzaron el Atlántico. «Nos llegó la foto de un chico a quien sus abuelos le habían mandado la postal a Montana, en Estados Unidos», explica.

Mario Viejo escribiendo su postal.

Mario Viejo escribiendo su postal. / Rialto

La propuesta también sirvió para acercar a muchos niños a una forma de comunicación prácticamente desaparecida. «Nos hacía ilusión que los críos pequeños aprendieran a hacer postales para enviar a sus abuelos y familiares fuera. Incluso les pusimos un peldaño en el buzón para que alcanzaran», comenta entre sonrisas.

Cecilia Fisher posando con su postal desde Frankfurt.

Cecilia Fisher posando con su postal desde Frankfurt. / Rialto

La iniciativa concluyó permitiendo a los visitantes elegir cualquiera de los diez diseños para enviarlo o completar la colección. De cara a finales de año, Rialto estudia prolongar el proyecto con una edición especial de latas conmemorativas inspiradas en las ilustraciones. «Podrían llevar los diseños de las postales o quizás incluirlas dentro como detalle; todavía está un poco en el aire», adelanta Gayoso.

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