Ciudad secreta
La historia de José Antonio Cecchini: El catedrático olímpico de Oviedo que se forjó en el tapiz
El académico hizo su particular «Erasmus» en Rusia, donde aprendió agarres y proyecciones del sambo, lucha de la que fue campeón mundial: «Soy una persona que tuvo mucha suerte», reconoce el exvicerrector, recién jubilado en la Universidad de Oviedo

José Antonio Cecchini en la plaza del Fresno, esta semana. / Mario Canteli
El primer Cecchini llegó de Italia a Asturias en los últimos años del siglo XIX vendiendo «boni, boniti y barati». Era escultor, pero rápidamente puso una sidrería en Oviedo, en el Antiguo. «Y de ahí venimos todos», cuenta José Antonio Cecchini, catedrático del Departamento de Ciencias del Deporte que semanas atrás dio su última clase en la Universidad de Oviedo y este jueves recibía el reconocimiento de la institución académica tras 43 años de docencia, investigación y gestión. Casi toda una vida, resumida en el original busto descubierto en el campus de Los Catalanes, en el corazón del CAU, esculpido por su hermano Luis, ya fallecido, en sus años de campeón mundial de sambo. «Siempre le decía a mi hermano que la lucha tenía una parte física, que representa mi rostro, y otra, el alma, la inteligencia, reflejadas en el vaciado del molde».

José Antonio Cecchini, en lo alto del podio como campeón del mundo de sambo, en categoría de 82 kilos, en 1981, en Madrid. / C. J. C.
Un bronce que, aunque Luis Cecchini no lo supiera cuando lo cinceló con sus manos, expresa las dos grandes facetas que han conformado la vida profesional de su hermano: la deportiva, en la que llegó a ser campeón del mundo dos veces, y la universitaria, como académico e investigador pionero en el ámbito del deporte.
Para que José Cecchini confiese a sus setenta años que «he tenido mucha suerte en la vida», nació en octubre de 1955 en la calle Uría, en el seno de «una familia muy unida. Mis hermanos siempre nos quisimos mucho y yo hice deporte por mis hermanos mayores; mamé el deporte en casa». Sus hermanos pusieron gimnasios en Gijón y en Oviedo. «Abrieron también una pista de hielo, algo rompedor, impensable en aquella época. Y tuvieron un gimnasio de cuatro plantas en la calle Melquiades Álvarez, con gran éxito. Ahora están de moda los macrogimnasios, pero en aquellos años, en los setenta, la gente no estaba todavía concienciada de la conveniencia de hacer deporte y, sin embargo, aquel gimnasio funcionó muy bien».

La pista de hielo de los Cecchini, en el centro de Oviedo. / LNE
Quinto de seis hermanos, José Cecchini empezó haciendo gimnasia deportiva, como ellos; luego se pasó al fútbol. «Jugué en la Juventud Asturiana, en el Vetusta y estuve a punto de fichar por el Valladolid, pero mis hermanos me llevaron a las artes marciales. Juan y Bibi fueron pioneros del judo asturiano; también llegó en aquella época Shu Taira. Yo iba donde ellos y así empecé con el judo, por casualidad».
Como se les daba bien, su hermano mayor, Juan Cecchini, participó en el primer campeonato del mundo de sambo, que se celebró en Teherán (Irán) en 1970. «Aquello me impresionó muchísimo y empecé a practicar sambo», cuenta José Cecchini de un tipo de lucha que define gráficamente: «La diferencia entre el sambo y el judo viene a ser como la que hay entre el tenis en tierra y en pista. El sambo se disputa sobre un tapiz y vas con botas; en cambio, en el judo vas descalzo y sobre el tatami, así que es mucho más rápido, pero luego las técnicas, los agarres y las proyecciones son muy parecidas». Unas técnicas con las que se familiarizó en su particular "Erasmus" en Moscú, a donde fue de muy joven, con el equipo español para conocer un arte marcial con gran tirón no solo en Rusia sino en todas las repúblicas soviéticas. "Gané el campeonato de Baku, más importante que el Mundial, porque iban luhadores de todas las repúblicas y tenías que luchar contra varios, mientras que al Mundial iban solo uno por cada país". Para aquel joven fue muy importante salir a competir. "Conocí muchos paises, salí fuera y me di cuenta que Asturias era preciosa, pero que fuera había una gran globalidad. Te ayuda a relativizar", cuenta.

José Cecchini, en el centro, entre el presidente del COE, Alejandro Blanco, y el entonces rector, Vicente Gotor, en la presentación del Centro de Estudios Olímpicos de la Universidad de Oviedo, en 2009. / LNE
José Cecchini logró el campeonato del mundo de sambo en 1979 y se pasó, como los luchadores rusos, al judo para los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980. Pero entonces no había ayudas a los deportistas campeones y fue su propia familia quien le pagó el viaje y la preparación en Japón. «El deporte en España cambia a raíz de los Juegos de Barcelona, para 1992», afirma con conocimiento de causa porque Cecchini vio cómo sus opciones de favorito para ganar medalla en Moscú 80 se esfumaban por carencias básicas. «En el primer combate gané al francés Michel Sanchís. Al acabar noté un dolor muy fuerte en la espalda, una contractura muscular, que me invalidaba. La delegación española éramos tres: dos luchadores y el entrenador. No había fisio ni médico, nada, y el siguiente combate se me echaba encima, así que pedí ayuda al entrenador del equipo ruso, que era el mismo del equipo de sambo. Pero justo cuando me estaba atendiendo, me llamaron para salir a competir. Dudé porque no estaba en condiciones, pero salí al tapiz y perdí. Luego, en 1981, todavía quedé campeón del mundo de sambo, pero ya me fui poco a poco apartando. Decidí empezar una etapa nueva en la Universidad. Creo que fue la mejor decisión que pude tomar, muy acertada», afirma con la perspectiva del paso del tiempo que le ha llevado a la docencia y a la investigación, al frente del grupo EDAFIDES, «el mejor de España y de los más destacados a nivel internacional». También promovió el Centro de Estudios Olímpicos de la Universidad de Oviedo.

José Cecchini, junto al médico y catedrático, Miguel del Valle, ante el busto, obra de Luis Cecchini, descubierto esta semana en el campus de los Catalanes, con motivo de su jubilación. / Fernando Rodríguez
La relación entre deporte y educación ha sido uno de los pilares de una trayectoria que le ha valido a José Cecchini ser Premio Nacional del Deporte por partida triple, como deportista, gestor e investigador. «Cuando digo que he tenido mucha suerte, con decisiones como dejar el deporte de rendimiento, pienso en campeones olímpicos que acabaron muy mal», reflexiona José Cecchini, que valora muy positivamente los avances en la cobertura al deportista de élite una vez que deja la competición, de la mano de gestores como Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español. «Si la sociedad quiere ser justa con el deporte, tiene que ocuparse de los deportistas de élite cuando ya no lo son. En la Universidad de Oviedo creamos las primeras becas para que, cuando acabasen su vida deportiva, pudieran tener competencias y recursos para ganarse la vida».
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