El Museo de la Iglesia estrena visitas guiadas para descubrir su patrimonio a través de cuatro "menús degustación"
El ciclo estival propone recorridos temáticos e interactivos durante julio y agosto para acercar al público la historia, el arte y la espiritualidad de la diócesis de Asturias

Fernando Luque exponiendo una de las piezas del museo durante la visita. / Luisma Murias
El menú se llama «Sabores del cielo» y comienza con una pregunta: ¿Qué significa el paraíso para ustedes? «Sin dolor», «tranquilo y sin ruido», «algo maravilloso». El grupo que el pasado lunes estrenaba una de las nuevas experiencias del ciclo de visitas veraniegas del Museo de la Iglesia en Asturias ofrecía respuestas tan variadas como las que, a lo largo de la historia, han ofrecido los artistas. Unos lo relacionaron con la luz; otros, con un jardín y la naturaleza; aquellos, con una mesa siempre puesta. Y todos ellos atribuyeron una característica común a sus representaciones: la ostentación en los materiales.
Así da paso Fernando Luque, doctor en Historia y Artes y encargado de guiar estas visitas, a textiles, bordados, pinturas u orfebrería, todo piezas que contenían oro, plata o piedras preciosas, un símbolo de lo mejor, terrenalmente hablando.
La nueva experiencia del Museo de la Iglesa se prolongará durante los meses de julio y agosto bajo el nombre de «El MIA a la carta: Gustad y ved, degustación de lo sagrado», lema inspirado en el Salmo 34:8. Con ese título la galería situada en el claustro alto de la Catedral del Salvador presenta cuatro recorridos diferentes que ofrecen a los visitantes una aproximación interactiva a sus colecciones.
Cada día estará dedicado a un itinerario específico, ofreciendo una amplia «degustación» de símbolos, relatos, obras de arte y manifestaciones de espiritualidad presentes en el patrimonio de la Iglesia asturiana. Las visitas se celebran cuatro días a la semana, con dos pases diarios, a las 12.00 y a las 17.00 horas, y una duración aproximada de 45 minutos. Los lunes tiene lugar la exposición «Sabores del cielo»; los martes, «Milagros y secretos»; los jueves, «El lado oculto del paraíso»; y los viernes, «Luces y sombras».
La iniciativa pretende «acercar el patrimonio religioso de una manera diferente y más cercana», según explica Fernando Luque. El concepto del ciclo juega con la idea de los menús degustación, de tal manera que cada uno de los cuatro recorridos permitirá degustar distintos «platos». La visita se entiende como un itinerario interactivo, con la idea de que el público pueda interactuar con las obras y poner en común ideas sobre la temática de la que se trate en cada visita.
El Museo de la Iglesia en Asturias es una colección que alberga la historia de la diócesis de Asturias. “La particularidad es que las piezas expuestas no se compran, sino que son donaciones o depósitos de las propias parroquias y muchas de ellas vuelven a sus lugares de origen en fechas de solemnidades, como las fiestas patronales de cada localidad”, afirma Lucía Riesgo, miembro del museo. Se trata así de una recopilación dinámica, un reflejo del patrimonio cultural y artístico de las distintas parroquias asturianas, una fotografía atemporal de la Iglesia en la región.
“Son visitas personalizadas y adaptadas a los asistentes, es un modelo mucho más abierto. Es la primera vez que lo hacemos y está siendo un éxito”, afirma Otilia Requejo, directora de la Oficina de Bienes Culturales del Arzobispado y responsable del museo. La propuesta está dirigida a todo tipo de públicos, de todas las edades. “Nos vamos adecuando al público. Si vemos que hay niños no vamos a hacerla tan técnica como cuando solo hay adultos”, añade Fernando Luque.
Sofía Fernández es una de las asistentes a la visita del lunes. “Me parece una gran idea que los asturianos podamos disfrutar de manera gratuita y guiada de nuestro propio patrimonio, especialmente del que ha sido donado por los propios fieles y la diócesis de la región”, expresa. Como ideas a valorar, Fernández propone orientar la visita más a los jóvenes y niños, para que les llame la atención y tengan curiosidad por asistir. Además, añade, “me gustaría que se continuase con esta iniciativa todo el año y que se extendiese a otras partes del patrimonio, que al final es de todos los fieles”.
El ciclo de visitas supone una oportunidad única de conocer una selección de las obras que alberga el museo. La colección puede visitarse en su totalidad fuera de este itinerario, pero sin la posibilidad de ir acompañado de un experto que guíe el recorrido por los tesoros históricos y artísticos que albergan sus numerosas salas. Las piezas expuestas abarcan desde el siglo XI hasta el XX e incluyen retablos, filigranas, dípticos, facsímiles, sagrarios y esculturas, entre otras representaciones.
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