El palacio que llevó a Asturias a la historia
La casa natal del Conde de Toreno fue construido entre 1673 y 1675

El Palacio del Conde de Toreno. / C. Á.
Los sucesos de Madrid del 2 de mayo de 1808 tuvieron una repercusión en Oviedo, donde la Junta General del Principado dispuso veintitrés días más tarde «declarar la guerra a Napoleón, emperador de los franceses, y a todos sus aliados». En el mismo documento y consciente de la limitación de medios para llevarlo a cabo, se ponen los ojos en Gran Bretaña y se encarga una misión de enviados a Londres.
Aquí aparece José María Queipo de Llano y Ruiz de Saravia, nacido en 1786 en este Palacio construido entre 1673 y 1675 y que, con tan solo 21 años, viaja, como integrante de la legación, en un bergantín corsario inglés que había aparecido frente a nuestras costas. Partió el buque el 30 de mayo, siendo despedido por una salva de 30 cañonazos de las baterías del puerto de Gijón.
El día 6 de junio arribó la legación a Falmouth y, acompañados de un oficial de la marina real inglesa, se dirigieron a posta y con gran diligencia a Londres. El secretario del almirantazgo, apenas daba crédito a lo que oía, procurando con ansia descubrir en el mapa el casi imperceptible punto que osaba declararse contra Napoleón.
Los ingleses estaban enfrentados a una crisis económica originada dos años antes por el bloqueo continental y la prohibición del comercio con Gran Bretaña o con sus colonias decretada por Bonaparte. La noticia de este levantamiento en Asturias podría significar la primera ruptura del cierre impuesto por el francés. Así lo vio el ministro de Relaciones Exteriores Georges Canning, que informó al rey Jorge III y supo identificar la oportunidad.
El 11 de junio de 1808, el Gobierno británico reconoció a la Junta del Principado de Asturias como el gobierno legítimo provisional, actuando en nombre y a favor de la dinastía real de España. Al mismo tiempo, determina embarcar los suministros militares solicitados rumbo a Gijón y destacar a las costas de Asturias una fuerza naval británica suficiente para protegerlas contra cualquier intento que se pueda realizar por parte de Francia de introducir tropas por mar en ese país.
Vuelto a Asturias un miembro del grupo el 19 de junio y comunicado el resultado de la misión, un día más tarde la Junta General, en nombre de Fernando VII, declaró la paz general con Inglaterra.
Nuestro José María Queipo de Llano permaneció en Londres hasta noviembre, poco antes del fallecimiento de su padre, por el que se convertiría en el VII Conde de Toreno. Elegido diputado por Asturias en las Cortes de Cádiz, fue uno de los impulsores del texto constitucional de 1812.
La vuelta de Fernando VII, dos años más tarde, provocó su exilio al condenarlo a muerte y confiscarle sus bienes, para volver en 1820 en el Trienio Liberal, donde llegó a ser presidente de las Cortes. De nuevo Fernando VII aparece en España y le obliga a pasar diez años más exiliado en París hasta que el decreto de amnistía de la regente María Cristina de 1833 le permite reemprender su actividad política, siendo de nuevo presidente del Congreso, Ministro de Hacienda y Jefe de Gobierno..
El resto de su vida siguió siendo muy agitada, alternando intervenciones como diputado por Asturias con exilios que aprovechó para viajar por Europa y establecer contacto con los más notables ilustrados de aquella época y dejando una profunda huella en sus escritos. Su libro «Historia del levantamiento, guerra y revolución de España» fue traducido inmediatamente al alemán, francés y al italiano, a la par que reconocido posteriormente como una obra de referencia por los historiadores.
Fallece en París en 1843 este ilustre ovetense de vasta cultura y una profunda formación histórica, literaria, política y económica. La vistosa lápida de la fachada nos recuerda su lugar de nacimiento.
Este palacio barroco apenas ornamentado es obra del cántabro Gregorio de la Roza, encargado por Fernando de Malleza Doriga, Regidor perpetuo de la ciudad de Oviedo e iniciado en 1673. El matrimonio de su hija con el III Conde de Toreno lleva a que la propiedad pase al mayorazgo de estos últimos.
De dos alturas, con cinco ballesteras abocinadas y ventanas en el bajo, más seis balcones en el piso superior, junto con una portada de dos columnas dóricas de fuste estriado coronadas por escudos de los primeros propietarios.
La contemplación del Palacio confiere serenidad; el color dorado de los sillares utilizados en la fachada, procedentes de la cantera de Lavapiés (donde el hueco dejado será de nuevo caja de resonancia del «Volveremos»), resalta su belleza a pesar de las agresiones sufridas. Por un lado, las dos paredes medianeras de los postreros edificios necesitadas de una actuación de muralismo conceptual. Por otra parte, y en contra de lo que suele ocurrir en las ciudades, la rebaja del nivel de la calle dejó al descubierto materiales pétreos no indicados para ser visualizados, y precisó de contrafuertes para asegurar la estabilidad del cuerpo central. El resto de la fachada ha sido cubierto con placas en toda su longitud.
En agosto de 1903 fue «Palacio Real», pues allí pernoctó el Rey Alfonso XIII, en su visita a Asturias, en cama de «magnífica madera de nogal con delicadísimos trabajos de talla, facilitada por el Sr. Tartiere», según noticia del diario El Carbayón.
Nuestro edificio fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1983 y hoy es la sede del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), presidida por Ramón Rodríguez Alvarez, prestigioso compañero de bachiller.
«El Libro de Oviedo» de Fermín Canella y Secades ; «La guerra de la Independencia» de Javier Rodríguez Muñóz; «Historia del levantamiento, guerra y revolución de España», del Conde de Toreno, presentación de Joaquín Varela Suanzes-Carpegna.
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