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El arzobispo de Oviedo despide con una misa a las Esclavas del Corazón de Jesús: "Sois un regalo para la Iglesia"

Jesús Sanz Montes oficia la eucaristía en honor de la congregación, que se va de la ciudad tras 118 años de presencia: "Dios nos ha querido bendecir con estas hermanas"

Por la izquierda, Álvaro Iglesias, Jesús Sanz Montes, Roberto Gutiérrez, Alfonso López, Santiago Velasco, José Manuel Rodíguez y José María Hevia.

Por la izquierda, Álvaro Iglesias, Jesús Sanz Montes, Roberto Gutiérrez, Alfonso López, Santiago Velasco, José Manuel Rodíguez y José María Hevia. / Fernando Rodríguez / LNE

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Félix Vallina

Félix Vallina

La capilla de la calle Conde Toreno se llenó este miércoles hasta los topes para despedir a las tres religiosas que ponen fin a la presencia de las Esclavas del Corazón de Jesús en Oviedo después de 118 años. Decenas de fieles abarrotaron el templo para participar en la eucaristía presidida por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, y concelebrada por otros nueve sacerdotes, entre ellos el párroco de San Juan el Real, Javier Suárez, que asumirá a partir de ahora la atención pastoral de la capilla, y Adolfo Mariño, vicario general de la Archidiócesis de Oviedo. «Dios con estas hermanas nos ha querido bendecir, sois un regalo para la Iglesia», resumió el prelado durante una homilía marcada por el agradecimiento.

La celebración estuvo cargada de emoción desde el inicio y sirvió para poner el broche a una historia que comenzó en 1908, cuando las primeras religiosas de la congregación llegaron a la capital asturiana. A lo largo de más de un siglo, su labor se extendió mucho más allá de la capilla, con el colegio, la residencia universitaria, la casa de ejercicios de Latores y su trabajo junto a los más necesitados. Sin embargo, para muchos ovetenses su imagen quedará siempre ligada al templo de Conde Toreno, convertido desde hace años en un lugar de referencia para la Adoración Eucarística Perpetua.

Durante su homilía, Sanz Montes recordó la huella que la congregación deja en la diócesis y en la ciudad. Destacó que miles de personas han pasado por sus manos a lo largo de todos estos años y quiso poner en valor una entrega que, dijo, permanecerá para siempre. «Cuántos nombres, cuántos rostros, cuántas circunstancias existenciales han pasado por la entrega de estas queridas hermanas. Dios tiene cuenta y Él lleva el registro de nuestra entrega. Todo eso no se ha perdido», afirmó.

El arzobispo explicó también que la marcha de la comunidad responde únicamente a la falta de vocaciones y al envejecimiento de las religiosas, una realidad que afecta a muchas congregaciones. «No es un capricho, no es un desdén, no es una duda por parte de ellas, sino una necesidad imperiosa», señaló.

Sanz Montes reconoció que la despedida de las Esclavas del Corazón de Jesús deja «un sentimiento agridulce», porque «cuesta siempre despedirnos», aunque subrayó que las hermanas afrontan esta nueva etapa con la misma generosidad con la que llegaron a Oviedo hace más de un siglo.

Uno de los momentos más emotivos de la celebración llegó cuando las tres religiosas que todavía permanecen en la comunidad subieron al presbiterio para dirigir unas palabras de agradecimiento a todos los presentes. Visiblemente emocionadas, dieron las gracias a los fieles por el cariño recibido durante tantos años y por el acompañamiento que han sentido desde que se anunció su marcha.

Sanz Montes quiso agradecer también la decisión de la congregación de ceder la capilla a la Archidiócesis para garantizar que la adoración permanente continúe sin interrupciones. «Han tenido la felicidad de poner en manos de la diócesis este espacio sagrado para que Jesús siga siendo adorado», destacó, al tiempo que agradeció la implicación de los voluntarios que harán posible mantener abierta la capilla las veinticuatro horas del día.

Con el traslado de las tres últimas religiosas concluye una presencia iniciada en 1908 que forma parte de la historia de Oviedo. La comunidad desaparece, pero la capilla continuará abierta y la adoración permanente seguirá siendo uno de los principales referentes espirituales del centro de la ciudad, ahora bajo la responsabilidad de la parroquia de San Juan el Real.

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