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La danza se investiga en Oviedo: así trabaja el laboratorio creativo de Estancias Coreográficas

La decimotercera edición del proyecto reúne a intérpretes, músicos, artistas e investigadores para explorar nuevas metodologías de creación desde una perspectiva interdisciplinar, inclusiva y abierta a la reflexión

En primer plano, por la izquierda, Laura Diepstraten y Camino Guerrero; al fondo, por el mismo orden, Ana Castaño, Sam Daley, Yoshua Cienfuegos, Nina Jerson, Daniela Beltrán, Raquel Zamora y Lydia Areces.

En primer plano, por la izquierda, Laura Diepstraten y Camino Guerrero; al fondo, por el mismo orden, Ana Castaño, Sam Daley, Yoshua Cienfuegos, Nina Jerson, Daniela Beltrán, Raquel Zamora y Lydia Areces. / Fernando Rodríguez

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Oviedo

Quién dijo que la danza no es una ciencia. Si el método científico se basa en la observación, medición, experimentación y formulación de hipótesis, las Estancias Coreográficas pueden considerarse un auténtico laboratorio de investigación en danza contemporánea. Creado en 2013, el proyecto ideado y dirigido por el coreógrafo ovetense Yoshua Cienfuegos celebró su 13.ª edición, que arrancó el 6 de julio en Oviedo y finalizó este domingo, consolidándose a lo largo de estos años como un referente nacional en investigación coreográfica.

Sus "científicos" son intérpretes, coreógrafos, músicos, artistas plásticos, cantantes y teóricos, que crean entre todos un clima de creatividad e inspiración alimentado por las diferentes disciplinas artísticas. Todos los artistas trabajan en un espacio común e interactúan entre sí. Los intérpretes ensayan coreografías mientras los músicos crean música en directo y los artistas plásticos dibujan o pintan. Todo ello con un fin: investigar nuevas metodologías de creación y reflexionar sobre la convivencia de tiempos, cuerpos, lenguajes y procesos dentro de la práctica coreográfica contemporánea.

Las sesiones de trabajo se basan en el método de cada creador, pero también están abiertas a las propuestas de los intérpretes. Las jornadas comienzan con un calentamiento colectivo en el que los artistas preparan el cuerpo y la mente para el trabajo. "En mi caso, más allá de lo técnico, el calentamiento me permite entrar en un cuerpo disponible para bailar, para que no sea un cuerpo vacío. Me prepara físicamente para el baile", explica Miguel Ángel Aragonés, bailarín. Esta técnica se enmarca en el concepto de "movimiento residuo", un término que hace referencia al "residuo" que se lleva el bailarín del calentamiento técnico al resto de la práctica, ya sea de manera consciente o inconsciente.

Para el intérprete, más allá de lo físico y lo técnico, está lo mental. Hacer el calentamiento de manera conjunta con todos los participantes en las Estancias le permite situarse "en un lugar común", como si creasen un lenguaje compartido que les acompaña durante toda la jornada. Camino Guerrero, música, le da el mismo significado a este ritual de preparación: "Esta mañana que no he ido, me he notado mucho más tensa, más distanciada de los bailarines. En cambio, cuando haces solo cinco minutos de estiramientos con los bailarines, ya notas cómo te cambia la energía".

Las sesiones de trabajo se desarrollan por la mañana y por la tarde y, al finalizar cada una, se exponen y registran los resultados obtenidos mediante grabaciones. "La idea es crear algo y al finalizar la sesión cerrarlo, que se quede ahí y que cada trabajo sea independiente", explica Natalia Thaïs. Además, todas las clases se retransmiten por videollamada para que investigadores de la danza de distintos países puedan observar y analizar el trabajo que se desarrolla en el Teatro Campoamor. La coordinación de la investigación corre a cargo de Bernardo Orellana, profesor de la Universidad de Artes y Comunicaciones de Chile.

Lydia Areces es una de las intérpretes que más ediciones lleva participando en el proyecto, desde 2019. "Normalmente, al menos en mi caso, como bailarina me meto a un estudio, pienso la pieza que quiero hacer y me pongo a crear o a que alguien me dé mucho material y yo aprendérmelo. Así una pieza tras otra. Aquí, en cambio, todo nace de trabajar desde el mundo de las ideas de los bailarines y creadores. Es una metodología distinta y muy enriquecedora", explica.

Al finalizar el día, artistas, creadores e investigadores se reúnen para poner en común los distintos puntos de vista sobre el trabajo realizado, desde una perspectiva tanto práctica como teórica. "En el mundo de la danza clásica todo se orienta más a trabajar, reproducirlo en un escenario y a lo siguiente. No hay tiempo para la reflexión; no te preguntan sobre tu interpretación. Esa es mi parte favorita, porque no lo había vivido nunca", señala Eva Fernández. La dinámica consiste en que los investigadores plantean preguntas desde un plano teórico y los creadores responden a partir de la experiencia práctica desarrollada durante la jornada.

La edición de este año profundiza además en otro de sus compromisos: la accesibilidad y la inclusión. En colaboración con varias asociaciones Down, Estancias Coreográficas seleccionó a Sam Daley, Ana Castaño y Nina Jerson para formar parte del grupo de trabajo. "Desde que nací me sentí muy conectado con el baile. Para mí, bailar aquí significa poder soltarme, pasar de ser duro a ser blando, es ser real desde el alma y el corazón", expresa Daley. Para el resto de intérpretes, esta experiencia les permite "salirse del bucle de crear y crear y abrirse a atender a la otra persona", explica Lydia Areces.

Gracias a la colaboración con la ONCE, tres artistas con discapacidad visual se han incorporado también al proceso creativo desde distintas disciplinas. Laura Diepstraten y Catiana Romero crean la música que acompaña las coreografías utilizando como instrumento principal su voz. Por su parte, Pepa Llano desarrolla su trabajo desde las artes plásticas: "Es un proceso de interacción e inspiración mutua entre ellos y yo. Yo estoy aquí, no miro para ellos y me inspiran. Son los silencios, los taconeos, la música, todo", explica.

Además del trabajo de investigación, Estancias Coreográficas cuenta con un programa de actividades abiertas al público. Este domingo al mediodía el espacio Postigo Abierto acogió "Viaje Sensacional", una acción "performática" de teatro sensorial, inmersiva e inclusiva desarrollada por el Laboratorio de Creación Escénica del CAI de Pando, bajo la coordinación de Agustín Pérez y el Filarmónica acogió la gala final con el trabajo desarrollado estas semanas. Asimismo, el pasado 11 de julio, los Cines Embajadores de Oviedo estrenaron el documental "Adictos a la danza" y el Museo Etnográfico de Quirós inauguró una exposición con vestuario y resultados plásticos de anteriores ediciones.

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