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Fuso de la Reina, el refugio verde de Oviedo donde ya se ven hasta osos: “Es la desconexión del cemento"

“Permite hacer deporte sin tener que coger coche”, celebran los usuarios de la ruta ovetense de diez kilómetros que comienza en el Parque de Invierno y llega hasta Las Caldas

Estudiante del MIR desconecta del estudio mientras camina por la Vía Verde

Estudiante del MIR desconecta del estudio mientras camina por la Vía Verde / Lucía Rodríguez Alonso

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Lucía Rodríguez Alonso

Oviedo

“Alivio el estrés mientras corro entre la naturaleza sin ver ningún coche”, explica Pablo García después de sus reconfortantes 6 kilómetros por la Vía Verde de Fuso de la Reina, en Oviedo. Para él, correr fuera del espacio urbano y hacerlo en la naturaleza constituye una combinación "perfecta". Lleva 10 años disfrutándola, confirma, y dice que “es lo más llano que hay alrededor” de la capital asturiana. Además, sirve como punto de encuentro imprevisible porque siempre se acaba tropezando a gente que nunca se espera: "Un amigo que no sabía que venía, por ejemplo, y al final acabamos corriendo juntos”, confirma. Para Javier Nicieza también es un paseo revitalizador desde que empezó a practicarlo todos los días desde hace tres años. Lo explica así: “Me da tiempo a pensar, organizarme, y eso me hace sentir bien; además, el entorno es bonito”

“Es la ruta más tranquila de Oviedo para estar llena”, asegura Marina Fernández, que hace tiempo “iba a la pista Finlandesa”, pero considera que está mejor esta; además vive al lado: "La hago todos los días ya sea corriendo o caminando, hasta la altura del puente”. Otros, como Rubén González, acuden “durante todo el año en bici hasta Trubia, ida y vuelta”, "Antes iba todos los findes hasta Pravia en tren, y cuando hicieron la senda, desde entonces elijo esta opción”, confiesa. Aunque cuando va acompañado de su mascota, aclara, avanza hasta “donde el perro quiera dar la vuelta”.

A muchos ovetenses la vía verde de Fuso de la Reina les “permite hacer deporte sin tener que coger coche”, un lujo además de “desconectar del trabajo”, comenta entusiasmado Carlos Fontaneda, que “dos o tres veces a la semana” sale a correr “hasta el puente Manjoya”. En el verano, supone además un alivio para quienes permanecen en la ciudad sin poder salir de vacaciones.

Encontronazos a mitad de camino

José Manuel Pedregal conoce “la senda desde que se hizo” y, con la llegad del calor, la prefiere porque "es más llevadero que la carretera”. Hace dos años, relata como anécdota, se encontró un oso por la senda de Caces, muy cerca de llegar a la de Fuso de la Reina. "Estaba saltando de un lao para otro” y le dio “un susto de la de Dios”; aun así, paró “para verlo, aunque escapó prao arriba”.

Otros han visto en sus paseos por el cinturón verde de Oviedo zorros, jabalíes, ardillas, pájaros carpinteros, enumera Plácido Gutiérrez, y hasta un nido de avispa velutina que le llevó a “avisar al momento por si acaso”. Le encanta caminar tranquilo por la vía verde para “desconectar del cemento”, sobre todo en verano, “porque por la mañana hay sombra”.

Un descanso antes de seguir estudiando para el MIR

La vía verde de Fuso de la Reina es una senda asfaltada, con paisajes abiertos en algún tramo y llena de árboles. Comienza en el Parque de Invierno y llega hasta Las Caldas, sigue el trazado de la antigua vía férrea que conectaba Oviedo con Fuso y San Esteban, fue reconvertida en vía verde tras el cierre de la línea en 1999. A lo largo del primer tramo, llega hasta la antigua estación de tren de La Manjoya. Son unos diez kilómetros en total que sirven también de esparcimiento a los más jóvenes. Los estudiantes buscan en ella “desconexión”. La navarra Isabel Urtarán acude “tres días por semana” aprovechándola “para desconectar del estudio”, ya que está preparando el MIR. Miguel Larrosa, estudiante zaragozano que lleva unas un mes en Oviedo preparando también el curso médico, acude “después de estar estudiando” ya que necesita que le dé “el aire” para “desconectar”.

La ruta está llena de árboles. “Esto no es un secarral como Toledo”, presume María Carrero, que vino a Oviedo de vacaciones y optó por hacer la ruta “hasta llegar a una fuentecita” y dar la vuelta ya que "el hambre aprieta". Pero la comida sabe mejor tras haberse dado un paseo por la naturaleza huyendo del cemento de la ciudad.

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