Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Un verano en un colegio de Oviedo sin perder la rutina para los alumnos con necesidades especiales

Cerca de 40 niños y jóvenes con necesidades especiales participan en el programa municipal de apertura de las escuelas : «Es un auténtico lujo»

El Alcalde, la concejala y las familias durante la visita al colegio Veneranda Manzano.

El Alcalde, la concejala y las familias durante la visita al colegio Veneranda Manzano. / Fernando Rodríguez

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Rosalía Agudín

Rosalía Agudín

«Es un auténtico lujo porque nuestros hijos pueden mantener la rutina durante todo el verano». Esther Fernández, madre y vocal del AMPA del colegio de Latores, resume así la importancia que tiene para las familias el programa de apertura de colegios durante las vacaciones. Una iniciativa que, en el centro Veneranda, ofrece actividades adaptadas a cerca de 40 niños y jóvenes con necesidades especiales.

El alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, y la concejala de Educación, Lourdes García, visitaron el colegio para conocer el funcionamiento de un servicio que permite a los participantes continuar con algunos de los hábitos adquiridos durante el curso, relacionarse con otros compañeros y disfrutar de actividades de ocio en un entorno seguro y atendido por profesionales especializados.

«Las vacaciones son épocas en las que se pueden desregular y este programa les permite tener una continuidad y mantener las rutinas escolares», explica Fernández. El servicio también supone un importante apoyo para los padres que trabajan durante el verano. «Nos permite conciliar y ofrece un respiro a las familias. Ver a nuestros hijos felices nos da una tranquilidad tremenda», añade.

El programa atiende a usuarios de entre 4 y 21 años y cuenta con un equipo formado por 17 monitores y tres técnicos auxiliares de cuidados de enfermería (TCAE). La mayoría de los participantes proceden del colegio de Latores, por lo que muchos ya se conocen entre sí y están familiarizados con los profesionales encargados de las actividades.

Olaya Fernández, una de las monitoras, explica que la jornada comienza entre las nueve y las nueve y media de la mañana. Tras la llegada de los participantes, el grupo celebra una asamblea apoyada en pictogramas. Después llegan las manualidades, las actividades complementarias y el aperitivo.

Buena parte de la mañana se desarrolla en el patio. Allí, los niños y jóvenes participan en estaciones de psicomotricidad y colaboran en el montaje de circuitos con vallas, conos y otros elementos adaptados. Los recorridos también están preparados para quienes utilizan silla de ruedas. La programación se completa con juegos libres, ejercicios de relajación y, en los días de más calor, fiestas de agua con globos.

Al mediodía, algunas familias recogen a sus hijos, mientras que otros usuarios se quedan en el comedor y continúan posteriormente con actividades más tranquilas. El servicio se prolonga hasta alrededor de las cuatro y media de la tarde. El precio es de 16 euros por semana, con el comedor aparte, aunque el Ayuntamiento dispone de ayudas para becarlo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents