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"No es tan difícil como parece": así transcurrió en Oviedo la gesta ajedrecista de dos Grandes Maestros contra diez contrincantes a la vez

Del Río, vigente campeón del Open local, y Marin, olímpico con Rumanía, jugaron las partidas simultáneas en el Edificio Histórico de la Universidad

VÍDEO: Oviedo acoge el Open Internacional de Ajedrez

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Jugar contra diez personas a la vez no es solo una cuestión de talento, sino de tener una mente que procesa información en apenas unos segundos. Aunque ellos le quiten importancia. Así, el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo pasó ayer de academia del saber a una de tinte ajedrecista para acoger la exhibición de partidas simultáneas del Open de Ajedrez Ciudad de Oviedo.

Dos hileras con una decena de tableros cada una fueron el reto de los Grandes Maestros Gabriel del Río, hispanoargentino, y Mihail Marin, rumano. Ambos, curtidos en estas lides, quitaron hierro a un desafío intelectual que da vértigo al común de los mortales. "No es tan difícil como parece", afirmó Marin, mientras que del Río desveló que la estrategia a seguir es la más sencilla: "Afrontarlo como si fueran juegos individuales".

Marin, afincado actualmente en la localidad gallega de Oleiros, lleva décadas recorriendo la geografía española por las piezas blancas y negras, pero es su primera vez en Oviedo. Su paso por el Open ha dejado ya anécdotas curiosas, como las tablas acordadas con su propia esposa para reservar energías. "Venir aquí es ganar de cualquier forma, porque nos encanta la ciudad", manifiesta el veterano jugador que formó parte de la selección de su país en las olimpiadas de este deporte de mesa.

En la hilera contigua, Del Río, residente en Madrid tras una etapa de siete años en Gijón, afrontó la exhibición como el vigente campeón del Open. Sin embargo, el campeonato de este año le está exigiendo un esfuerzo extra tras un error que le costó caer derrotado en la segunda ronda de las nueve que hay. Del Río pone el foco en el desgaste anímico que sufren los profesionales. "A mí me afecta mucho una partida para la siguiente; a veces, si va mal la cosa, es una rueda y ya va todo mal", explicó sobre la relevancia de la fortaleza psicológica. En las simultáneas, prefiere no obsesionarse con la cantidad de rivales.

Entre los aspirantes que intentaban poner en jaque a los maestros se encontraba Naiha Horcajada, una niña de ocho años del Club Ajedrez Valdesva de Trevías, en Valdés, que ya sabe lo que es puntuar en el Open. Para ella, el tablero es un lugar de aprendizaje y respeto absoluto. "Nunca he jugado contra un Gran Maestro y me parece que es un gran honor poder hacerlo", afirmó con una seriedad sorprendente para su corta edad y de quien comprende el mérito del que está al otro lado de la mesa.

El torneo ovetense está cada vez más consolidado internacionalmente y la exhibición fue reflejo. De Francia es de donde vino Adrien Lubino, de 29 años, que regresó al campeonato de la capital asturiana por tercera vez atraído por la "organización perfecta" y el ambiente de la ciudad.

Tras una edición pasada agridulce, su objetivo este año es claro: "Vine otra vez para borrar ese recuerdo". Para Lubino, el ajedrez es una carrera de fondo —lleva 15 años jugando—, pero en esta exhibición sus prioridades cambian respecto a la competición oficial: "Lo más importante es divertirse, sobre todo; el resultado es secundario".

La jornada en el claustro universitario congregó también a jugadores de más países, como Ucrania o Azerbaiyán y etapas vitales muy dispares, de la infancia a la madurez. Como señaló la organización, el ajedrez demostró "no tener edad", reuniendo en una misma hilera a veteranos y jóvenes promesas que se batieron con dos de los mejores jugadores del torneo ovetense. Y del panorama internacional.

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