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Juan Avello, magistrado ovetense que acaba de ser nombrado presidente del Tribunal Superior de Justicia de Canarias «Estoy convencido de que los jueces actúan sometidos únicamente a la ley"

«En Las Palmas, tenemos una Ciudad de la Justicia moderna, no hay problemas de dispersión»

Juan Avello, después de ser nombrado presidente del TSJC.

Juan Avello, después de ser nombrado presidente del TSJC. / Andrés Cruz

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Rosalía Agudín

Rosalía Agudín

Juan Avello Formoso (Oviedo, 1975) acaba de asumir la presidencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC). Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo, comenzó su trayectoria profesional en Extremadura, ejerció durante cerca de año y medio en Pola de Lena y llegó a Canarias tras ascender a magistrado. El año que viene se cumplirán veinte años desde que hizo las maletas para coger un avión con destino a la ciudad donde anidó y acabaron nacieron sus hijos.

-¿El niño ovetense que correteaba por las calles de la ciudad se imaginaba que iba a ser presidente del TSJ de Canarias?

-Jamás me imaginé tanta suerte y honor. Para un magistrado, alcanzar la presidencia de un Tribunal Superior de Justicia es prácticamente una de las responsabilidades más importantes que se puede asumir dentro de la carrera. Tampoco pensaba que acabaría desarrollándola fuera de Asturias, porque la tierra tira mucho, pero el azar, la suerte o el destino me llevaron a Canarias.

-¿En qué momento decidió aspirar a la presidencia?

Muchas veces me pregunto, «y todo esto, ¿por qué y para qué?» No deja de ser una complicación porque supone más trabajo y más responsabilidad. No podría señalar un momento exacto. Se planteó la posibilidad, hubo compañeros que me animaron y llega un momento en el que uno piensa, «¿por qué no?».

-Comenzó su carrera en juzgados de Primera Instancia e Instrucción. ¿Son destinos que curten?

-La carrera judicial ha cambiado un poco porque lo habitual antes era que el primer destino fuera un juzgado pequeño, lo que solemos llamar un juzgado de pueblo. Allí conoces de cerca la realidad social y lo que los ciudadanos sienten y esperan de la justicia. Aprendí muchísimo jurídicamente y sobre la vida, la forma de pensar de las personas y los problemas cotidianos que llegan a los tribunales.

 -¿Cuál es el secreto para dejar huella en un territorio al que se llega desde fuera?

-No lo sé. Creo que no hay que hacer nada especial. Basta con intentar tratar bien a todo el mundo, ser amable y trabajar con normalidad. No hay mucho más secreto. Desde que llegué aquí, me sentí muy a gusto. Esta es una tierra muy buena y tuve la suerte de estar acompañado por grandes amigos. .

-En Las Palmas tiene su grupo de asturianos.

-Somos una peña y nos reunimos con bastante frecuencia, aproximadamente cada mes o mes y medio. Nos ayuda a recordar nuestras raíces, hablar de nuestra historia común y sentirnos cerca de Asturias. Hay personas de sectores muy diferentes y cada verano celebramos un encuentro de asturcanarios en Mudarri (Siero), en la casa que tiene el empresario Gonzalo Huerta. Este año será el 8 de agosto.

-Volvamos a los juzgados. Hay casos mediáticos como el del militar que pidió un cambio de sexo que usted le negó por fraude de ley. ¿Siente la presión a la hora de redactar la sentencia?

-Cuando estás en el despacho, se plantea un asunto y lo resuelves en conciencia, aplicando la normativa correspondiente. En la prensa aparecen fundamentalmente asuntos relacionados con la corrupción o con la política, pero eso representa aproximadamente el 1% del trabajo que se desarrolla en los juzgados.

-¿Le preocupan las críticas de los políticos a los tribunales?

-Es muy importante hablar de independencia judicial. Lo primero que debemos aclarar es que no se trata de un privilegio de los jueces; es una garantía de los derechos de los ciudadanos y uno de los pilares del Estado de derecho.

-En muchas ocasiones, se lanza el mensaje de que la justicia está politizada.

-Es muy grave porque genera desconfianza y supone un retroceso en la calidad democrática. En el fondo, el sistema depende de que los ciudadanos confíen, sepan que existe un Estado de derecho y entiendan que rige el imperio de la ley. Los políticos, igual que cualquier ciudadano, deben cumplir las resoluciones y, cuando no estén de acuerdo, recurrirlas. Determinados mensajes son inconvenientes.

-¿Los jueces actúan con independencia?

-Estoy absoluta y completamente convencido de que los jueces actúan sometidos únicamente al imperio de la ley. En ocasiones, investigan la corrupción de un partido político y otras veces, la de otro.

-La sobrecarga de los juzgados se extiende a lo largo de toda España.

-Canarias es la comunidad autónoma con mayor índice de litigiosidad en los últimos seis años. Hay que desarrollar una labor de sensibilización y explicar que los juzgados no son la única vía disponible para solucionar todos los conflictos.Recuerdo estudios del Consejo General del Poder Judicial que analizaban el coste económico de los juicios verbales, que son procedimientos de pequeña cuantía. Un proceso podía llegar a costar al sistema unos 2.500 euros para resolver, por ejemplo, una reclamación de 300 euros entre compañías aseguradoras.

-¿Qué papel puede desempeñar la inteligencia artificial para aligerar la justicia?

-Pueden resultar muy útiles en determinadas tareas de admisión a trámite o la gestión de los pasos previos necesarios antes de que el procedimiento pueda resolverse. Pueden ayudarnos a gestionar de una manera más rápida y con un menor coste, pero la decisión final tiene que corresponder a una persona.

-¿Qué opina sobre la ley de modernización de la justicia?

-Tiene luces y sombras. Llevábamos funcionando de la misma forma el último siglo y medio, y la situación que teníamos no era especialmente buena. Desde ese punto de vista, cambiar el sistema y el modelo tiene lógica y sentido. En toda Europa se funciona mediante tribunales de instancia y las propias asociaciones judiciales venían reclamando su creación.

-¿Y cómo está yendo la puesta en marcha?

-Es diferente en cada territorio. Continúan existiendo problemas que ya estaban presentes antes de la reforma: una alta interinidad, falta de formación la y necesidad de crear más plazas judiciales. Se anunciaron quinientas y estaremos pendientes y vigilantes para exigir que se creen.

-En Canarias tienen los problemas de dispersión que hay en Oviedo?

-En Las Palmas de Gran Canaria tenemos la suerte de contar desde hace catorce años con una ciudad de la justicia que es de las mejores, más modernas, punteras y cómodas de España. Allí, a mi juicio, la implantación se llevó muy bien. La situación es distinta en lugares como Puerto del Rosario, en Fuerteventura, o San Bartolomé de Tirajana, donde los juzgados están repartidos en diferentes edificios. Si la idea consiste en crear servicios comunes, resulta mucho más complicado hacerlo cuando las sedes están dispersas.

-¿Qué le parece la situación de Oviedo?

-Estoy un poco alejado del territorio. Los juzgados deben de tener un espacio digno y, por ejemplo, una mujer víctima de violencia machista no puede tener sentado al lado a su agresor o coincidir con él por los pasillos. Debe haber un espacio donde sea atendida.

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