Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

"Deberían haber avisado de que el Neptuno era una réplica", opinan en el Campo San Francisco de Oviedo sobre la copia de la estatua del dios del mar

Paseantes y turistas comparten el proteger la pieza original, pero critican la falta de transparencia y proponen que la figura auténtica sea expuesta al público

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

El Campo San Francisco es el gran jardín de Oviedo. En este espacio verde, una especie de eje sobre el que gira la ciudad, conviven multitud de especies vegetales con esculturas y puntos de interés histórico. Uno de estos monumentos es la estatua de Neptuno, dios del mar en la cultura clásica. En los últimos días, esta figura ha generado polémica tras confirmarse que la imagen instalada en el jardín es una réplica, mientras que la original de 1876 se halla actualmente en el Ayuntamiento, al que vecinos y turistas achacan "falta de transparencia", a la par que proponen que la talla original sea expuesta y accesible para los ciudadanos, que unánimemente consideran que el consistorio "debería haber avisado" de que esta obra es una copia.

Javier Castaño es arquitecto y pasea por el parque con su perro, "Willy". No le sorprende que se haya optado por poner una copia en lugar de la pieza auténtica. De hecho, cree que es la decisión más lógica para evitar que el patrimonio sufra daños irreparables. "A mí me parece bien porque ya sabéis lo que pasa con estas cosas; hay mucha vandalización", explica mientras observa la figura y compara la situación con la del David de Miguel Ángel en Florencia: "La auténtica está bien guardada".

A pesar de entender la necesidad de protección, Castaño critica la gestión de la comunicación, porque, para él, ocultar el dato no tiene sentido. Mientras desenfunda su móvil y saca unas fotos, apunta que el parque es un sitio donde "las cosas valiosas siempre tienen que estar a buen recaudo", pero lamenta que la reproducción que hay ahora, hecha de resina y polvo de mármol, ya presente grietas y desperfectos.

Un poco más allá, un grupo de jóvenes que visita la ciudad desde Ourense se detiene a mirar la placa donde se explica qué es el monumento. Amelie Carrillo, Abril González, Noelia Losada, Nerea Díaz y Emma Blanco, como es natural, no sabían que el dios por el que se estaban interesando no era el original de mármol. Al enterarse de que es una copia su reacción es de sorpresa y algo de decepción. Creen que el Ayuntamiento ha fallado al no informar, también. "Es un poco feo no haberlo dicho", comentan entre todas. Para estas turistas, la solución es sencilla: "Podrían poner la real en una vitrina o en un museo con seguridad. Así la gente que quiera ver la de verdad puede hacerlo", proponen.

La indignación es mayor si se pregunta a ovetenses de pura cepa. Caminando por el paseo de la Rosaleda estaban Elena Gutiérrez y Rosa García, que se muestran un poco airadas con el tema. "Esto es un timo, tal cual", asegura Gutiérrez con firmeza. No entiende por qué se decidió ocultar el cambio a los vecinos de Oviedo. "Tenían que habernos avisado. Si nos lo dicen no pasa nada, lo entendemos por seguridad, pero engañarnos está mal".

Ambas mujeres conocen perfectamente la accidentada historia de esta talla. Recuerdan cómo la estatua original pasó años en la finca privada de un antiguo contratista después de desaparecer del Campo en los años sesenta. "Vaya pillería", dice García al recordar que el Museo de Bellas Artes tuvo que pagar 12.000 euros para recuperarla en 2006. García confiesa que ya sospechaba que algo raro pasaba con la figura que pusieron tras la última restauración. "Yo no sé mucho de materiales, pero el otro día me dije: ‘Vaya mala vejez que tiene este mármol, parece arenoso, está como degradado’. Y ahora resulta que nos dicen que ni es mármol ni es nada", se queja.

En el paseo de los Álamos, el debate continúa. Allí, sentados en un banco sobre el famoso pavimento de mosaicos diseñado por el artista Antonio Suárez, descansa, señorial, un matrimonio luarqués: Constantina Pérez y Luis Álamo. La mujer considera correcto no decir que era una réplica. "No hay que dar más luces de la cuenta, porque luego la gente despreciaría a la estatua por ser una copia", afirma convencida. Para ella, lo prioritario es que el Neptuno real esté bien custodiado y cree que avisar solo sirve para generar polémicas estériles. Sin embargo, su marido no comparte esa opinión y prefiere la transparencia.

"Yo la tendría expuesta en el Bellas Artes, aunque aquí en el Campo dejen la réplica; eso sí, dejando claro cuál es cuál", argumenta. Y allí quedó el matrimonio, discutiendo amistosamente en el banco sobre si hacer accesible el Neptuno original provocaría demasiadas colas de curiosos o si sería lo más honesto para evitar que los ovetenses se sientan decepcionados.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents