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Cuatro horas para talar uno de los tilos centenarios del Campo San Francisco

El Ayuntamiento plantará, entre noviembre y diciembre, una decena de árboles en los paseos del Jardín Histórico

La tala del árbol.

La tala del árbol. / Irma Collín / LNE

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Rosalía Agudín

Rosalía Agudín

El Campo San Francisco despidió este jueves a uno de los tilos centenarios. El ejemplar, situado en el paseo Julio Vallaure, junto a la calle Santa Susana, fue talado durante cuatro horas después de que los técnicos municipales concluyeran que su estabilidad estaba comprometida y que no existían medidas viables para garantizar su seguridad. El concejal de Parques y Jardines, José Ramón Pando, destacó la rapidez del operativo y el trabajo de los operarios, que utilizaron una plataforma elevada para desmontar la copa y el tronco. Dos trabajadores realizaron las labores desde la cesta elevadora y el edil resaltó que esta decisión se ejecutó por motivos de seguridad. El árbol estaba «podrido por dentro», presentaba una cavidad en el tronco y mantenía una inclinación de 43 grados. Además, el crecimiento de sus raíces había comenzado a levantar la acera y a romper el muro de la jardinera. «Era un peligro. Se llevaba vigilando desde hacía tiempo y, con esa inclinación, no se podía hacer nada», subrayó.

El tilo de hoja plateada, de la especie Tilia tomentosa, tenía 17 metros de altura y un diámetro de tronco de 83 centímetros. Su edad se situaba entre los 120 y los 140 años, según la valoración del paisajista José Valdeón. El ejemplar formaba parte de la imagen del Campo y de uno de sus recorridos más transitados, lo que elevaba las posibles consecuencias personales y materiales en caso de caída.

El informe de la empresa encargada del mantenimiento de las zonas verdes, la unión temporal formada por FCC y Perica II, advertía de que la inclinación había aumentado con los años. El reducido espacio dentro de la jardinera y las actuaciones realizadas durante décadas en su entorno habían condicionado las raíces y generado fuertes tensiones estructurales. Los técnicos consideraron que episodios de viento intenso o una tormenta de verano podían agravar el riesgo y descartaron cualquier intervención alternativa que permitiese conservar el árbol con garantías.

La tala no pasó inadvertida para los usuarios del parque. Una vez retirado el ejemplar, numerosas personas se detenían a observar el hueco que había dejado junto a Santa Susana. «Había gente mirando dónde estaba el árbol», relató Pando. El concejal reconoció el valor sentimental y paisajístico de estos ejemplares, pero defendió que la seguridad debe imponerse cuando los informes técnicos concluyen que existe un riesgo inasumible.

El Ayuntamiento prevé compensar esta pérdida con decena de plantaciones. La campaña se realizará entre noviembre y diciembre, cuando las temperaturas sean más bajas y las condiciones favorezcan el arraigo. «Con un tiempo un poco frío es cuando se hacen estas tareas», indicó. En este proceso se aportarán por especies autóctonas cuatro metros de altura y alrededor de seis centímetros de calibre. También mantiene la concejalía bajo seguimiento una decena de árboles con distintos problemas y presentará la próxima semana un informe sobre su estado. «Estamos mimando los que tienen algún problema», afirmó Pando, quien insistió en que el objetivo es conservar el arbolado histórico siempre que sea compatible con la seguridad de los usuarios. n

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