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El kiosquero de la plaza de América de Oviedo baja la persiana tras 42 años

José Manuel Sánchez se jubila tras cuatro décadas entre periódicos y clientes y lamenta el declive de un oficio que apenas encuentra relevo

VÍDEO: Cierra el último quiosco de Oviedo

J.A. / Irma Collín

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Alba G. Villanueva

Oviedo

Desde julio de 1984, el kiosco de la plaza América ha cambiado de estructura al menos tres veces. Su alma, sin embargo, ha permanecido intacta. José Manuel Sánchez cerrará hoy sus alas por última vez. Se jubila después de 42 años dedicados a un oficio que vivió una época dorada y que hoy apenas encuentra relevo.

Llegó al kiosco casi por casualidad y con la idea de que sería algo provisional. "Estudié Magisterio, luego hice la mili y, cuando volví, ya era marzo y no me daba tiempo a preparar las oposiciones. Me ofrecieron esto y entré como algo temporal". Cuatro décadas después, el kiosco cuelga carteles de liquidación y su propietario afronta esta nueva etapa con ganas. "Han sido 42 años intensos, pero se me han pasado muy rápido", resume.

¿El secreto? La disciplina y vivir el día a día. Así explica cómo ha sostenido durante tanto tiempo una labor que él mismo define como "absorbente". En invierno, con un calefactor; en verano, resguardado por los tilos, siempre en apenas cinco metros cuadrados. "No sé si mucha gente aguantaría abrir todos los días del año. Esto no es lo mismo que un local", afirma.

Ahora mira al futuro con tranquilidad. Quiere desconectar, hacer rutas de montaña y recorrer Asturias "sin prisa". Lo que más echará de menos será el contacto con la gente. "En un kiosco haces sociedad". Aun así, seguirá frecuentando el barrio. "Después de tantos años tengo más amigos aquí que donde vivo", comenta mientras saluda a varios clientes habituales.

Desde su ventanilla vio crecer a los niños que bajaban del autobús escolar para comprar chucherías y que hoy ya son padres. También observó la transformación de la ciudad. Cuando el Real Oviedo jugaba en Buenavista, por el kiosco pasaban jugadores y entrenadores de Primera División para comprar la prensa. Más tarde llegarían los premios "Princesa de Asturias" y muchos políticos, además de miles de vecinos convertidos en clientes fieles.

Prensa que se devoraba

Aquellos fueron los años de mayor esplendor del negocio. "La prensa se devoraba y empezaron los coleccionables de todo tipo. Yo tengo la casa llena de colecciones de LA NUEVA ESPAÑA", recuerda entre risas.

El panorama, admite, ya no se parece al de entonces. La generación que mantiene vivo el sector ha envejecido y el relevo apenas aparece. "Me preocupa que la gente dependa única y exclusivamente del teléfono móvil para informarse. Las redes sociales son una máquina de bulos y polarización", sostiene. Aun así, no pierde la esperanza. "Ojalá llegara una nueva remesa de jóvenes y le diera un nuevo enfoque".

Su consejo para quien quiera recoger el testigo es sencillo: "Ser uno mismo y natural con los clientes. Y no comerse el coco con el mañana. Hay que vivir el momento".

Sin planes especiales para hoy, afrontará la jornada como una cualquiera. Cuando baje por última vez la persiana del kiosco de la plaza América, lo hará convencido de que el papel todavía tiene un lugar. "No debería desaparecer como transmisor de la información y la cultura", concluye.

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