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Cuatro amigos de toda la vida reabren La Chucha, el histórico quiosco de Oviedo: café de especialidad, matcha, galletas y una pequeña terraza con cuatro mesas

Los ovetenses Higinio Rubio, Álvaro Sampedro, Gonzalo Solís y Jesús Campillo inaugurarán el sábado San Fran Coffee

Álvaro Sampedro y Gino Rubio en la Chucha.

Álvaro Sampedro y Gino Rubio en la Chucha. / Miki López / LNE

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Rosalía Agudín

Rosalía Agudín

Cuando Álvaro Sampedro era niño, paseaba por el Campo de San Francisco de la mano de su abuela y se detenía en La Chucha para comprar golosinas. Aquel pequeño quiosco con un siglo de memoria forma parte de sus recuerdos de infancia y, muchos años después, será también el escenario de su primer proyecto empresarial con sus amigos de toda la vida. El histórico punto de venta volverá a abrir sus puertas el sábado, cuando el aroma del café sustituya al de las chucherías y devuelva el movimiento y la alegría a este rincón del Jardín Histórico.Detrás de la reapertura están cuatro ovetenses unidos por más de tres décadas de amistad: Gino Rubio, Álvaro Sampedro, Gonzalo Solís y Jesús Campillo. Forman parte de la generación de 1992, se conocieron cuando tenían tres años en el colegio de las Teresianas y crecieron juntos. Siempre tuvieron en mente montar un negocio y materializar esa relación en algo físico. Hace un año empezaron a transformar ese deseo en una iniciativa real. «Siempre mola emprender y, si es con amigos de toda la vida, más. Nos conocemos perfectamente y es más fácil llegar a acuerdos», añade Sampedro. Así nació Sanfran Coffee.

La inspiración surgió al observar cómo en otras ciudades antiguos quioscos abandonados recuperaban la actividad con nuevas propuestas. Se convertían en tiendas de venta de flores o de café. La Chucha fue uno de los primeros espacios que les vino a la memoria. «Nos gustaba la idea de dar una nueva vida a este espacio», relata Sampedro. A su valor sentimental se sumaban su ubicación, el paso constante de vecinos y visitantes y el crecimiento turístico que experimenta Oviedo.

Sanfran Coffee trabajará con diferentes tostadores y utilizará granos seleccionados por su origen, calidad y puntuación. Una barista se encargará de preparar tanto los cafés habituales como otras bebidas que han ganado popularidad, entre ellas el «matcha». La oferta se completará con agua, zumos, «cookies» y porciones de tarta.

El establecimiento estará orientado principalmente a la venta para llevar, aunque contará con una pequeña terraza formada por cuatro mesas de madera. Abrirá de martes a domingo, en horario de mañana y tarde, y los promotores pretenden mantenerlo abierto durante todo el año. «La gente nos dice que le hace mucha ilusión que La Chucha vuelva a tener vida y esté cuidada. Les daba pena verla degradándose», señala Rubio. Ese entusiasmo ajeno terminó contagiando todavía más a los cuatro amigos durante la recta final de los preparativos. «Cuando un proyecto empieza de la nada y pasa a ser algo físico, ves cómo la gente comienza a entusiasmarse incluso más que tú. La Chucha la conoce todo el mundo», explica.

La Chucha concentra más de un siglo de vida popular en unos pocos metros cuadrados. La tradición vincula su nombre con una planchadora que vendía golosinas a la intemperie hasta que el Ayuntamiento le proporcionó un cobijo de madera. Carmen Mier y su marido tomaron el relevo en 1955 y convirtieron el puesto en parada habitual para varias generaciones de niños, con chucherías, prensa, revistas, pitos sueltos y los recordados conos de arroz para alimentar a las palomas. Ahora, cuatro amigos que también crecieron alrededor del Campo asumen el reto de escribir un nuevo capítulo de esa historia.

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