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Lucrecia vuelve a reclamar su voz dos mil años después: así son los ensayos en Oviedo de estar gran obra de teatro

SótanoB prepara en Trubia una obra que revisa la historia narrada por Shakespeare

Cristina Lorenzo e Ici Díaz, este martes,  durante el ensayo.

Cristina Lorenzo e Ici Díaz, este martes, durante el ensayo. / LNE

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Rosalía Agudín

Rosalía Agudín

En el escenario del Teatro Casino de Trubia, Cristina Lorenzo e Ici Díaz prestan su cuerpo y su voz a Lucrecia. También a Tarquino y a cuantos rodearon una historia de hace dos mil años que continúa dolorosamente cercana. La compañía ovetense SótanoB ensaya allí hasta el 14 de agosto «El caso Lucrecia», su nueva producción, que se estrenará el 23 de septiembre en La Felguera.

Sandro Cordero firma y dirige el montaje inspirado en «La violación de Lucrecia», el poema de Shakespeare basado en Tito Livio. Lucrecia fue violada por Sexto Tarquino, hijo del rey, y se suicidó tras contar la agresión. Su muerte abanderó la rebelión que derribó la monarquía romana. Su dolor sirvió entonces a una causa construida y protagonizada por hombres.

SótanoB quiere devolverle ahora el centro de su propia historia. No para presentar respuestas cerradas, sino para formular preguntas al público de 2026 sobre la violencia sexual, la culpa y esa «víctima perfecta» a la que todavía se exige haber actuado, vestido o sufrido de una determinada manera para resultar creíble.

«Hace más de cuatrocientos años que Shakespeare escribió sobre un hecho acontecido hace dos mil. Volverá a pasar mañana», lamenta Cordero. Su dramaturgia viaja entre Roma, Shakespeare y el presente. Las actrices cambian de personaje, se convierten en narradoras, interrumpen la acción y miran directamente a los espectadores. La ironía y el humor ofrecen respiros dentro de un relato difícil.

La obra recuerda que los avances legales no siempre caminan al mismo ritmo que la sociedad. Sobreviven preguntas sobre la ropa, el alcohol, la hora o la resistencia de una mujer agredida. Frente a ellas, «El caso Lucrecia» sostiene una certeza: «Ceder no es consentir». Lucrecia regresa así al escenario no como excusa para otra historia, sino como una mujer que merece ser escuchada.

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