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Constantino Bada, nuevo vicario de San Juan el Real: "La inmigración es una invasión, sí, pero de gente que busca una vida mejor"

"El seis de septiembre me despediré de mis fieles de Corvera y vendré a San Juan a trabajar y colaborar, con cercanía, como siempre"

Constantino Bada Prendes, ante la Basílica de San Juan el Real.   | IRMA COLLÍN

Constantino Bada Prendes, ante la Basílica de San Juan el Real. | IRMA COLLÍN

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María José Iglesias

María José Iglesias

Oviedo

Constantino Bada Prendes (San Martín de Cardo, 1961), profesor de Sagrada Escritura y doctor en Teología, tomó los hábitos a los 42 años, tras una exitosa carrera como traductor que lo llevó a viajar por todo el mundo. Hoy, el párroco de Trasona, Solís, Cancienes y Los Campos, en Corvera, a las puertas de asumir su nuevo destino como vicario parroquial en la Basílica de San Juan el Real, repasa con cercanía, humor y profunda fe su trayectoria, su visión de una Iglesia inclusiva y el reto de conectar con la sociedad actual, también a través de las redes sociales. Asume esta nueva etapa con ilusión, esperanza y el firme deseo de servir al Señor y a la Iglesia junto a sus compañeros del equipo de la Unidad Pastoral presidida por el Rector Javier Suárez.

–Vivimos en un mundo convulso en el que crecen las carencias. ¿En qué contribuye hoy una parroquia a paliar tantas necesidades?

–Lo que toda parroquia hace, esencialmente, es ayudar. Y lo hacemos desde ese anclaje fundamental que es la fe en Cristo. El mensaje es el de siempre, el de San Pablo: nada ni nadie nos podrá separar del amor de Dios. La labor de la Iglesia es acompañar a los seres humanos, sin discriminar a nadie. Es cierto que hoy coinciden muchas circunstancias negativas y hay convulsión, pero ni más ni menos que en otros momentos de la historia.

–¿Cómo actúan cuando llegan personas de otras religiones?

–En la Iglesia no miramos la procedencia. He sido párroco rural durante 20 años y en Cáritas siempre atendemos a todos; jamás preguntamos. La Iglesia siempre acoge con mirada de madre y tiene que ser muy inclusiva, también prudente, sabiendo el mundo en el que nos movemos...

–El fenómeno de la inmigración genera muchos debates...

–La inmigración es una invasión, sí, pero no de militares, sino de personas que entran buscando una vida mejor. Todos somos personas, tenemos unos derechos y unas libertades, y debemos tratarnos como hermanos. Yo intento hacer lo que debo con las manos que Dios me dio.

–Ante tanta escasez, parece resonar el mandato evangélico de "dadles vosotros de comer".

–Y a veces ocurre el milagro. En mis parroquias actuales somos gente humilde, pero las colectas son de las más generosas. También se puede evangelizar con una palabra amable. Incluso en los funerales, que son momentos duros, hay que aprovechar para dar un mensaje de cariño y esperanza. En todo momento debemos ser conscientes de nuestra capacidad para ayudar o para herir: diez sonrisas pueden anularse con un solo portazo. La gente a veces no espera grandes discursos, sino una palabra de alegría o consuelo.

–¿Cuándo se incorporará a su nuevo puesto en San Juan el Real?

–El día uno de septiembre recibiré el nombramiento oficial. Me despediré de mis parroquias de la unidad pastoral de Trasona el día seis, coincidiendo con la fiesta de los santinos Justo y Pastor. Cuando el arzobispo me encomendó estas parroquias, lo primero que hice fue ponerme a los pies de los santinos, en lo alto del pueblo de Solís. Allí mismo será la misa de despedida. Mis feligreses están tristes y yo también, pero la verdad es que yo había pedido un cambio. Quiero que el cura que venga a sustituirme se sienta partícipe desde el primer momento; no buscamos una ruptura, sino un cambio natural. Los párrocos tenemos que ayudarnos unos a otros.

–Llega a una plaza importante.

–En San Juan ya he impartido cursos de Biblia, y tendré la gran suerte de trabajar con Javier Suárez, Rector de la Basílica y el resto de miembros de la unidad pastoral. Aplicaré exactamente la misma cercanía de siempre. Pienso que nada ocurre por casualidad. Una homilía hecha con el corazón, respaldada por conocimientos y por los años de experiencia, es otra cosa. He aprendido que la calidad humana no tiene nada que ver con el lugar donde estés. Vengo a trabajar y a colaborar. Somos sacerdotes muy diferentes y cada uno aportará su propio carisma. Don Javier sabe bien por dónde debe ir la parroquia.

–Su vocación fue tardía, se ordenó pasados los 40 años. ¿Cómo vivió todo ese proceso?

–Me ordené a los 42 años. Yo era muy crítico con los curas, pero un día decidí cambiar el 90 por ciento de mi vida por el 10 por ciento restante. ¡Dios me castigó y ahora estoy del otro lado! Estudié Filología y me hice traductor de francés e inglés. Cuando me mandaron a Roma, aprendí italiano. Mi decisión final estuvo marcada por una experiencia muy traumática: la muerte de mi hermana mayor con solo 39 años. Estaba a punto de marcharme a San Francisco, pero le prometí a mi madre que no abandonaría a la familia. Fui a hablar con Gumersindo Álvarez, que era el cura de Bañugues, toda una referencia para mí y a los 35 años le comuniqué mi decisión de ser sacerdote. De los seis que empezamos me ordené yo solo. Luego me mandaron a Roma a hacer Teología Bíblica y viví una experiencia preciosa en Israel. Todo ese bagaje me sirve para poder explicar las cosas.

–Con un pasado lleno de viajes y colaboraciones en medios de comunicación, ¿echa de menos su vida anterior?

–No la echo de menos en absoluto. Me encanta comunicar y me encanta la gente. Por ejemplo, preparo peregrinaciones a Tierra Santa, porque viajar con gente crea un ambiente único; no me gusta viajar solo.

–Es muy activo en las redes sociales. ¿Le han llamado la atención alguna vez desde la diócesis?

–Al contrario, a la diócesis le gusta que seamos activos en las redes. Somos muchos y esa cercanía es muy positiva. Llevo en las redes desde 2011 y mis homilías se repetían en bucle. Yo siempre digo que San Pablo ya tenía internet: para él, internet eran las vías romanas. Él iba exactamente a donde estaba la gente, y yo hago lo mismo.

–Por cierto, ¿qué opina de las valoraciones públicas que suele hacer el arzobispo, Jesús Sanz?

–A mí personalmente me gusta que el arzobispo sea valiente en sus comentarios.

–Es inevitable preguntarle: ¿de dónde le viene ese espíritu tan marcadamente británico?

–Es una mezcla. De toda la vida me ha gustado muchísimo el mundo inglés, e incluso hice algunas incursiones en el turismo rural británico antes de ser cura. Pero es que además soy tataranieto de un marqués y de un conde: de Nicolás de Zamora y Peñalver, que era conde de Peñalver y marqués de Arcos. Tengo primos británicos y soy pariente de Leocadia Zamora y del marqués de Valero de Urría. Como curiosidad, un antiguo párroco de San Juan el Real fue quien acompañó al marqués con su féretro en Madrid. Yo utilizo todo esto como algo divertido. Mi antepasado era un señor muy inteligente.

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