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Delincuencia al alza en un barrio de Oviedo: "Ya hemos avisado del aumento de la sensación de inseguridad"

Crece la preocupación en el vecindario de Ventanielles, La Tenderina Baja y El Rayo-Mercadín ante el goteo constante, cada vez más habitual, de altercados y robos tanto a residentes y en negocios

Vista de la calle Río Narcea, en  Ventanielles.

Vista de la calle Río Narcea, en Ventanielles. / Juan A. Ardura

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El robo a una vecina a plena luz del día en el corazón de Ventanielles el pasado miércoles ha reactivado las alarmas ante un suceso que ya se empieza a repetir como un goteo incesante. Atracos a personas de edad avanzada y robos en negocios, trapicheo y consumo de drogas en algunas de las casas que quedan abandonadas entre los barrios de Ventanielles, la Tenderina Baja, Rayo y Mercadín generan una inquietud creciente, que el vecindario ha hecho llegar a sus alcaldes de barrio.

«Pasamos de vivir en la tranquilidad de un pueblo, donde apenas se oía un ruido, a plantearnos tener que bajar al casco urbano porque ahora por la noche no dormimos, con los perros ladrando por el trajín de coches que hay por la noche y que muchas veces se equivocan con el punto donde van a comprar droga». Es el comentario de uno de los vecinos del Mercadín Bajo, donde el aumento de la sensación de inseguridad vecinal resulta directamente proporcional al incremento de pegatinas de empresas de vigilancia en los exteriores de las casas. Una situación que los vecinos han hecho llegar a los alcaldes de barrio de la zona.

Blanca Fernández es la alcaldesa del barrio de Ventanielles. «Se están produciendo robos en bares, comercios; algún negocio incluso hasta se está pensando tener que cerrar por la presión sobre los clientes habituales. Los vecinos que viven en plantas bajas tienen que tener cerradas las ventanas a cal y canto porque tienen miedo de que les entren», según describe la alcaldesa de barrio, que asegura haber comunicado esta situación en instancias policiales. Un bazar y una cadena de supermercados son de los establecimientos más afectados por el goteo permanente de robos en la zona.

A una vecina de la calle Río Sella le robaron las pulseras que llevaba tras primero entretenerla un joven, que le preguntó por la ubicación de un colegio, y luego rodearla una mujer y un hombre. Los tres se dieron a la fuga en un turismo negro, pequeño. A otra vecina, en este caso en la calle Río Narcea, una mujer le robó una cadena. No todos los robos acaban en denuncia porque «algunas de las víctimas, de avanzada edad, tienen miedo a posibles represalias», asegura una vecina de la zona.

José María Sanjurjo, alcalde de barrio de la Tenderina, también ha hecho acopio de numerosas denuncias de vecinos relacionadas con la percepción de una mayor inseguridad ciudadana, que ha trasladado a las autoridades. Algún vecino le ha hecho llegar que tiene miedo a volver a su casa de noche, en Mercadín Bajo y el Rayo, debido al movimiento que genera un trapicheo de droga que, al parecer, se ha desplazado desde la calle Río Narcea. Este ámbito, más rural, también es escenario de asentamientos de infraviviendas, alguna de ellas al lado de casas donde sus propietarios soportan trifulcas nocturnas, cada vez más habituales. Además, en las casas abandonadas situadas en la parte trasera de la parroquia de San Francisco Javier también es frecuente la presencia de toxicómanos, que las usan para el consumo de drogas, como puede apreciarse a la vista de las numerosas jeringuillas. «Parece que, por desgracia, volvemos a encontrarnos con escenas de los años ochenta», lamenta un vecino.

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