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Las atmósferas corrosivas pasan factura al edificio de la Facultad de Química: la Universidad de Oviedo planea una reforma integral

La Universidad adjudica por 59.000 euros el plan que diagnosticará los daños acumulados en el edificio y fijará las obras necesarias para la gran reforma

La facultad de Química en el campus de El Cristo.

La facultad de Química en el campus de El Cristo. / LNE

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Rosalía Agudín

Rosalía Agudín

Los vapores ácidos y disolventes forman parte del día a día de una de la facultad de Química dedicada a la docencia y la investigación, pero cuatro décadas de exposición continuada han terminado pasando factura al edificio. Las atmósferas corrosivas generadas por la continua actividad han degradado conductos, ventiladores y otros elementos de los sistemas de extracción, mientras que los vertidos han afectado también a las redes de saneamiento. El deterioro acumulado obliga ahora a abordar una renovación integral del inmueble del campus de El Cristo.

La Universidad acaba de adjudicar al estudio valenciano Raizde3, S.L. la redacción del plan director que deberá determinar con precisión el estado en el que se encuentra edificio, establecer qué actuaciones necesita y ordenar en el tiempo las futuras inversiones. Todo por 58.987,50 euros. La empresa dispondrá de 24 semanas, unos seis meses, desde la formalización del contrato para completar un trabajo que será el paso previo a las obras.

La documentación con la que la institución académica justifica el encargo ofrece un diagnóstico especialmente contundente. La Facultad de Química está activa desde finales de los años ochenta y sus instalaciones han sufrido desde entonces un uso intensivo tanto docente como investigador. La Universidad considera que presentan ya una situación de «obsolescencia técnica, funcional y normativa» y recuerda que la vida útil habitual de unas instalaciones de laboratorio se estima entre veinte y veinticinco años, un periodo ampliamente superado en este caso. Uno de los principales problemas está precisamente en las condiciones ambientales generadas por la actividad científica. La presencia constante de vapores ácidos y disolventes en los sistemas de extracción ha ido atacando durante años los conductos, los ventiladores y los elementos terminales. No es el único frente abierto. Las redes originales de evacuación llevan también más de cuarenta años expuestas al ataque químico y presentan, según señala la Universidad, «riesgos elevados de fugas y contaminación».

El desgaste alcanza además al equipamiento utilizado directamente por profesores, investigadores y estudiantes. El mobiliario de laboratorio y las vitrinas de gases han soportado el paso de generaciones de alumnos y han ido perdiendo prestaciones de estanqueidad y seguridad operativa. La combinación de estos problemas ha llevado a la Universidad a descartar actuaciones aisladas y optar primero por una evaluación global que permita decidir cómo renovar el conjunto.

Ese diagnóstico será precisamente el primer cometido de Raizde3, la única empresa que concurrió a la licitación. Su trabajo se dividirá en tres fases. Durante las primeras ocho semanas deberá levantar y actualizar los planos del inmueble y realizar una auditoría de las instalaciones, además de localizar patologías y elaborar un mapa de residuos que incluirá específicamente la presencia de amianto. También tendrá que definir las necesidades funcionales del centro.

El segundo hito llegará en el cuarto mes. Para entonces deberá estar preparado un primer borrador del plan director con una propuesta de zonificación y distribución, la estrategia para renovar las instalaciones y mejorar la eficiencia energética y una cuestión especialmente delicada: determinar cómo podrán ejecutarse las futuras obras manteniendo la Facultad de Química en funcionamiento. La entrega definitiva llegará al cumplirse las 24 semanas. Será entonces cuando se conocerá la valoración económica de la reforma.

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