Así viven el tenis los recogepelotas del torneo internacional que se está celebrando en Oviedo: "Aprendemos mucho del juego, de los valores y de la disciplina"
Los 32 jovenes voluntarios que colaboran en la competición que se celebra en las instalaciones de la calle General Zuvillaga disfrutan a diario viendo de cerca a sus ídolos: "Sólo por eso ya merece la pena estar aquí"

Los recogepelotas que colaboran este año de forma voluntaria durante la Copa Real Club de Tenis de Oviedo. / Irma Collín
A ellos también les toca aprender a controlar los nervios cuando comienza el partido, solo que no llevan raqueta ni se juegan puntos ganadores. Blanca Somolinos y Lucas Vigil tienen diez años y este verano se estrenan como recogepelotas en la Copa Real Club de Tenis de Oviedo, una cita con participación internacional que este año celebra su 91 cumpleaños y que está integrada en el ITF World Tennis Tour.
Desde el rincón de la pista de estos niños que sueñan con ser tenistas, el juego se ve de otra manera. La pelota corre más, los jugadores a los que admiran impresionan el doble y es necesario aprender rápido una regla básica: deben conseguir estar atentos a todo y, al mismo tiempo, procurar que nadie note que están. «Hay que procurar estar en silencio, ayudar a los jugadores en todo lo que podamos y no cometer errores», dice Blanca de carrerilla.
Los 32 recogepelotas que participan en el torneo que se está celebrando en el Real Club de Tenis de Oviedo –que ofrece 30.000 euros en premios y 25 puntos ATP para el ganador– se pasan el día en las pistas de forma voluntaria, sin más incentivo que tener muy cerca a algunos de sus referentes. Mientras los espectadores siguen desde fuera los reveses ganadores, los saques o los errores, los recogepelotas observan lo que ocurre a apenas unos metros: los gestos, las protestas, las manías y hasta el ruido con el que algunos tenistas descargan la fuerza al golpear la bola.
«Sólo por eso ya merece la pena estar aquí. Podemos convivir con jugadores profesionales, aprender mucho de ellos y conocerlos profesionalmente», explica Álvaro León, que lleva siete años jugando al tenis y es un apasionado de este deporte. «También aprendemos mucho de los valores y la disciplina que tienen los profesionales», apunta a su lado Alfredo Prieto, que tiene trece años y lleva practicando el deporte de la raqueta desde que tenía cuatro.
Los niños aprenden rápido, muy rápido. Cuando se les pregunta cuál es el truco para ser un buen recogepelotas, la respuesta pasa por «estar muy concentrado, procurar que no se te caigan las pelotas para no interferir en el juego y correr mucho» cuando toca estar en la red, para que el partido sea lo más ágil posible, señala Antonio Coro, que ya es veterano y este año ha sido elegido para llevar el marcador digital.
Luego, todos los compañeros que lo rodean empiezan a hablar a la vez. Que si en cada partido hay cinco recogepelotas, que si hay que enseñarles las manos vacías a los tenistas cuando no se dispone de ninguna pelota, que de vez en cuando «hay alguno que la lía sin querer»... Alguno, de vez en cuando, también se lleva un pelotazo. «A mí el otro día en el brazo», cuenta una de las más pequeñas en medio del revuelo.
Con los días también se aprende a distinguir caracteres entre los participantes. Hay jugadores «cascarrabias y maniáticos» y otros que «son muy pacientes» y están muy pendientes de ellos. «Ninguno nos trata mal, es obvio, pero cada uno tenemos a nuestro favorito», recalca Alfredo Prieto. Los árbitros, con los que también se relacionan antes y durante los partidos, «son todos majísimos».
Un grupo de amigos
Entre todos forman una pequeña tropa de amigos –la mayoría forman parte del Real Club de Tenis de Oviedo, aunque también los hay de otros clubes– distribuida en cinco grupos para cubrir los partidos que se juegan durante todo el día en tres de las pistas del complejo de la capital asturiana. Comen por turnos en las instalaciones para estar siempre disponibles y, a la vez, fortalecen los lazos que los unen. «Aquí nos lo pasamos muy bien y hacemos muchos amigos. A veces pasamos un poco de calor, pero a mí me gusta más estar aquí que en la playa», dice Antonio Coro.
Los recogepelotas no suelen pasar de los dieciséis años. Algunos de los mayores ya han superado la edad habitual y han dejado paso a nuevos integrantes. Es el relevo natural de una tradición que el director del torneo, Ángel Prieto, considera parte de la identidad de la competición. Los recogepelotas están presentes desde el primer partido, algo que agradecen especialmente los jugadores y que no es habitual en este tipo de torneos. «Es como un Wimbledon pequeñín», resume Prieto.
Y la historia demuestra que conviene mirar con atención a esos niños de las esquinas. Galo Blanco, uno de los tenistas asturianos más destacados de la historia, también estuvo ahí cuando era un niño.
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